El banquillo del Real Madrid es una paradoja constante. Un puesto atractivo, pero con unas cargas que cualquiera no está dispuesto a asumir. Menos en el momento actual. De ahí el casting a fuego lento de entrenadores que empezó desde la eliminación de Champions contra el Bayern. No hay prisa, porque la intención de Florentino Pérez es tomar él mismo la decisión. Quiere evitar los errores que cometió, tanto con Xabi Alonso como con Álvaro Arbeloa. Un mea culpa entonado que ha entonado el máximo mandatario, quien se quiere implicar directamente en una transición que se considera crucial tras dos temporadas sin títulos.
Arbeloa, revolución insuficiente
Hasta esta temporada, el núcleo de decisión era cerrado. De un lado, José Ángel Sánchez, director general del Real Madrid. Del otro, Juni Calafat, Chief Scout y director de Fútbol Internacional del club blanco. De fondo, la junta directiva, con mayor o menor voz en las decisiones. A este reducido grupo se ha unido Anas Laghari, quien, sin un cargo específico, aparece en las fotos y los viajes junto al presidente madridista. Un financiero francomarroquí que asesoró al presidente en operaciones empresariales y que se ha ganado un espacio en el Real Madrid.
Hace unas semanas, el propio club blanco desmentía la información sobre la posibilidad de recuperar la figura del director deportivo que supondría la salida de alguno de los perfiles anteriores. La gran decisión del futuro cercano del Real Madrid la tomará Florentino Pérez.
Esto no quiere decir que Xabi Alonso o Álvaro Arbeloa no contase con su ‘ok’. Pero el origen de las decisión del técnico vasco estuvo en José Ángel Sánchez. El mismo que comunicó su destitución después de la derrota frente al Barça en la Supercopa. Una salida que el presidente quiso tomar con anterioridad, como informó ABC. Al final, la muerte de Xabi Alonso fue en diferido.
Un mes de angustia, en diciembre, sin confianza real en un entrenador al que sucedió un hombre de club como Arbeloa. Cuatro semanas que, a juicio de la zona noble, habrían cambiado el rumbo de una temporada que terminará sin títulos. Hasta que duren las matemáticas, Arbeloa seguirá en el cargo.
El entrenador de la cantera está aguantando el temporal como parte de su contratación, después de no ser capaz de conquistar un título. Se valoró su capacidad para remontar el vuelo, con un feliz mes en el que derrotó a Simeone, Guardiola, Mourinho y se quedó a un paso de derrotar al Bayern. A partir de ahí, se rompió el cierre de filas y el efecto del sofá gris, quedando al descubierto el adjetivo de “inentrenable” con el que se ha definido a un vestuario incontrolable.
Una plantilla suficiente para ganar títulos
Sin embargo, la percepción de Florentino Pérez es distinta. Sigue dando por buena la configuración de una plantilla de la que el sucesor de Arbeloa deberá sacar lo máximo. De ahí que la gran decisión es la del entrenador y no se espera una gran revolución en la plantilla.

Vinicius y Mbappé durante un partido / EFE
Habrá un par de fichajes para abrochar, como un mediocentro o un central, pero el elegido tendrá que lidiar con una alineación en la que más de la mitad de los puestos están ya decididos: Courtois, en portería; Trent Alexander-Arnold en un flanco; Rüdiger, a punto de renovar; y, la selección intocable que suponen Tchouaméni, Valverde, Bellingham, Vinicius y Mbappé. Este imperativo guiará el final de un casting de entrenadores que viene condicionado por el Mundial.
La elección del nuevo técnico blanco es como una Bolsa en la que van cotizando las opciones según el momento. Mourinho, quien incluso contactó con miembros del club para saber la situación del mismo, subió su cotización hasta que el Benfica decidió mover ficha para ofrecerle un nuevo contrato.
La vía alemana, a imitación del Barça de Flick, siempre ha sido un golpe de efecto sobre la mesa de Valdebebas. No solo con Klopp, también con Nagelsmann o hasta en perfiles como Hoeneß. Las opciones de Pochettino, con quien hubo acercamientos en el pasado, Deschamps o Scaloni están a expensas de lo que suceda en el Mundial. Lo único claro, hasta el momento, es que Florentino estará en la primera línea de una decisión que cambiará o perpetuará la tendencia de un Real Madrid que necesita una decisión de impacto inmediato.