Miguel Díaz-Canel admitió este sábado que el petróleo ruso recibido a finales de marzo se agota en los próximos días y que el gobierno cubano desconoce cuándo llegará un nuevo cargamento de combustible a la isla.
«Ese petróleo se agota ya en estos días y no sabemos cuándo más va a entrar combustible a Cuba», declaró el gobernante en un discurso ante delegados de solidaridad internacional reunidos en La Habana el 2 de mayo, un día después de la marcha del Primero de Mayo.
En su intervención, Díaz-Canel reconoció que Cuba estuvo cuatro meses consecutivos sin recibir combustible del exterior.
Según explicó, el corte comenzó en diciembre de 2025, cuando Venezuela dejó de enviar petróleo tras el bloqueo naval impuesto a ese país, y se agravó con la Orden Ejecutiva 14380 que Donald Trump firmó el 29 de enero de 2026, que impuso sanciones secundarias a cualquier nación o empresa que exportara combustible a Cuba.
«Estuvimos cuatro meses sin recibir combustible hasta que llegó un barco de combustible de Rusia que nos sirvió para en los últimos 15 días cambiar la situación electroenergética que había en el país», afirmó el gobernante.
El único alivio llegó el 31 de marzo con el petrolero ruso Anatoli Kolodkin, que atracó en Matanzas con aproximadamente 730,000 barriles de crudo donados por Moscú.
El propio Díaz-Canel había calificado ese envío de «simbólico» semanas atrás, al señalar que representaba apenas la tercera parte de lo que Cuba necesita en un mes, suficiente para unos diez días.
El ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, había advertido el 22 de abril que el combustible ruso solo alcanzaría hasta finales de ese mes, y los apagones confirmaron esa proyección: el 30 de abril los cortes volvieron a superar los 1,500 MW, empujando a la isla de nuevo al borde del colapso eléctrico.
La situación se complica aún más porque Cuba necesita ocho barcos de combustible al mes para satisfacer sus necesidades energéticas —entre 90,000 y 110,000 barriles diarios—, cifra que no ha logrado ni de lejos en este período. La producción interna apenas alcanza unos 40,000 barriles diarios.
Un segundo barco ruso, el Universal, con unos 200,000 barriles de diésel, desvió su ruta hacia Trinidad y Tobago el pasado lunes y navega a baja velocidad con rumbo errático en el Atlántico, sin confirmación de destino final.
El desvío del Universal se produce en parte por la presión de la Licencia General 134B de Estados Unidos, que solo autoriza transacciones de petróleo ruso cargado hasta el 16 de mayo de 2026, lo que estrecha aún más la ventana para cualquier nuevo envío.
El escenario se agravó el 1 de mayo, cuando Trump firmó una nueva orden ejecutiva con sanciones sectoriales ampliadas en energía, defensa, minería y servicios financieros, con aplicación inmediata y sin período de gracia, y amenazando a bancos de terceros países que operen con Cuba.
«¿Cómo puede mantenerse la economía de un país? ¿Cómo se pueden mantener los servicios de un país al que le es negado recibir combustible?», preguntó Díaz-Canel ante los delegados internacionales, en lo que constituyó una de las admisiones más crudas sobre la profundidad de la crisis energética que padece el pueblo cubano.