Esta semana llega a la cartelera una propuesta diferente y algo desafiante como es Las ovejas detectives. En cierta forma es deudora del sentido del humor de La oveja Shaun solo que en esta ocasión, estamos ante un rebaño parlanchín que solo se entiende entre los de su especie. El objetivo: resolver un crimen y, de paso, el sentido de la vida.
Es por eso que podemos decir que es tanto una comedia animalista como una historia casi espiritual, en la que hay una vocación de trascender la aventura para hablar de conceptos como la memoria, el sufrimiento emocional, el miedo, la muerte y el sentido de pertenecer comunidad.
Dicho así, puede parecer que es una mezcla ecléctica… y en cierto sentido, de hecho, lo es. Combina el humor con la estructura de thriller whodunit sin renunciar a un discurso más intimista… y las protagonistas son las ovejas, no los humanos.
Atrapando al asesino
George Hardy es un atento pastor que cuida de su rebaño con verdadera devoción. Después de ocuparse de su alimentación, de su higiene, de su salud y su descanso, tiene siempre tiempo para leerles una novela policiaca, de ahí que estas ovejas estén muy versadas en crímenes ficticios.
Cuando aparece muerto una mañana, las ovejas quedan desoladas pero la más perspicaz de todas ellas encuentra varios elementos muy sospechosos y no se tragan el anzuelo de una muerte accidental.
Convencidas de las escasas dotes para la investigación del torpe jefe de la policía local, irán sembrando pistas para ayudarle a esclarecer el caso, tomando como modelo algunas de las claves que pueden recordar de las novelas que tan bien conocen: desde analizar la escena del crimen hasta buscar el móvil del asesinato.
Mientras tanto, su futuro es incierto: parece que las unirán al rebaño del vecino, lo que les genera una verdadera crisis de identidad y pondrá a prueba sobre todo su resistencia al cambio. A fin de cuentas tienen un mecanismo fantástico para deshacerse de los traumas: hacer borrón y cuenta nueva, olvidando aquello que las hace sufrir.
Y como Frodo Bolsón, nunca han abandonado sus queridos pastos, o, lo que es lo mismo, su «zona de confort», algo que solo se plantearán por su cariño incondicional a su desaparecido pastor y su objetivo de encontrar al culpable de su defunción.
Las ovejas detectives no está exenta de algunos problemas. El primero y más evidente es el uso extensivo de los efectos especiales para crear a las ovejas e integrarlas con imágenes reales. Una vez que el ojo se acostumbra, todo es coser y cantar, pero los primeros minutos de visionado solo pueden calificarse como desconcertantes.
Pronto el trabajo de invidualización obra el milagro y comprendemos el rol de cada miembro del grupo. En este sentido, el doblaje es fundamental. Escucharemos las voces de Patrick Stewart, Regina Hall, Brett Goldstein, Julia Louis-Dreyfus, Bryan Cranston o Bella Ramsay en versión original, lo que ya da un sentido inequívoco a la labor que hay detrás del casting para crear distintas personalidades para estos personajes que van a guiar la acción.
El reparto humano tira más del efecto sorpresa, y de hecho la dirección de actores y las caracterizaciones se decantan por un aspecto bastante cartoonesco (aquí Emma Thompson se lleva la palma, con un personaje que habla de tú a tú con el de Cruella).
Todos son personajes estereotipados que obedecen a ciertas reglas porque son sospechosos y deben mantener una parte de sí mismos en una zona gris de duda para alambicar el misterio. La película es incluso un poco enrevesada a la hora de llegar a la resolución, pero logra no solo «culminar» la tarea sino también resultar genuinamente emocionante en el tramo final.
¡Eso sí, nadie vio venir que veríamos a Lobezno guardando un rebaño! Bromas aparte, Las ovejas detectives es bastante sorprendente en su combinación de géneros y elementos narrativos: este «Cluedo en la granja» tiene su punto de ternura y también un enfoque inusual en temas profundos que a priori no esperábamos encontrar en un thriller policiaco con tintes cómicos.
Valoración
Nota 70
Es una comedia animalista que habla de temas muy humanos: tiene corazón y valiosas lecciones en su interior, además de satisfacer la demanda de entretenimiento simpático.
Lo mejor
La complejidad emocional de la película: entras a la sala pensado que vas a ver cine de evasión sin más y encuentras un discurso mucho más rico.
Lo peor
Cuesta cogerle el pulso a los efectos especiales.