Charlene de Mónaco es una de las figuras que más interés despiertan dentro de la realeza europea. Ya sea por su complicidad con sus hijos, Jacques y Gabriella, o por su elegancia sofisticada, la mujer de Alberto de Mónaco tiene una agenda pública marcada por la discreción y el compromiso institucional. En las últimas semanas, la princesa ha acompañado al príncipe Alberto II en diversos actos oficiales dentro del Principado -uno de ellos siendo la histórica visita del Papa, la primera en el Principado desde hace siglos-, mostrando una imagen de estabilidad y cercanía que ha sido ampliamente comentada en los círculos sociales. 

Charlene de Monaco sale de la catedral tras participar en las festividades tradicionales de Sainte Devote en el el Principado de Monaco el 27 de enero de 2026.© Getty ImagesCharlene de Mónaco

Más allá de todo aquello que la define, una de las claves de su vida ha sido y es el deporte. El pasado febrero se cumplieron 20 años de la primera cita pública de Alberto y Charlene de Mónaco -entonces Charlene Wittstock- en los Juegos Olímpicos de invierno que se celebraron en Italia en el año 2006. Su pasado y toda su relación de noviazgo estuvo marcada por el mundo del deporte, empezando porque se conocieron en el Encuentro Internacional de Natación de Montecarlo del año 2000: certamen en el que ella ganó la medalla de oro a espalda y él presidía la competición. 

Charlène y Alberto de Mónaco en un retrato que celebra que están recién casados© Getty ImagesCharlène y Alberto de Mónaco durante su boda en 2011

Nacida en Zimbabue y criada en Sudáfrica, la princesa Charlene creció en un entorno donde el agua formaba parte de su vida cotidiana. Su madre, instructora de natación, fue una influencia decisiva en su formación deportiva. Desde muy joven mostró una habilidad natural y, las publicaciones deportivas de la época hablan de una técnica impecable. A finales de los años noventa, ya era una de las nadadoras más prometedoras de Sudáfrica, acumulando títulos nacionales y participaciones destacadas en competiciones internacionales. Su consagración deportiva fue en los Juegos Olímpicos de Sídney del año 2000 como miembro del equipo de relevos. Sin embargo, lo que muchos no saben es que, además de los largos a crol o espalda, hay otro deporte que ha narrado su vida, y por el que se muestra de lo más apasionada -aunque no incluya un gorro de látex y unas gafas-.

Charlene de Mónaco en el Torneo Internacional 'Rugby Sevens'.© GTRESCharlene de Mónaco en el Torneo Internacional ‘Rugby Sevens’.

Si la natación fue el deporte que heredó de su madre, el rugby fue el que aprendió de los hombres de su vida: su padre, Michael Kenneth Wittstock, fue jugador de rugby y los sábados solía llevarla a ver partidos con sus dos hermanos, Gareth y Sean, quienes se criaron también practicándolo. Su pasión y conexión con este deporte ha ido manteniéndose con los años, e incluso se ha introducido de lleno en la agenda oficial monegasca. Junto al príncipe Alberto II, la consorte monegasca inauguró este viernes pasado la primera edición del Monaco Sevens, un primer torneo de rugby a siete del Principado. Organizado por la Federación Monegasca de Rugby y el AS Monaco Rugby, con el apoyo de la Fundación Princesa Charlène de Mónaco, el torneo también ha recibido el apoyo de Gareth, secretario general de su fundación y una figura muy presente en el Principado.

Charlene de Mónaco en el Torneo Internacional 'Rugby Sevens'.© GTRESEl rugby es el otro deporte que narra la vida de la princesa además de la natación

Charlene de Mónaco en el Torneo Internacional 'Rugby Sevens'.© GTRESCharlene, de lo más sonriente con el balón

La princesa Charlene inauguró el torneo masculino de élite junto a Antoine Zeghdar, patrocinador del evento y embajador de su Fundación. Al término del torneo, el príncipe y la princesa entregaron el trofeo al Seventise, el equipo ganador de la categoría masculina. Según el semanario Point de Vue, el momento más emocionante llegó con el homenaje a Christophe Dominici, leyenda del rugby francés fallecido en 2020. Sus hijas, Kiara y Mya, fueron quienes entregaron los premios a los jugadores bajo la mirada de la princesa Charlène, que parece haber encontrado en este deporte un puente más entre su pasado sudafricano y su presente en Mónaco. Además de haber estado presente en el Monaco Sevens, la princesa también es la encargada de organizar el tradicional torneo de Santa Devota monegasco.

Charlene de Mónaco en el Torneo Internacional 'Rugby Sevens'.© GTRESLa princesa también es la encargada de organizar el tradicional torneo de Santa Devota monegasco
Su proyecto más importante

El pasado 20 de marzo, en el estadio multiusos Luis II, sede habitual del Monaco Football Club, la princesa Charlene reapareció para encargarse del que posiblemente sea su proyecto más personal desde que entró por matrimonio en la familia Grimaldi en el año 2011 tras un largo noviazgo y en una boda de Estado nunca vista en el Principado: Water Safety. Organizada por la Fundación Princesa Charlene de Mónaco, la actividad está dedicada a la prevención de ahogamientos y a la iniciación de los niños en técnicas de rescate acuático. Aunque en un segundo plano, no faltó Gareth Wittstock, hermano de la princesa y un perfil de lo más involucrado en todos los proyectos que Charlene tiene entre manos en el Principado.

Charlene de Mónaco este jueves 19 de marzo en el Estadio II de Mónaco© GTRESCharlene de Mónaco el 19 de marzo en el Estadio II de Mónaco

En ella participan cada año casi doscientos niños de distintas nacionalidades© GTRESCharlene, durante su proyecto ‘Water Safety’