El Santuario de Dorleta, en Leintz Gatzaga, vuelve a reafirmar su condición de pequeña catedral del ciclismo. Su museo ha recibido una nueva reliquia: el maillot del rey del pelotón, el esloveno Tadej Pogacar, figura omnipresente en el ciclismo moderno y uno de sus grandes dominadores en los últimos años con el UAE Team Emirates XRG.
No ha sido la única pieza llegada desde la élite del pelotón. Entre sus cuatro paredes, el museo gatzagarra custodia también un maillot del belga Wout van Aert, uno de esos corredores totales que encarnan la dureza, la inteligencia y la versatilidad del ciclismo contemporáneo.
Lugares de peregrinación ciclista
La llegada de estos objetos no es casualidad, sino el resultado de un hermanamiento entre lugares de peregrinación ciclista repartidos por Europa. Este pasado fin de semana, una delegación gatzagarra ha visitado la localidad belga de Stekene, en cuya iglesia de Klein-Sinaai el deporte del pedal también tiene su altar en forma de museo.
El viaje ha sido, según sus protagonistas, una experiencia tanto institucional como emocional. La comitiva -encabezada por la alcaldesa Dorleta Elkorobarrutia, la concejala Eneka Zancada y cuatro vecinos, entre ellos los miembros del club Dorletako Ama Jon Sasiain y José Ramón Agirreurreta- ha regresado con obsequios, recuerdos y una certeza: el ciclismo, más allá del deporte, es una forma de pertenencia.
En el intercambio han tenido cabida objetos simbólicos, maillots de profesionales y detalles locales que refuerzan la identidad de cada territorio. Incluso la imagen de la Virgen de Dorleta fue entregada al párroco de la iglesia de Klein-Sinaai.
Cuatro paradas
En este mapa del ciclismo europeo, cuatro lugares se reconocen entre sí como si fueran puertos del mismo gran recorrido: la capilla de Notre-Dame des Cyclistes, ubicada en la comuna de Labastide-d’Armagnac, en las Landas francesas; la Madonna del Ghisallo en Magreglio (Italia); la citada iglesia de Saint-Eligius en Klein-Sinaai en Bélgica; y el santuario de Dorleta, en Leintz Gatzaga, cuya imagen de la Virgen se alza en el alto de Arlaban, donde nunca faltan flores ni promesas silenciosas. Todas estas advocaciones fueron proclamadas patronas de los ciclistas entre las décadas de 1940 y 1960.
«Es un orgullo»
En palabras de la expedición gatzagarra, lo vivido en Bélgica deja una huella difícil de borrar. “El cariño que nos han mostrado es tremendo”, resumen. “En la iglesia de Saint-Eligius hay un mural donde aparece Dorleta y el nombre de Leintz Gatzaga. Ese tipo de gestos, para un municipio tan pequeño como el nuestro, es algo que nos llena de orgullo”, aseguran.
Estos encuentros, además, no son nuevos: ya se han celebrado en Francia y Bélgica, consolidando una red de hermanamientos entre santuarios ciclistas europeos. Quedan aún dos citas pendientes en el recorrido de esta particular geografía del pedal: Italia y el propio Leintz Gatzaga, como estaciones futuras de un mismo viaje compartido entre devoción y ciclismo.