Un artículo publicado en la revista Nicotine and Tobacco Research cuestiona la idea ampliamente extendida de que el uso de cigarrillos electrónicos facilita dejar de fumar. Aunque numerosos estudios han sugerido una relación positiva entre el vapeo y el abandono del tabaco, los nuevos hallazgos indican que esta asociación no es consistente en todos los casos.
El tabaquismo continúa siendo la principal causa de muerte prevenible a nivel mundial. A pesar de que una mayoría de fumadores expresa su deseo de abandonar el hábito, muy pocos lo consiguen.
En este contexto, los investigadores advierten que los productos de vapeo con nicotina han ganado popularidad desde 2010, especialmente entre fumadores jóvenes, y se han considerado una posible herramienta para reducir o abandonar el consumo de cigarrillos tradicionales. Sin embargo, su eficacia sigue siendo objeto de controversia científica.
Para arrojar luz sobre esta cuestión, analizaron 38 estudios basados en datos de un mismo proyecto longitudinal en Estados Unidos. Este enfoque permitió examinar por qué investigaciones previas, incluso utilizando la misma fuente de datos, han llegado a conclusiones distintas.
Los resultados muestran que el 63,2% de los estudios encontró una asociación positiva entre el uso de cigarrillos electrónicos y el abandono del tabaco en un período de uno a tres años. No obstante, el resto no halló evidencia concluyente. Según los autores, esto no implica necesariamente que el vapeo sea ineficaz, sino que en algunos casos su impacto no supera al de tratamientos farmacológicos ya establecidos.
Un hallazgo relevante es que el uso diario de dispositivos de vapeo se asocia con mayores probabilidades de éxito en dejar de fumar, en comparación con un uso ocasional o inexistente.
Además, las diferencias en los resultados parecen depender del perfil de los participantes: los estudios que incluían fumadores sin intención previa de dejar el vicio reportaron que los vapers les ayudaron a combatirlo; sin embargo, para las personas que ya lo querían dejar desde antes el efecto fue significativamente más pequeño.
Los autores advierten sobre el riesgo de extraer conclusiones generales a partir de un único estudio. En su opinión, es fundamental analizar de forma conjunta múltiples investigaciones, especialmente cuando se basan en la misma fuente de datos, para evaluar la consistencia de la evidencia.
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