Muchas madres celebraron su día en Valdemoro, que acogió la última clasificatoria de la Copa Chenel con un ‘No hay billetes‘. Entre ellas se encontraba la de Alberto Durán, que lloraba cuando su hijo le brindó el cuarto toro de la tarde. … Pero la emoción se tornó en susto cuando el de Ibán cogió al zamorano por la entrepierna. Se tapaba Durán tan delicada zona mientras iba a la enfermería, a la que fue inmediatamente su madre también.

Reservón había sido este Agradecido -que de eso tuvo poco-. No repetía, ni tenía clase, ni humillaba… Vamos, que no tenía nada. Apoyado en las tablas comenzó Alberto, antes de ser cogido en las primeras tandas de fea manera -además de llevar un corte en la cara-. Pero, gracias a los rezos de su madre seguro, fue más aparatosa que grave. Con el primero de la tarde pudo mostrar su concepto clásico, pero poco más, ya que Uruguayo era tan alto como falto de fuerza.

Alberto Durán es llevado a la enfemería

Alberto Durán es llevado a la enfemería.

(Copa Chenel)

Tras la cruz de la tarde llegaron los mejores momentos:extraordinaria fue la lidia de Iván García -para variar, ya se había desmonterado con las banderillas en el segundo-, y bien estuvo con los palos Revuelta con el quinto, que salió con nervio y transmisión, y cumplió en varas. Y de esa misma forma embistió en la muleta, con emoción y buscando todo por bajo. No debe ser fácil no torear nada y que salga este animal, pero digno anduvo con él Juan Miguel, que sacó buenas tandas cuando se rompió con Gallito, que fue un animal agradecido al buen trato, y humillaba de categoría. El descabello impidió al torero tocar pelo, pero el de Ibán -descarado de cara aunque escurrido de cuerpo-, fue premiado con una justa vuelta al ruedo.

Juan Miguel mostró en todo momento ganas, desde su primero, al que recibió con una larga de rodillas, y de igual manera comenzó en el tercio la faena de muleta. Tras su paso por el caballo el de López Gibaja se pegó una voltereta, y llegó justito a la muleta, aunque siempre quiso ir. No siempre entendió la distancia que le pedía el toro, y a momentos le pudieron las ganas al torero, que lo mejor que hizo fue enterrar el acero en todo lo alto.

  • Plaza de toros de Valdemoro.

    Domingo, 3 de mayo de 2026. Lleno de No hay billetes. Toros de Antonio López Gibaja (1º, 2º y 3º) y Baltasar Ibán (4º, 5º y 6º). Vuelta al ruedo a Gallito, 5º de la tarde.

    • Alberto Durán,
      de verde y oro. Pinchazo y estocada corta caída (ovación). Cogido.

    • Juan Miguel,
      de purísima y oro. Estocada (oreja). Tres pinchazos, estocada corta atravesada y diez descabellos en el que mató por Alberto Durán. Estocada corta y cuatro descabellos (vuelta tras petición).

    • Fernando Plaza,
      de lila y oro. Pinchazo y estocada (ovación). Estocada trasera y tendida y cuatro descabellos (ovación)

Fernando Plaza tomó la alternativa en este certamen hace tres años, de manos justamente de Juan Miguel. Tres años después volvía a la Copa –como Fray Luis a las aulas-, apenas placeado, pero no se notó ni un ápice: con un vestido que le había regalado Talavante, y un corte que bien recordaba al torero pacense -no es mal espejo-, movía bien el percal, jugando con todo el cuerpo. Tras sobresalir con las banderillas Larios, el madrileño comenzó por alto, pero en la primera tanda ya estaba el noble toro muy apagadito. Intentó poner lo que le faltaba a Bellísimo, al que le pegó naturales con la misma sutileza con la que cogía el palillo de la muleta en el toreo al natural, el madrileño.

Más suerte tuvo con el sexto, otro toro noble al que faltó entrega pero que iba al engaño. Dejó Fernando la montera en la puerta por la que había salido su compañero herido, y, con una tranquilidad de llamar la atención -dado su poco bagaje- y las ideas muy claras, entendió desde el principio la distancia y ritmo de Camarito. Los pases de pecho fueron extraordinarios, los naturales fueron de categoría, y cumbre el final de faena, con un pase del desdén torerísimo. La tizona se llevó el premio, pero no las buenas sensaciones que dejó el torero.