El Gran Premio de Miami no está diseñado, pensado y confeccionado para la mayoría de lectores de esta pieza. O para ninguno. Tampoco busca contentar a quien la escribe. Sencillamente, se trata de una carrera diferente al resto del calendario de Fórmula 1 y no hace falta estar dentro para darse cuenta.
Es cierto que cuando uno aterriza en el centro de acreditaciones a recoger su pase de prensa se da cuenta de que este evento, al igual que Las Vegas, juega en otra liga. El nivel de organización es tal que habilitan un gimnasio gigante, el ‘Crunch Fitness’, como ‘media center’, como dicen los locales. También resulta llamativo que en las mesas donde se recogen los pases VIP y los de ‘guest’ (invitados por la organización o escuderías) hay más gente trabajando que nunca, como ocho o nueve personas repartiendo pases de colores verde como si no hubiera un mañana.
El Gran Premio de Miami está pensado para aquellos que no tienen demasiados conocimientos sobre coches, degradación de neumáticos, estrategias en pista y demás tecnicismos. El evento cuida, mima y pone el foco en los que se dejan la pasta, teniendo en cuenta que el pase de ‘Paddock Club’ más barato no baja de los 12.000 dólares y una experiencia sencilla con una escudería cuesta entre 3000 y 4000 dólares.
La carrera de Florida es la niña de los ojos de Liberty Media, propietaria de este deporte al que ha logrado lavarle la cara, abrirlo a nuevos públicos, disparar sus audiencias y lograr que infinitas ciudades del mundo quieran pujar por acoger Fórmula 1. A Miami le va muy bien así. Tanto, que el año que viene añadirá 9000 plazas para hospitality VIP en la curva uno del trazado, inspirándose en la experiencia que ofrece Las Vegas, su prima hermana. En Estados Unidos hay ya tres carreras y Liberty avisa de que quiere seguir apostando por este país.
El contrato del Gran Premio también ha roto moldes de cualquier carrera en la historia. Fue renovado hasta el año 2041 cuando el resto de pruebas se matan por extender su presencia por un par de años. Es lo que tiene contar con el paddock más grande y espectacular del calendario: el estadio de los Miami Dolphins.
Uno se pierde ahí dentro, con los hospitality de los equipos repartidos por el césped del estadio. Es como si el Camp Nou acogiera a las escuderías de la Fórmula 1 y la prensa trabajara y comiera en sus palcos. Simplemente espectacular.
A celebridades como Rafa Nadal, – que dio el banderazo final – Jon Rahm y Leo Messi, evidentemente, sí les interesa el deporte. Pero a muchas otras que se asoman por el paddock durante el rato previo a la carrera,- algunas ni ven la prueba-, no les interesa lo más mínimo. Reinan los influencers en este tipo de eventos, supongo que porque logran que el deporte llegue a nuevos públicos.
Messi, por cierto, fue el más aclamado: hizo sonreír a George Russell, al que se le subió en su Mercedes, y regaló una foto histórica para Argentina con Franco Colapinto. La novia del piloto, Maia Reficco, no daba crédito posando junto al astro de la albiceleste.
En este evento plagado de comediantes, actores y presentadores estadounidenses como Jimy Fallon importan otros detalles, como que un piloto sea protegido y escoltado por cuatro gorilas en su breve camino hacia el box. Lo nunca visto. En cualquier otro Gran Premio, el piloto, Alex Albon en este caso, camina tranquilamente por el paddock, escoltado o no por su fisio, hasta el garaje. Y no ocurre nada.
En Miami, todo es diferente. Los pilotos son más estrellas que nunca, tal vez demasiado, el cátering es generoso y puja por ser el más completo del calendario, hay más puestos de café y patrocinadores que en ningún otro circuito, el personal, –casi todos hablan español-, confiesa que cobra muy bien y está muy atento siempre. La fan zone, por cierto, es inmensa y presenta todo tipo de actividades para los aficionados. Bajo el sol y la humedad de Florida, hay millones de activaciones de marcas ya desde los días previos al evento.
Tal vez la única mancha haya sido ver las gradas con calvas en algunos momentos. Aunque la base del negocio estaba descorchando champán en los palcos. Miami puede catalogarse de éxito tras una carrera sorprendentemente entretenida como la de este fin de semana (en un trazado que no suele regalar espectáculo dentro de pista, pero sí fuera), aunque todo es tan artificial como el mar azul de cartón piedra que hay ubicado al lado del circuito.