93 – CLASS BASQUET SANT ANTONI: Kai Johnson (10), Daniel De la Rua (7), Rodrigo Gómez (10), Emil Stoilov (14), Santi Paz (5) –cinco inicial–, Greg Gantt (14), Gerard Blat (9), Lovre Tvrdic (7), Javier Rodríguez (0), Nikola Zizic (12) y Jeffrey Solarin (5).

61 – CÁCERES PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD: Álvaro Palazuelos (3), Wildens Leveque (8), Álex Mazaira (10), Matteo Strikker (4), Albert Lafuente (20) –cinco inicial–, Patrick Lima (6), Pol Campeny (0), Lance Amir Paul (3) y Erikas Kalinicenko (7).

MARCADOR POR CUARTOS: 22-13, 51-36 (descanso), 72-48 y 93–61 (final).

ÁRBITROS: Gómez Hernández y Rijo Muñoz. Sin eliminados.

INCIDENCIAS: Partido de vuelta de la primera eliminatoria de ascenso disputada en el pabellón Sa Pedrera.

La expedición del Cáceres Patrimonio de la Humanidad viajó a Ibiza con la maleta cargada de esperanza, pero regresó de las Baleares con una certeza dolorosa: la remontada nunca estuvo cerca (93-61). El equipo de Jacinto Carbajal necesitaba una noche grande en Sa Pedrera para levantar los doce puntos encajados en el Multiusos (72-84), pero se encontró con un Sant Antoni superior de principio a fin, más firme, más intenso y mucho más certero. Lo que debía ser una batalla de poder a poder por seguir soñando con la Primera FEB acabó convertido en una eliminación sin discusión.

El Cáceres no solo perdió el partido. Perdió también el pulso emocional de una eliminatoria que exigía paciencia, fortaleza y un punto de osadía. Nada de eso apareció con continuidad. El conjunto verdinegro, tan capaz esta temporada de levantarse de golpes durísimos, no encontró esta vez el modo de rebelarse contra su destino. Quedó fuera del playoff en octavos de final y lo hizo con una actuación demasiado frágil para el tamaño de la cita. Albert Lafuente, autor de 20 puntos, fue el mejor de los cacereños y casi el único argumento ofensivo sostenido de un equipo que nunca logró reconocerse.

El inicio del encuentro fue un anticipo de la pesadilla. El Sant Antoni abrió la noche con un 7-0 que golpeó de lleno la moral visitante y encendió todavía más a una grada entregada. El Cáceres tardó demasiado en entrar en partido, atenazado por la presión, incómodo en cada posesión y sin la claridad necesaria para atacar una defensa local muy agresiva. Lafuente rompió la sequía con una acción individual, pero aquello fue apenas un alivio momentáneo. La sensación general era otra: el Sant Antoni jugaba con una marcha más y el Cáceres empezaba a caminar por la cuerda floja demasiado pronto.

Una sangría imparable

La desventaja se fue rápidamente a los diez puntos, un castigo que obligó al banquillo visitante a parar el partido en busca de soluciones. Pero el problema no era solo táctico. Era de energía, de confianza y de presencia. El Cáceres necesitaba imponer dudas al rival, trasladarle la presión de una eliminatoria todavía abierta, hacerle pensar en los doce puntos de renta de la ida. Sucedió justo lo contrario. El Sant Antoni jugó liberado, con la determinación de quien no quería administrar nada, sino rematar el trabajo cuanto antes.

Hubo intentos aislados de reacción. Un triple de Mazaira, el empuje de Kalinicenko y algunos minutos de Strikker sostuvieron al Cáceres al final del primer cuarto, pero la impresión seguía siendo preocupante. Cada pequeño avance verdinegro encontraba una respuesta inmediata del conjunto ibicenco. Cuando el Cáceres anotaba, no conseguía defender. Cuando defendía una acción, no lograba correr. Y cuando parecía encontrar una mínima continuidad, aparecía un triple local para devolverlo al punto de partida.

El segundo cuarto terminó de desnudar las carencias visitantes. El intercambio de canastas pudo sugerir por momentos que el Cáceres empezaba a sentirse más cómodo en ataque, pero la realidad era mucho más cruda: atrás concedía demasiado. El Sant Antoni encontró tiros liberados, castigó los errores en transición y fue agrandando una ventaja que ya empezaba a tener aspecto definitivo. El 51-36 al descanso dejaba al Cáceres en una situación límite. Para remontar la eliminatoria ya no bastaba con mejorar. Hacía falta una sacudida completa.

Peor tras el descanso

No llegó. Si el paso por vestuarios debía servir para ajustar piezas, el tercer cuarto confirmó que el Sant Antoni tenía la llave del partido y de la eliminatoria. Los triples de Gómez y De la Rúa actuaron como estocadas directas a cualquier posibilidad de reacción. El Cáceres necesitaba un parcial que alterara el ánimo del pabellón y encontró exactamente lo contrario: un rival cada vez más suelto, cada vez más convencido y cada vez más lejos en el marcador.

La brecha se disparó hasta el 72-48 y ahí se acabó cualquier discusión. La eliminatoria quedó vista para sentencia mucho antes del último bocinazo. El Cáceres, que había llegado a Ibiza apelando a sus precedentes de supervivencia, no encontró esta vez ni la inspiración de Córdoba, ni la emoción de la victoria dedicada a Chipi, ni la fe de Toledo. Aquellas imágenes que habían alimentado la esperanza durante la semana quedaron sepultadas por una noche áspera, de impotencia creciente, en la que el equipo nunca fue capaz de someter al Sant Antoni ni de instalarle el miedo en el cuerpo.

El último cuarto fue una larga espera hacia el desenlace. Con el billete de la siguiente ronda ya en manos del conjunto balear, el partido quedó reducido al orgullo. El Sant Antoni aprovechó el escenario para darse un festín ante su afición, celebrando cada canasta como la confirmación de una superioridad evidente. El Cáceres, en cambio, se fue apagando entre pérdidas, malas selecciones de tiro y una defensa incapaz de contener el ritmo local.

La eliminación deja un final amargo para una temporada que había conseguido cambiar de relato con el paso de los meses. Al Cáceres le costó mucho enganchar a su gente, pero terminó haciéndolo con una segunda vuelta de carácter, victorias de peso y momentos de fuerte carga emocional. Precisamente por eso duele más una despedida así. Porque el equipo había demostrado capacidad para levantarse de escenarios muy comprometidos, pero en Ibiza no tuvo respuesta.