No es una obra sobre el mar. Es una obra con el mar. Bajo esta premisa nace Conocimiento Flotante: mar–tierra–digital, la instalación artística de Damià (Alicante, 1966) desarrollada en Bellver Blue Tech Zone. Una singular propuesta que une arte, ciencia y tecnología en un mismo sistema vivo y cambiante.
Lejos de la escultura tradicional, la obra se distancia de la representación clásica del Mediterráneo para establecer un diálogo directo con él a través de tres ecosistemas interconectados. Como en la naturaleza, cada uno de estos ámbitos se relaciona con los otros en un equilibrio dinámico.
El mar se convierte así en un agente activo y en coautor: su comportamiento, cambiante e imprevisible, modifica de manera constante la forma, el ritmo y la evolución de la instalación, transformándola en una pieza irrepetible en el tiempo.
Una obra en tres estados
En su dimensión física, la escultura terrestre se ubica en el Bosque de Bellver Blue Tech Zone, donde se configura como un cuerpo de memoria material.
Su estructura interna está compuesta por redes de pesca abandonadas recuperadas del fondo marino, materiales concebidos originalmente como herramientas de extracción que aquí son resignificados como soporte estructural.

La estructura externa, realizada en hormigón romano y grafeno, interactúa con el entorno al servir como superficie de crecimiento y, al mismo tiempo, contribuir a la absorción de CO2 y óxidos de nitrógeno, integrando procesos ambientales en su propia materialidad.
En el mar, una serie de boyas submarinas con morfología de cabeza humana, fondeadas en el Lugar de Interés Comunitario Benicàssim-Oropesa (LIC), funcionan como dispositivos de escucha. Equipadas con sensores, registran parámetros como temperatura, salinidad y otros datos fisicoquímicos sin interpretarlos ni juzgarlos.
El artista Damià explica su obra junto a una de las esculturas instaladas en el Bosque de Bellver Blue Tech Zone. Foto: Andreu Esteban / EFE
Estas cabezas subrayan la dimensión filosófica del proyecto: el conocimiento como algo flotante y dependiente del contexto, y la medición entendida como gesto de atención, no de control.
Su función es mediar entre el entorno marino y la percepción humana. Con el tiempo, estas piezas serán colonizadas por organismos marinos, integrándose progresivamente en el ecosistema como cuerpos permeables que evolucionan junto a su entorno.
La tercera dimensión del proyecto se desarrolla en Tempus, dentro del espacio inmersivo Vortex, donde los datos recogidos en el mar se traducen en flujos visuales generativos que evolucionan en tiempo real.
Estas visualizaciones parten tanto de la información registrada en el entorno marino como de una serie de dibujos previos del artista, que definen la lógica visual de la pieza.
Detalle de uno de los dibujos de Damià. Foto: Damià Studio
Este entorno no opera como una pantalla, sino como una experiencia inmersiva en la que el espacio se reconfigura a partir del comportamiento del sistema marino, transformando la información en corrientes visuales de luz, ritmo y densidad. El Mediterráneo, de este modo, no se observa: se traduce y se habita.
“El proyecto no trata de explicar el mar, sino de establecer una relación distinta con él, en la que dejamos de situarnos fuera para empezar a formar parte de su lógica”, señala el comisario de la obra y director de proyectos de la Fundación Azul Marino, Pablo García. «Aquí la medición no se entiende como control, sino como una forma de atención prolongada hacia un sistema que nunca deja de transformarse«.

Un momento de la presentación en Bellver Blue Tech Zone. Foto: Bellver Blue Tech Zone
El artista amplía esta idea desde una perspectiva conceptual: «En el proyecto Conocimiento Flotante no se pretende dar respuestas definitivas, sino crear un diálogo entre lugar, naturaleza y tecnología. Se trata de explorar incertidumbres y, quizás, nuevas maneras de percibir desde dónde tomarse un tiempo para pensar. Mi obra tiene la intención de sugerir, de señalar y de ofrecer el espacio necesario para generar curiosidad y esperanza».
En su conjunto, Conocimiento Flotante se presenta como un sistema vivo que crece y se transforma a partir de su contacto con el Mediterráneo. La obra no se limita a ocupar un espacio, sino que lo activa y lo modifica, generando una red de relaciones entre arte, ciencia y entorno.