Muebles vintage y capas de textura para reinventar el estilo del suroeste de Estados Unidos.
“El ojo tiene que viajar”, solía decir la legendaria editora de moda Diana Vreeland (1903-1989). Con vistas sobrecogedoras de los imponentes acantilados color bermellón de Moab, esta casa familiar en Utah habría sido para ella una auténtica revelación. “El paisaje aquí lo es todo”, dice Susannah Holmberg, fundadora y directora creativa de Susannah Holmberg Studios y artífice del interiorismo de la vivienda. “Es el telón de fondo y el centro de toda la experiencia”, asegura.
La casa, situada en la base de un profundo cañón, es el hogar de una familia de siete miembros que se trasladó desde el noroeste del Pacífico tras enamorarse de la localidad de Moab y de su hipnótico desierto. Como el principal motivo para mudarse fue el entorno, para Holmberg era muy importante asegurarse de que “este paisaje, dominado por las rocas rojas, se convirtiera en el protagonista, tanto del planteamiento del diseño como de la paleta cromática elegida”.

El exterior de la casa.
© Yoshihiro MakinoEl paisaje manda
El encargo de la familia era crear una casa profundamente integrada en el entorno, evitando al mismo tiempo los clichés propios del suroeste de Estados Unidos. Ese imaginario, popularizado en la década de 1940 con la Turtle House –la casa de Nuevo México de Millicent Rogers, figura clave en la reinterpretación de este estilo–, nació como un homenaje a la cultura de los nativos de estas tierras: Rogers pintaba a mano vigas de madera con motivos tribales y combinaba muebles Biedermeier –de líneas europeas sobrias y depuradas– con alfombras navajo.
Hoy, el estilo del suroeste de Estados Unidos se caracteriza por los azulejos y las paredes de terracota, por lo que para Holmberg y su equipo era fundamental evitar una interpretación previsible de esta estética y, en su lugar, “explorar cómo el diseño puede mantener un diálogo constante con el cañón en el que se encuentra la vivienda”, explica. Algo que se logró mediante la superposición de estampados, texturas y muebles vintage, alcanzando, como señala Holmberg, “un equilibrio entre lo nuevo y lo antiguo”.

El papel pintado es un elemento relevante de la casa, como este en tonos verdes del comedor de la cocina.
©Yoshihiro Makino