El círculo familiar de Georg Baselitz ha confirmado esta tarde el fallecimiento, a la edad de 88 años, de uno de los grandes de la pintura, que logró reconectar la pintura alemana con la escena internacional después de 1945, en un país marcado por la culpa histórica, la censura y la ruptura cultural. Su gesto radical de invertir las figuras -visible por primera vez en Der Wald auf dem Kopf (1969)– rompió con los hábitos de visión tradicionales y convirtió la pintura en un acto de resistencia formal: obligaba al espectador a mirar el cuadro como pintura, no como narración. Con ello abrió un camino propio entre la figuración y la abstracción, devolviendo a la pintura alemana una voz reconocible, autónoma y sin complejos.