La guerra en Irán ha sacudido los mercados y sembrado incertidumbre sobre el suministro energético mundial desde marzo, pero no ha frenado la carrera por el liderazgo en la inteligencia artificial. Anthropic acaba de anunciar una de las mayores inversiones de los tres años de auge de la IA: un compromiso de 100.000 millones de dólares a diez años en centros de datos de Amazon. Menos de 24 horas después, SpaceX —la empresa espacial de Elon Musk reconvertida desde febrero en conglomerado tecnológico— compró una desarrolladora de IA por 60.000 millones. OpenAI tampoco se queda atrás. A principios de abril, en plenos bombardeos en el Golfo, cerró una ronda de financiación en la que recaudó 122.000 millones de dólares, una cifra sin precedentes en la historia del sector.

“Estamos en el tercer año del superciclo de IA con múltiples ganadores”, declara Jefferies en un informe publicado este mes sobre las desarrolladoras de esta tecnología. OpenAI ha multiplicado por cinco sus ingresos anualizados en el último año, hasta los 28.000 millones de dólares según sus estimaciones de finales de marzo. Anthropic, que partía de un umbral más bajo hasta que lanzó en enero pasado nuevos planes de su modelo de IA, Claude, orientados a tareas prácticas como la contabilidad y la programación, ha logrado una facturación anualizada de 30.000 millones de dólares y ya supera a su rival, según datos de abril.

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El crecimiento atrae a los inversores. Por eso las tres compañías citadas aceleran sus planes de salida a Bolsa, mediante una oferta pública de venta (OPV), antes de que el ciclo se enfríe con las dudas crecientes en los últimos meses sobre la rentabilidad que generarán tales inversiones multimillonarias. De hecho, ningún modelo de lenguaje ha demostrado aún generar beneficios reales ante el coste descomunal de sus infraestructuras. “La siguiente fase de la inversión en IA recompensará cada vez más la ejecución y la rentabilidad, no solo la exposición a la temática”, confía UBS en un informe de esta semana.

OpenAI y Anthropic ya operan en valoraciones propias de los grandes grupos tecnológicos, según sus últimas rondas de financiación. La creadora de ChatGPT se sitúa en torno a los 850.000 millones de dólares, mientras que la responsable de Claude ronda los 355.000 millones, aunque ya prepara una nueva ronda que aspira a elevar su valoración hasta los 900.000 millones, según reveló Bloomberg este jueves. SpaceX, a su vez, alcanza los 1,25 billones tras la fusión de febrero.

Con estas valoraciones, estas empresas se situarían ya entre las 20 mayores cotizadas del mundo, pero sus ambiciones van más allá. Según documentos preliminares y fuentes internas citadas por la prensa estadounidense, las tres aspiran a debutar por encima del billón de dólares, ya a partir de la segunda mitad de este año.

“Cuando una empresa sale a Bolsa con una valoración tan grande, la operación es mucho menos vulnerable a la volatilidad de mercado en el corto plazo”, señala Francisco Quintana, director de estrategia de inversión de ING, en declaraciones a este diario. SpaceX, la única que ha registrado oficialmente su solicitud de OPV ante el regulador estadounidense, aspira a un valor de mercado de dos billones en su debut y así se situaría como la sexta mayor cotizada del mundo, por encima de dos de los siete magníficos: Meta y Tesla, otra empresa de Musk.

Lejos de los bombardeos y los petroleros atrapados en el Golfo, el principal riesgo para el debut bursátil de las grandes compañías de IA se encuentra en los tribunales estadounidenses. En particular, destacan las demandas por derechos de autor. Para entrenar sus modelos, estas compañías han utilizado millones de libros, canciones y obras audiovisuales sin autorización, y luego han sido objeto de múltiples procesos judiciales.

“OpenAI afronta el panorama legal más complejo antes de su salida a Bolsa, mientras que SpaceX presenta el más limpio”, estiman desde el servicio de Inteligencia de Bloomberg en un informe de principios de abril. Según ello, OpenAI acumula más de una docena de litigios abiertos, mientras que Anthropic se enfrenta a tan solo una demanda de sellos musicales por la reproducción de letras de canciones, tras haber cerrado un acuerdo de 1.500 millones de dólares con autores y editores de libros, el mayor pacto por infracción de derechos de autor en la historia de EE UU. SpaceX, en cambio, no tiene ninguna demanda relevante de este tipo.

A las demandas por derechos de autor se suma un litigio que involucra no solo cuestiones empresariales, sino también conflictos personales. Esta misma semana ha comenzado el juicio oral de la demanda de Elon Musk por fraude a Sam Altman, fundador y consejero delegado de OpenAI, al que acusa de haberle engañado para que donara millones cuando la compañía se creó hace una década como entidad sin ánimo de lucro (Musk fue, de hecho, uno de sus cofundadores).

El hombre más rico del mundo, que declaró ante el juez haber sido “un idiota por financiarles”, reclama que OpenAI, convertida en empresa en octubre pasado, vuelva a ser una entidad sin ánimo de lucro, lo que le impediría salir a Bolsa. El servicio de Inteligencia de Bloomberg otorga a Musk un 60% de probabilidades de ganar en primera instancia, aunque advierte de que una victoria no supondría necesariamente el fin de OpenAI como empresa lucrativa. Además, la sentencia sería vulnerable en apelación y el proceso podría alargarse hasta 2027.

¿Se puede sacar provecho?

Invertir en una OPV no solo es más arriesgado, sino también más complejo y, en muchos casos, inaccesible para el pequeño inversor. Cuando una empresa pone acciones a la venta por primera vez, lo hace a través de bancos intermediarios con los potenciales compradores y que, por lo general, solo invitan a inversores institucionales, como otros bancos o gestoras de fondos. En España no se ha visto una OPV con un tramo dirigido a inversores minoristas desde la salida de Aena en 2015.

Nada apunta a un tramo minorista en las salidas a Bolsa de la IA, y tampoco para extranjeros. Según Reuters, SpaceX habría rechazado la participación de conocidas plataformas de inversión para particulares como Robinhood y SoFi en su OPV. Por tanto, el inversor minorista interesado en estas campeonas de la IA tendrá que esperar al toque de campana el primer día de cotización, con el riesgo de entrar en plena volatilidad y a precios ya tensionados, advierten los expertos. “En general, los precios para el inversor minorista tras la salida a Bolsa suelen ser excesivos. Es más habitual perder dinero al entrar poco después de una OPV que lo contrario”, señala Quintana, de ING. “Conviene tener en cuenta los riesgos de entrar el primer día en compañías con valoraciones exigentes y luego un margen de error mínimo”, añade Javier Molina, de eToro.

Como recomienda Victor Alvargonzález, director de estrategia de la firma de asesoramiento financiero Nextep, una forma de protegerse de esa volatilidad sin renunciar a estas salidas a Bolsa es invertir a través de fondos cotizados (ETF), que replican índices o sectores y se compran y venden como acciones. Un producto popular en los últimos años tanto entre inversores minoristas como institucionales.

“Con un ETF puedes participar, desde una inversión muy pequeña, en todas estas empresas sin tener que elegir la más exitosa”, explica Alvargonzález. Otra alternativa, apunta, es invertir en las grandes tecnológicas cotizadas que ya tienen participaciones relevantes en OpenAI, Anthropic o SpaceX (ningún analista espera que estas OPV supongan sacar a Bolsa más que una pequeña parte de su capital).

Alphabet, matriz de Google, cuenta con participaciones en Anthropic y SpaceX. Amazon invierte en Anthropic, con la que acaba de anunciar el acuerdo de 100.000 millones de dólares, y mantiene vínculos con OpenAI, cuyo principal socio es Microsoft. La empresa de Bill Gates además aporta la infraestructura en la nube de ChatGPT, mientras el fabricante Nvidia suministra chips a las desarrolladoras y también invierte en ellas. Un entramado de participaciones cruzadas, en parte apoyado en deuda, donde se concentra uno de los principales focos de riesgo de una posible burbuja.

“El volumen de inversión asociado a la IA —principalmente en centros de datos— y el aumento del endeudamiento de muchas compañías tecnológicas están alcanzando niveles sin precedentes. Esto sugiere que el riesgo reside no tanto en los precios de mercado como en los niveles de apalancamiento y en la sostenibilidad de determinadas inversiones”, advierte Iván Díez, responsable de Iberia y Latinoamérica de la gestora La Financière de l’Échiquier. Desde Citi, por su parte, describen a OpenAI como un lastre (para las actuales cotizadas) ante los vencimientos de sus primeras deudas, previstos a partir del segundo semestre de este año.

Otro riesgo que no hay que perder de vista es el hecho de que aunque por ahora las desarrolladoras de IA son empresas privadas y solo divulgan cifras selectivas, como ingresos o previsiones, una eventual salida a Bolsa las obliga a publicar resultados completos y periódicos, incluidos balances y niveles de endeudamiento, lo que intensificaría las dudas sobre su rentabilidad. Anthropic es la única que ha fijado una fecha para alcanzar el equilibrio financiero: a partir de 2028, según sus previsiones. Sin embargo, algunos analistas, como Jefferies, cuestionan su viabilidad por los elevados costes de procesamiento y computación necesarios para desarrollar su IA. Los 100.000 millones de esta semana impresionan pero no bastan. Una vez cotizando en Bolsa, el mercado puede ser implacable.