Los alemanes no pueden escapar de su pasado. Pero la invasión de Ucrania, el resurgimiento de la amenaza rusa y la imprevisible política estadounidense hacia Europa y la OTAN han impulsado el rearme de una nación tradicionalmente reticente a ocupar un papel de liderazgo militar debido a su propia historia y que ahora ve necesario enfrentarse a sus fantasmas y contar con un ejército fuerte.

El ministro de Defensa, Boris Pistorius, tiene un objetivo claro: contar con el ejército más fuerte de Europa en el futuro. Para ello, el Gobierno planea elevar el gasto en defensa hasta los 179.900 millones de euros en 2030 para modernizar todo el equipamiento que había quedado obsoleto desde el fin de la Guerra Fría y la reunificación alemana en 1990, así como para aumentar el número de soldados en activo hasta los 260.000 para 2035, desde los 185.000 actuales.

Alemania ha vivido dos momentos recientes decisivos para este giro radical: la invasión rusa de Ucrania, que llevó al entonces canciller, Olaf Scholz, a proclamar la Zeitenwende, un cambio de era, en 2022, y la decisión del actual jefe del Gobierno, Friedrich Merz, de levantar el freno a la deuda para aumentar el gasto militar. Pero, ¿cómo aceptar este cambio de dirección en un país que desencadenó la II Guerra Mundial y fue responsable del Holocausto?

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“Ninguno de nosotros puede escapar de su historia. España no puede escapar de la Guerra Civil y los alemanes, de la II Guerra Mundial”, explica Sönke Neitzel, profesor de historia militar de la Universidad de Potsdam, sobre el papel que ocupa la memoria histórica en la visión actual que sus conciudadanos tienen del ejército, la Bundeswehr.

“Los alemanes son muy indecisos a la hora de actuar y, en las misiones de intervención siempre han dejado que los estadounidenses, los franceses y los británicos tomaran la iniciativa”, comenta Neitzel. Recuerda, por ejemplo, que al inicio del conflicto en Ucrania, Alemania solo envió material: 5.000 cascos. “Ahora los alemanes están muy comprometidos, pero eso ha llevado su tiempo”.

La II Guerra Mundial sigue desempeñando “un papel importante” en el debate, recuerda Neitzel. Berlín es ahora el principal aliado de Kiev, no solo económicamente sino también en lo puramente militar. La ayuda incluye suministros de equipamiento y armamento procedentes de los arsenales de la Bundeswehr, entre los que se encuentran vehículos de defensa antiaérea, de artillería y de combate, transportes blindados, armas y munición.

Las Fuerzas Armadas alemanas están hoy en su máximo histórico de aprobación en las encuestas. “El verdadero problema era la política, que no quería responder de manera clara a la pregunta de para qué sirven”, dice Neitzel. Las misiones del ejército siempre han sido vistas con escepticismo. “La guerra de Ucrania ha contribuido a que ahora se pueda decir: sí, invertimos en armamento y eso es importante porque tenemos que protegernos”, agrega.

Un tanque en acción durante un ejercicio en una base militar de la Bundeswehr, el ejército alemán, en Münster, el 30 de abril. Fabian Bimmer (REUTERS)

También ha tenido incidencia el debate en torno a la autonomía de defensa europea ante las andanadas del presidente de EE UU, Donald Trump, contra la OTAN. La última, el pasado viernes, cuando, tras unas declaraciones críticas de Merz sobre la guerra de Irán, el republicano anunció la retirada de 5.000 soldados estadounidenses de las bases en suelo alemán, donde tiene estacionados a más de 36.000 militares de forma permanente. Un día después afirmó, sin aportar detalles, que el ajuste será aún más profundo: irá, deslizó, “mucho más allá de los 5.000″.

Durante años, los alemanes mostraron un amplio rechazo a gastar más en defensa y eran escépticos con todo lo militar. Esto ha cambiado. Ahora, más de un 70% se pronuncia a favor de gastar más en defensa y casi un 60% tiene “gran confianza” en el ejército. “La gran mayoría está muy a favor de gastar más en defensa, de ayudar a Ucrania y es consciente de la necesidad de tomar el destino en nuestras propias manos por falta de sintonía con Washington, de quien más del 80% dice que ya no es un aliado de fiar”, comenta Peter Matuschek, gerente del instituto de opinión Forsa.

Pero no todos lo ven igual. En la antigua Alemania del Este hay más reservas hacia el rearme que en el oeste. Por afinidad política, el rechazo es mayor entre los votantes del partido ultraderechista AfD y del entorno de la política populista de izquierdas Sahra Wagenknecht. “Lo curioso es que hay una sintonía bastante amplia desde los conservadores hasta La Izquierda [Die Linke]. Es verdad que dentro de La Izquierda hay menos apoyo, pero, aun así, incluso entre los votantes de ese partido hay hasta una ligera mayoría que apoya más gasto en defensa”, apunta Matuschek.

Aunque apoyan el rearme, persiste el rechazo a asumir un liderazgo militar. “Siempre ha habido recelo. Cuando preguntamos si Alemania debería tener un papel más importante a nivel internacional, la mayoría dice que sí, pero solo diplomáticamente”, analiza el experto de Forsa. “Todavía queda ese recelo. Por eso es tan llamativo que ahora haya una mayoría tan clara que apoye ese rearme del ejército”.

Para el sociólogo Harald Welzer, lo sorprendente es la falta de crítica en todo el debate sobre el rearme en un país en el que a nadie se le ocurrió que “el ejército volviera a ser para conflictos” y donde “el tema de la guerra sigue siendo muy delicado”.

Parte del apoyo se explica por la popularidad del ministro de Defensa, el socialdemócrata Pistorius, el político mejor valorado del país, conocido por su lenguaje directo. “Dice las cosas como son, claras y con un lenguaje alejado del que se usa en la burbuja de Berlín”, explica Matuschek.

“Alemania, por su poderío económico, desempeñará per se un papel importante. Otra cosa es si todo el mundo cree que se puede confiar en los alemanes”, comenta Neitzel. A su juicio, la gran pregunta será ver si se puede avanzar conjuntamente como europeos en materia de política de seguridad y defensa. “Los alemanes también deberán demostrar que son capaces de renunciar a los intereses de su propia industria armamentística en favor del bien común”.

Para Michael, de 49 años y originario de Bremen, es “razonable” que Alemania tenga “un ejército fuerte que, en caso de duda, pueda defenderse por sí mismo”. Sentado en un parque en Berlín con unos amigos explica que “tiene sentido, sobre todo, en el contexto actual, en el que quizá ya no se pueda confiar en EE UU y Trump está reduciendo su compromiso con la OTAN”. Históricamente, añade “es un poco complicado por nuestro pasado: no nos gusta que se nos perciba como una potencia militar, por razones comprensibles; pero tampoco se puede negar la realidad de que, en caso de necesidad, hay que defenderse”.

Su amigo Andre, de una localidad cercana a Fráncfort y de la misma edad, también lo ve así: “Creo que, por desgracia, es necesario. Si las realidades cambian, entonces también deben cambiar las respuestas. Espero que todo vuelva a la normalidad y que no tengamos que invertir tanto en armamento”.

Por su parte, Markus, del sur y de 47 años, opina que si bien es importante no depender de la OTAN o EE UU, estaría bien invertir parte de esos fondos en mejorar las relaciones comerciales pacíficas que en el rearme mutuo. Él hizo la mili en su momento y no le parece mal que vuelva a introducirse, “porque eso significa que las decisiones generales sobre la guerra o las operaciones militares tienen un impacto en la población en general y, por lo tanto, se debaten ampliamente y no solo afectan a unos pocos. Y eso probablemente también reduzca las opciones de que se libren guerras innecesarias”.

El Gobierno alemán decidió pausar el servicio militar en 2011, después de que hubiera ido perdiendo importancia desde la reunificación alemana. El nuevo servicio militar, aprobado el pasado año y que entró en vigor en enero, es ―al menos por ahora― voluntario, pero ha desatado un gran debate en la sociedad. En especial, entre los jóvenes. De momento, se reduce a rellenar un cuestionario obligatorio para todos los hombres nacidos a partir de 2008 y a una prueba médica. El objetivo del Gobierno es contar con un registro oficial con todos los datos y aptitudes de los jóvenes que vayan cumpliendo 18 años.

El canciller alemán, Friedrich Merz, con militares en la base de Munster, el 30 de abril.Fabian Bimmer (REUTERS)

“No conseguirán suficientes voluntarios. Eso está claro, y lo sabe cualquiera que tenga dos dedos de frente. En algún momento habrá que introducir un servicio militar selectivo, como en los países escandinavos”, prevé Neitzel, a pesar de los esfuerzos del Gobierno para hacer más atractivo el servicio con sueldos que parten de los 2.600 euros brutos al mes.

La mayoría de los alemanes está a favor de una mili obligatoria. Los jóvenes, en cambio, incluso cuando están a favor del rearme, no lo están de la mili. “Cuando preguntamos si estarían dispuestos a luchar por su país, ahí la cosa es muy distinta. Ahí las cifras están muy bajas”, incide Matuschek, que apunta a que ha aumentado el número de solicitudes de objeción de conciencia.

Para el sociólogo Welzer esta postura de los jóvenes tampoco es de extrañar si se tiene en cuenta, además, el trato recibido durante la pandemia. “Son muchos factores por los que muchos jóvenes simplemente dicen: No lo entendemos en absoluto. Este Estado no hace nada por nosotros, ¿por qué deberíamos arriesgarnos ahora?”.