La farmacia comunitaria puede ser un centro estratégico para potenciar la salud pública, así lo señala la guía ‘Salud cardiovascular en la farmacia’, una nueva publicación, impulsada por la Fundación Bidafarma junto al Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (Imibic) y el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Córdoba, que aspira a potenciar la prevención y la educación sanitaria ante unas patologías que representan el principal desafío de salud pública actual.

La presentación de la guía en Madrid ha contado con la intervención de Lina Badimón, directora científica de la Fundación de Investigación Cardiovascular para la Promoción de la Salud y la Innovación, quien puso en valor la necesidad de reforzar el acompañamiento a los pacientes. Según destacó la experta, la prevención cardiovascular permaneció como un objetivo prioritario a nivel global, y la farmacia debió actuar como un foco de conocimiento en salud para las personas de su entorno.

Badimón subrayó que la relación estrecha que el farmacéutico mantiene con los ciudadanos permitió realizar una labor preventiva con información útil, práctica y adaptada a cada perfil individual. En un contexto donde las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la primera causa de muerte en el mundo, la disponibilidad de información rigurosa y comprensible en las oficinas de farmacia resultó fundamental para avanzar en la mejora de los indicadores de salud.

Cercanía y capilaridad asistencial

El valor de la farmacia comunitaria en este ámbito residió en su accesibilidad. Antonio Mingorance, presidente de Bidafarma, destacó que la presencia de farmacias en barrios y pueblos las convierte en el primer punto de contacto sanitario para la población. Esta red facilitó que los ciudadanos acudieran ante dudas sobre pautas terapéuticas, necesidad de control de la tensión arterial u orientación fiable sobre su estado de salud.

En la misma línea, Jesús Aguilar, presidente del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, incide en la posición privilegiada que ocupó la farmacia dentro del sistema nacional de salud. Aguilar recordó que cada día pasaron por las farmacias españolas 2,3 millones de personas, una cifra que permitió al profesional farmacéutico actuar con capilaridad en la mejora de hbitos y el control de la salud cardiovascular basados en la evidencia.

La directora de Relaciones Institucionales de la entidad promotora, Manuela Villena, señaló que la oficina de farmacia es un espacio de confianza donde la evidencia científica se transforma en una herramienta de utilidad diaria para la ciudadanía. La guía se configuró así como un soporte para que el farmacéutico liderase la promoción de la salud y el seguimiento farmacoterapéutico.

Formación técnica y nuevas herramientas

El documento presentado se estructura en 20 capítulos técnicos coordinados por investigadores del Imibic, especialistas del Hospital Universitario Reina Sofía y expertos del colegio cordobés. La guía aborda de forma integral la evaluación del riesgo cardiovascular, el estilo de vida, la hipertensión, la diabetes y la obesidad, además de patologías específicas como el infarto o el ictus.

Un aspecto relevante de la publicación es la inclusión de un capítulo dedicado a la inteligencia artificial aplicada a la salud cardiovascular, reflejando la evolución de las herramientas diagnósticas y de seguimiento. El contenido se diseñó para facilitar una comunicación fluida entre el profesional y el paciente, asegurando que el conocimiento científico se aplicase de forma efectiva en la vida cotidiana de las personas.

Finalmente, la obra cuenta con el aval científico de los prólogos de Valentín Fuster, del Mount Sinai Valentin Fuster Heart Center, y de la propia Lina Badimón, consolidándose como un manual de referencia para la práctica clínica en farmacia comunitaria.