Liébana tiene tanta conexión con su patrona, la Virgen de la Luz, que incluso en la zona se toman la confianza de llamarla La Santuca. « … Esta devoción a la imagen me fue transmitida por mis abuelos de Frama y mi abuela de Cambarco, así como por mis padres. Desde que nací la he acompañado en la procesión», reconocía Noemí Briz, de 45 años, que en su momento fue presidenta de la hermandad y actualmente es la mayordoma de la Virgen. Como no podía ser de otra manera, ella ha sido una de los cientos de devotos que han acompañado durante este sábado a la patrona en su peregrinar por los pueblos de la comarca. Pocos han faltado a la cita pese al mal tiempo y aún tratándose de una de las romerías más largas de España, con sus 28 kilómetros de recorrido cargando con la imagen.

El punto de partida ha sido la celebración a las siete de la mañana de una misa en la iglesia parroquial de Aniezo, llena de fieles, a cargo de su párroco, Elías Hoyal. De ahí ha arrancado el traslado en andas procesionales de la pequeña imagen de alabastro hasta el monasterio de Santo Toribio, donde ha tenido lugar una misa solemne oficiada por Arturo Ros, obispo de Santander, y a la que ha asistido la presidenta de Cantabria, María José Sáenz de Buruaga. Junto a ella, también han estado Isabel Urrutia, consejera de Presidencia, además de otras autoridades regionales y locales, así como cientos de devotos.

Lebaniegos de todas las edades han acompañado a su patrona. Llevándola, trasladando los pendones, cirios, estandarte y cruces procesionales o rezando y cantando en su honor durante el largo recorrido que atraviesa localidades como Cambarco, Frama, Ojedo y Potes. Además, siguiendo el ritual, los alcaldes de Cabezón de Liébana, Cillorigo de Liébana y Potes (Jesús Fuentes, Jesús María Cuevas y Francisco Javier Gómez, respectivamente) han chocado sus bastones al pasar la procesión por su municipio.

Por la tarde, la imagen, después de ser llevada desde Santo Toribio de nuevo en andas, hasta la iglesia parroquial de Potes, vuelve a la iglesia de Aniezo, donde llegará antes del oscurecer. El próximo lunes, regresará de nuevo trasladada en andas, a su santuario, al pie de Peña Sagra.

Para la mayordoma actual de la Virgen, que es natural de Cambarco, «esta tradición y devoción se siente en lo más profundo de cada uno. He aprendido a quererla, a rezarla y espero poder inculcárselo a mi hija». El sentimiento de Noemí Briz lo comparten otros como José Francisco Sánchez, nacido en Ojedo, de 68 años, que también habla de que es una devoción inculcada por su familia. En especial, se emociona al recordar a su padre, «que incluso ciego, llevaba en andas a La Santuca», así como a su mujer, ya fallecida, «que siempre me acompañó en la procesión». Ahora, la devoción se la ha inculcado a sus hijos y nietos. «Les ofrecí a la Virgen y les llevé ante ella antes de que cumpliesen un año».

Sabina Cuevas, de Esanos, siente esta devoción desde niña «cuando mi madre me llevó desde Bedoya hasta su santuario». Rememora que en casa «cada noche rezábamos el rosario con una imagen de la Virgen siempre presente». Por ello, confesaba, «me emociona ver a tanta gente de todas las edades y, sobre todo, tantas mujeres cogiendo las andas».