En 2022 el prolífico dúo creativo compuesto por Gastón Duprat y Mariano Cohn (Competencia oficial, El ciudadano ilustre, Nada, Bellas Artes, Homo Argentum) gestó todo un fenómeno televisivo: la serie El encargado

El formato se atiene a la fórmula de «lo bueno, si breve…». Episodios de poco más de media hora de duración y un personaje principal cuyas trazas ya se dejan ver desde los propios títulos de crédito iniciales: esa doble cara que tan bien sabe representar el carismático actor Guillermo Francella y que le ha valido un reconocimiento unánime.

La clave: una comedia ácida, con mucha retranca y también sátira social a espuertas. Vamos ya por la cuarta temporada y los guiones han dado muchas vueltas hasta llegar hasta aquí, lo que implica que ha habido momentos mejores y peores en la ficción. 

Probablemente el mejor final de temporada fue el de la segunda, pero eso no implica que los personajes hayan perdido interés y que esa pugna que mantienen no nos siga deleitando.

Si la tercera temporada se percibió un escalón por debajo de las dos anteriores, las maquinaciones de Eliseo Omar Basurto abrazan de nuevo su lado más retorcido (y divertido, por ende) en esta cuarta entrega.

El encargado nos presenta al manipulador conserje de un edificio de clase alta de Buenos Aires. Eliseo es un tipo con una hoja de ruta personal bien definida que pasa por representar el papel de ser un hombre entregado a su trabajo pero que en realidad vela únicamente por sus intereses personales, caiga quien caiga. Esa máscara de servilismo le permite operar con clandestinidad, premeditación y alevosía enredando con los vecinos para su beneficio propio. Es, en pocas palabras, un lobo disfrazado de cordero.

La serie tuvo como conflicto principal en sus inicios el control de la administración del edificio pero poco a poco ha ido escalando hasta convertirse en algo mucho más amplio, de repercusión vecinal primero, local y hasta nacional incluso si tenemos en cuenta que nuestro ambicioso Eliseo ha llegado hasta el círculo más estrecho del poder en Argentina poniendo los pies en la Casa Rosada, como ya vimos en el desenlace de la tercera temporada.

En esta cuarta lo veremos codearse con el poder como nunca, llegando a tener al presidente comiendo de su mano, como si fuera una marioneta, con Eliseo dictándole al oído lo que tiene que decirle a la nación, cual Cyrano de Bergerac político, pero también lo veremos morder el polvo a lo grande, lo que le llevará a idear un golpe de efecto final que cambiará para siempre el panorama. El desenlace, de hecho, se percibe como un reinicio.

La pregunta es: ¿está pasada de rosca la serie? Hace tiempo que cruzamos el Rubicón de la verosilimitud: las tramas se han ido volviendo cada vez más fantasiosas y ese delirio de coquetear con las altas esferas se antoja un salto demasiado grande como para que la digestión sea ligera. 

Pero el personaje de Eliseo es hipnótico, nunca sabes por dónde puede salir y, a pesar de su manifiesta bajeza moral, consigue que estemos de su lado inexorablemente. De modo tal que aunque la trama política sea más una excusa para el exabrupto que un elemento funcional de veras, se le perdona el patinazo a la historia porque termina cayendo de pie, recuperando parte del encanto que tenía al principio.

¿Y ahora qué? Los fans de la serie El encargado van a descubrir en una escena postcréditos cómo va a evolucionar el personaje en una quinta temporada que ya ha iniciado la fase de desarrollo con la idea de aterrizar en Disney+ en el primer semestre de 2027.

¡Pero eso no es todo! También está sobre la mesa un spin-off centrado en el abogado Matías Zambrano, eterno rival de Eliseo, interpretado por Gabriel Goity, lo que nos llevará a profundizar en la faceta más oscura y turbia de los asuntos legales y personales del despiadado antagonista con el que mantiene una relación de amor-odio. 

En verdad son una dupla como la de Batman y Joker, se necesitan tanto como se repelen. Lo que empezó como una disputa de clase social es ya un conflicto enquistado que los hace inseparables.

Valoración

Nota 78

La cuarta temporada, a pesar de sus muchos vaivenes, recupera parte del encanto de las dos primeras y deja constancia de que Eliseo es uno de los personajes más memorables de la filmografía de Guillermo Francella.

Lo mejor

Francella es hipnótico en este papel y esta temporada es mucho más divertida que la anterior aunque también se desmadre bastante.

Lo peor

La trama política no se sostiene: da la sensación de que no saben qué hacer con ella.