“La última vez que escuché la voz de mi madre fue la noche antes del pasado 12 de diciembre, cuando la arrestaron por decimocuarta vez”, cuenta la hija de Narges Mohammadi. La Premio Nobel de la Paz de 2023, hoy con 54 años, ha dedicado toda su vida a la defensa de los derechos humanos en Irán. En total, ha pasado casi diez años en prisión, intercalados con breves episodios de libertad. Años que han tenido un alto coste personal y para su salud. Hoy permanece inconsciente en una cama de la unidad de cuidados coronarios de un hospital en la provincia de Zanyán, su ciudad natal, la misma donde se encuentra la cárcel en la que ha pasado los últimos 140 días.

Kiana y Ali Rahmani, sus hijos mellizos de 20 años, respondieron a preguntas de EL PAÍS a través de un intermediario que negarle a su madre el acceso a una atención cardíaca adecuada “va mucho más allá de la negligencia”. Para Ali, no trasladarla a un hospital en Teherán para un diagnóstico adecuado y atención especializada constituye “una forma deliberada de tortura”. Pese a su grave estado de salud, recibe apenas cuidados básicos como una mascarilla de oxígeno y monitorización.

Narges MohammadiKiana y Ali Rahmani delante de un retrato de su madre, Narges Mohammadi, en la ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz, en Oslo (Noruega), en diciembre de 2023. FREDRIK VARFJELL (AFP)

Según relatan, todas sus solicitudes de atención médica fueron rechazadas, a pesar de que su madre tiene un corazón frágil con un stent e hipertensión, además de sufrir cuadros de dolores de cabeza diarios y dolor constante en el pecho acompañado de náuseas.

El coste del activismo de Mohammadi no ha sido solo físico: también ha marcado profundamente su vida personal y familiar. Cuando su esposo, el periodista y activista Taghi Rahmani, se despidió de ella en 2012 para partir al exilio en París, nunca imaginó que estar distanciados se alargaría por tanto tiempo. “Uno se casa para estar al lado de alguien, y no poder estar juntos es otra presión más. Se soporta, pero es muy difícil”, relata Rahmani en una videollamada. Él mismo pasó 14 años en prisión en Irán, mientras Mohammadi luchaba por su libertad y la de otros presos políticos.

El activismo fue lo que unió a Mohammadi y Rahmani cuando se conocieron en 1996 y es también lo que hoy los mantiene separados.

Cuando en 2011 le propuso salir de Irán, ella decidió quedarse. “Insistí mucho y esperé un año. Durante ese tiempo incluso sufrí un ataque: una moto me atropelló y se dio a la fuga. Querían matarme. Ella insistía en que yo saliera de Irán. Le pedí que viniera conmigo, pero no quiso. Después dijo: ‘No sé cómo hacer activismo fuera del país, no me gusta’. Y la verdad es que lo entiendo, tiene razón”, explica Rahmani. Para él, la distancia y los 14 años que los separan son consecuencia de la “injusticia” provocada por el régimen.

Taghi Ramahi posa con una foto sin fecha en la que aparecen él y su esposa, durante una entrevista en su domicilio de París, Francia, el 6 de octubre de 2023. CHRISTIAN HARTMANN (REUTERS)

Uno de los recuerdos más preciados que conserva Rahmani es de un día en que ninguno de los dos estaba en prisión. “Nuestros hijos eran pequeños. Estábamos en Teherán, lloviznaba suavemente. Yo propuse entrar a un restaurante a comer, por primera vez. Ella dijo: ‘No hace falta, comamos aquí mismo unos sándwiches’. Por aquel breve momento, había menos presión psicológica y menos vigilancia. Había tranquilidad… Aunque después todo volvió a convertirse en una tormenta”, relata.

Esa separación también ha marcado la relación con sus hijos. “Han pasado casi diez años desde la última vez que pude verla o abrazarla. Durante gran parte de mi vida, mis padres han estado en prisión”, cuenta Kiana.

“Crecer sin mi madre ha sido profundamente doloroso”, complementa su hermano mellizo, Ali. Aun así, asegura que su vínculo con ella siempre ha sido muy fuerte. “Desde que tenía unos cinco años entendí que en ella había una ‘segunda mujer’, alguien que lucha por el derecho a la vida, la dignidad y la libertad”, explica. Ambos comparten la presidencia de la Fundación Narges Mohammadi, con sede en París. Con su madre constantemente amenazada y encarcelada en varias ocasiones, se unieron a su padre en el exilio hace diez años, cuando aún eran niños.

Mohammadi fue encarcelada por primera vez cuando aún era estudiante de Física en la Universidad Internacional de Qazvin, donde inició su activismo. Desde entonces, ha pasado por diez juicios y ha recibido diez condenas a varios años de prisión. De la última, dictada en febrero tras su arresto de diciembre, aún le quedan 18 años por cumplir. Enfrenta cargos como “reunión y conspiración contra la seguridad nacional” o “propaganda contra el Estado”.

El marido de Narges Mohammadi, Taghi Rahmani, y sus hijos, Ali y Kiana Rahmani, tras firmar el libro de visitas en el Instituto Nobel de Oslo (Noruega), el 9 de diciembre de 2023.NTB (via REUTERS)

Kiana afirma que su hermano, su padre y ella hacen todo lo posible por mantener viva la voz de su madre fuera de Irán. A pesar de todo y de los recuerdos de arrestos presenciados en primera persona, sus memorias de ella como madre están llenas de amor y calidez. “Cuando estaba con nosotros, estaba completamente presente. Reíamos mucho y jugábamos juntos”.

“Yo traté, en medios en persa y también a nivel internacional, de reflejar constantemente su situación de injusticia y sus actividades. Narges tiene una característica: intenta ser la voz de quienes no la tienen”. Para Rahmani, apoyar a Mohammadi es apoyar a todos los presos políticos “porque ella quiere ser la voz de todos ellos”, añade. Recuerda que el régimen se está aprovechando de la situación de guerra para acelerar la ejecución de muchos presos políticos.

Aun así, teme por su vida. “Estamos realmente preocupados, porque la resistencia del régimen en estas condiciones puede poner seriamente en peligro la vida de Narges”, advierte.

Desde el exilio, su hija Kiana resume el deseo de la familia: “Esperamos poder reunirnos con nuestra madre, volver a abrazarla, que pueda visitarnos en París”. Añade que, además de la liberación de los presos políticos, desea que otros niños no tengan que vivir una situación como la que ella ha sufrido durante tantos años: “Que no sean separados de sus padres de esta manera”.