El 4 de mayo de 1988 quedó grabado para siempre en la memoria del baloncesto valenciano. Aquel día, el entonces Pamesa Valencia consumaba un ascenso histórico a la élite, el ascenso a la liga ACB apenas en su segunda temporada de vida, sentando las bases de lo que con el paso de los años se convertiría en uno de los proyectos más sólidos del panorama nacional.
El punto de partida de aquella campaña ya anticipaba que algo estaba cambiando. El equipo dejaba atrás Mislata para instalarse definitivamente en el Pabellón Municipal de la Fuente de San Luis, la icónica Fonteta. Poco tenía que ver aquel recinto con el actual: más austero, sin anillo inferior y lejos de las comodidades modernas, pero con una identidad que empezaba a forjarse desde sus cimientos. Allí comenzó a construirse una conexión especial entre equipo y afición que sería clave en los momentos decisivos.
Antoni Serra al frente del banquillo
El club apostó fuerte también desde el banquillo con la llegada de Antoni Serra, un técnico de prestigio que había dirigido a equipos como el FC Barcelona, con el que incluso conquistó la liga. Su fichaje simbolizaba la ambición de una entidad que no quería ser pasajera en las categorías inferiores. Serra asumió el reto con una plantilla prácticamente nueva, en la que apenas sobrevivían Paco Guillén y Paco Pallardó respecto al curso anterior.
La reconstrucción fue profunda, pero acertada. Jugadores como Sergio Coterón, Jerry Herranz o un joven Roberto Íñiguez aportaron frescura y competitividad, mientras que Paco Solsona y Manu Rodríguez elevaban el nivel exterior. Sin embargo, como suele ocurrir en los proyectos en construcción, los ajustes no tardaron en llegar. El técnico no quedó satisfecho con el rendimiento inicial y tomó decisiones valientes: prescindió de Rodríguez y del estadounidense Larry Spicer, reconfigurando el equipo en plena marcha.
La entrada de Orlando Phillips, un ala-pívot intenso y con buena mano, resultó determinante. Junto a Clyde Mayes, uno de los reboteadores más dominantes que había pasado por la ACB, formó una pareja interior que dio equilibrio y solidez al conjunto. A partir de ahí, el equipo comenzó a crecer en confianza y resultados.
Mientras tanto, la Fonteta empezaba a latir con más fuerza. Aquella temporada germinó también una de las rivalidades más recordadas del baloncesto valenciano: los duelos ante el Llíria. Los enfrentamientos se cargaban de tensión tanto en la pista como en la grada, reflejando el auge del baloncesto en la Comunitat Valenciana durante aquellos años.

La plantilla del ascenso / vbc
Un equipo que se fue forjando jornada a jornada
El equipo fue ganando credibilidad jornada a jornada, pero hubo un punto de inflexión claro: la victoria en casa ante CajaMadrid, uno de los grandes aspirantes al ascenso. Aquel triunfo, cimentado en una actuación sobresaliente de Coterón, convenció definitivamente al vestuario de que el objetivo era alcanzable.
Quedaba, sin embargo, el obstáculo final: una eliminatoria ante el Metro Santa Coloma con el factor cancha en contra. No era un rival cualquiera. Los catalanes contaban con una plantilla competitiva y un pabellón complicado, además de figuras como Dan “Bingo” Bingenheimer, que pronto destacaría en la ACB, y la dirección desde el banquillo de Andreu Casadevall.
El primer partido, en Santa Coloma, marcó el carácter de aquel equipo. Pamesa Valencia resistió durante muchos minutos por detrás en el marcador, pero en un final de infarto logró darle la vuelta al encuentro. Aquella victoria, celebrada incluso por la peña Arròs Caldòs junto a los jugadores, fue mucho más que un triunfo: fue una declaración de intenciones.
La Fonteta dictaría sentencia. En el partido de vuelta, el pabellón presentó un lleno absoluto, con gradas improvisadas para acoger a una afición que no quería perderse la cita con la historia. El encuentro se mantuvo igualado, tenso, hasta que el equipo valenciano logró imponerse. El pitido final desató la locura: invasión de pista, abrazos, lágrimas y la certeza de haber logrado algo grande.
Aquel 4 de mayo de 1988, Pamesa Valencia sellaba su ascenso a la Liga ACB en tiempo récord. Más allá del logro deportivo, aquel éxito marcó el inicio de un crecimiento sostenido que llevaría al club, años después, a conquistar títulos nacionales y europeos. Pero todo empezó allí, en una Fonteta todavía por terminar, con un equipo valiente que supo creer antes que nadie.