Confiesa que no tenía un telescopio cuando era pequeña, pero que, desde siempre, el universo le ha impresionado, sobre todo por lo inabarcable y los secretos que todavía quedan por descubrir sobre él. Así que, tenía claro a qué se quería dedicar desde pequeña.

Fue en la Universidad de Glasgow, en Escocia, donde estudió Física y Astronomía durante cinco años, centro en el que realizó un máster que combinaba también estos dos estudios. Después, se trasladó a Inglaterra para continuar su formación con el doctorado en Cambridge, especializándose en Cosmología. «Lo que hacemos es estudiar el universo a gran escala, cómo ha evolucionado desde el Big Bang, que es la teoría que explica nuestro modelo cosmológico estándar y el universo que habitamos», resume esta zamorana, centrada en su investigación de la materia oscura.

Lo que no se puede ver

«El universo está compuesto por la materia que nosotros podemos ver, que la conforman los átomos. Todo eso se denomina materia bariónica, luminosa y que interacciona con la gravedad», explica.

Pero, en realidad, solo se puede ver el 5% del universo, donde también se encuentra esa materia oscura, «que no se puede ver», y que atrajo desde el primer momento a Olga. «Cuando miras al cielo, ves las estrellas y galaxias más cercanas, pero yo siempre tenía la curiosidad de qué estaba mirando que no podía ver», recuerda.

Olga García, junto al Instituto de Astronomía de la Universidad de Cambridge, donde realiza su doctorado. | CEDIDA

Olga García, junto al Instituto de Astronomía de la Universidad de Cambridge, donde realiza su doctorado. | CEDIDA

Y en esa parte del universo se centra su investigación de doctorado. El poder estudiar algo que no se puede ver se logra «a través de las cosas que sí podemos observar, ellas nos dan las pistas», asegura.

En su día a día, esas pistas las encuentra en objetos que están a más de doce billones de años luz, muy luminosos, llamados cuásares, absorbidos por el denominado bosque Lyman Alfa, una especie de mapa de nubes de hidrógeno. «Lo que hacemos con los datos que nos llegan de esas interacciones es compararlos con espectros o señales artificiales que nosotros creamos mediante simulaciones. Cotejamos esa señal observacional con otra creada por ordenador y, en esas simulaciones numéricas, tú puedes asumir que la materia oscura tiene unas propiedades u otras», resume sobre un trabajo ingente en el que ya lleva inmersa tres años, pero que le sigue fascinando.

Las propiedades de la materia oscura

«Ahora mismo, el problema que existe con la materia oscura, la razón por la que es tan interesante, es que no conocemos ninguna partícula que cumpla con sus propiedades fundamentales, es decir, que es fría, moviéndose a velocidades mucho más lenta que la luz, sin interactuar con las ondas electromagnéticas, ni emitir o absorbe luz, y siendo estable, porque sabemos que ha estado ahí desde el principio», enumera.

Así que, su trabajo actual se ha decantado por estipular que la materia oscura pueda ser caliente y en esa premisa está investigando.

Una de las jornadas nocturnas de observación. | CEDIDA

Una de las jornadas nocturnas de observación. / Cedida

Por supuesto, no está sola en este trabajo, sino que forma parte de un grupo de investigadores de Cambridge que, además, colaboran con universidades en Reino Unido, como Nottingham o Edimburgo, además de otros centros en Alemania o La India.

«Cada uno estudia algo diferente, pero todos utilizamos grandes simulaciones en supercomputadoras, que tienes que solicitar para utilizar unidades de procesamiento, porque estas simulaciones son muy costosas y necesitan mucha capacidad computacional. Todo ello lo comparamos con datos de telescopia, que también hay que gestionar para que te otorguen un periodo de observación«, explica.

Más datos

En su caso, las cifras con las que está trabajando se recogieron en 2019. «Ahora mismo estamos intentando acceder a más datos para utilizar espectógrafos que hay en grandes telescopios, como en Chile«, pone de ejemplo.

Solo le resta un año de doctorado en Cambridge, pero tiene claro que su camino continuará por el mundo de la investigación. «Me interesa mucho la física teórica y cómo unirla a la cosmología, preguntar qué estamos observando, cuánto de lejos podremos ver, cuál es ese horizonte cosmológico«, señala.

Un mundo que le apasiona desde pequeña, pero no el propio universo, sino las ideas abstractas que giran alrededor de él, como su extensión y su expansión. «Yo no me imagino haciendo otra cosa, es como poder saciar tu curiosidad constante por saber en una profesión en la que, además, sigues aprendiendo», sonríe.

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