En cuestión de meses Disney, Netflix y Apple han dicho adiós a sus líderes históricos. El cambio no ha pillado a nadie por sorpresa. Eran todos ejecutivos con una larga trayectoria al frente de sus respectivas compañías y el relevo era necesario. Pero sin duda el momento es particularmente relevante porque el sector no tiene nada que ver con el de hace 20 años. La industria del entretenimiento afronta importantes retos tecnológicos y culturales. Un nuevo tipo de liderazgo para sortearlo parece necesario, con competencias que exceden a la mera gestión ejecutiva. 

En lo que llevamos de 2026 tres grandes compañías vinculadas al entretenimiento (Disney, Netflix y Apple) han formalizado la sucesión de sus máximos responsables. En marzo Josh D’Amaro tomó las riendas de Disney, sustituyendo a un Bob Iger que ha gobernado la compañía a lo largo de dos décadas y en dos etapas. Tan solo un mes después se confirmaba la salida definitiva de Reed Hastings del consejo de Netflix, que abandona la compañía para dedicarse a proyectos personales. Con ello se completa el traspaso a los co-CEOs, Ted Sarandos y Greg Peters, que se había iniciado casi tres años antes. El último en anunciar su salida ha sido Tim Cook, que dejará el dejará el cargo en septiembre en favor de John Ternus, el máximo responsable de hardware de Apple.

Los tres sucesores tienen perfiles muy diferentes y su selección se ha planificado al milímetro, buscando alinear a la persona seleccionada con los objetivos inmediatos de cada compañía. Disney ha apostado por un veterano con mucha experiencia en una división clave (las experiencias físicas) no por un ejecutivo de Hollywood ni por un experto en streaming. Netflix ha institucionalizado el co-liderazgo, dividiendo las responsabilidades entre lo creativo (Sarandos) y el negocio (Peters). Y Apple ha elegido a un ingeniero de hardware en el momento en que su estrategia de IA necesita ser revisada con urgencia.

Todos ellos son trabajadores históricos de la compañía, una condición que se ha puesto al servicio de objetivos diferentes. En Disney se ha buscado preservar la estabilidad en la cultura empresarial (D’Amaro está resultados ser bastante más conservador que Iger).  Netflix ha apostado por la continuidad en los valores corporativos fundacionales. Y en Apple la clave estaba en la solvencia tecnológica. Que se haya optado por la continuidad y no por un fichaje externo con vocación de dar un giro de timón lanza un mensaje poderoso. El nuevo liderazgo necesita entender el ADN de cada compañía para que la transición sea rápida, pero también para saber distinguir entre lo que hay que preservar y lo que hay que cambiar.  

Los retos inmediatos

La IA es uno de los retos más urgentes que cada uno de los nuevos CEOs tiene sobre la mesa, aunque desde posiciones diferentes.

John Ternus (Apple), el ingeniero que lleva 25 años diseñando hardware en Apple, hereda una compañía para la que la IA se ha convertido en su talón de Aquiles. Siri está a la cola de sus competidores hasta el punto de que ha tenido que recurrir a un acuerdo con Google Gemini para reforzar sus funcionalidades más básicas. Ternus deberá decidir (y rápido) dónde conviene invertir para desarrollar un modelo propio y dónde tiene más sentido licenciar si no quiere dar la batalla por perdida.

En Disney el enfoque es diferente pero igual de urgente. La IA ya se ha integrado en su pipeline de animación y efectos visuales. D’Amaro viene de los parques temáticos, en donde la relación entre la generación de datos del usuario y el momento en que la experimenta es más directa. Tras abandonar el acuerdo con OpenAI esta podría ser una de sus principales vías de desarrollo.  

En Netflix la IA es, desde hace tiempo, una herramienta de retención y personalización. Con la reciente adquisición de InterPositive, la empresa de inteligencia artificial de Ben Affleck, Sarandos y Peters han dejado claro que quieren IA también del lado de la producción creativa.

La consolidación empresarial es otro de los retos con los que tendrá que lidiar esta nueva generación de CEOs. Navegar en esta nueva estructura del sistema audiovisual requerirá visión estratégica y músculo financiero para afrontar operaciones similares. Si el acuerdo WBD y Paramount sale adelante, D’Amaro y Ternus volverán a ser el centro de muchas especulaciones por una operación que durante mucho tiempo se ha dado por segura: la compra de Disney por parte de Apple. Esto pone en valor a un tipo de CEO capaz de aunar la mentalidad de un ejecutivo, la diplomacia de un político y el carisma de una figura pública.

La economía del creador es otra de las palancas de transformación de Hollywood que, sin duda, los CEOs necesitarán tender en cuenta. Los creadores de contenido ya no son meros influencers. Son empresas con una marca propia, comunidades leales y modelos de negocio autónomos. Más aún: las marcas están priorizando relaciones continuadas con creadores porque generan más engagement y ROI. Ninguno de estos CEOs debería ignorar una preferencia de mercado tan clara, aunque suponga construir estructuras contractuales que, hasta ahora, no han existido en la industria tradicional.

Los fichajes al frente de tres grandes compañías de entretenimiento confirman que el liderazgo en este ámbito requiere una cuidada combinación de competencias clásicas y nuevas (como cierta alfabetización tecnológica, perspectiva más allá de los canales tradicionales y habilidad política para navegar en un mar de consolidación empresarial y alianzas estratégicas). Todavía es pronto para evaluar el desempeño en sus funciones recién adquiridas, pero sin duda su rendimiento se medirá más por su capacidad para hacer frente a lo que está por venir que en si son capaces de estar a la altura de sus predecesores.