Las redes sociales se han vuelto el principal canal de socialización de los jóvenes en España. El 79% de los españoles entre los 15 y los 29 años asegura usarlas “de forma masiva” como su vía para relacionarse, también para informarse y entretenerse. Sin embargo, cuando se les pregunta si los menores de 16 años deberían acceder a ellas, 6 de cada 10 responde que no. Que habría que prohibir el acceso a los menores a las redes sociales.
El dato lo arroja el informe Código 505, publicado este martes por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud, un estudio basado en encuestas a 1.500 jóvenes acerca de las ciberviolencias que viven en el entorno digital. Las motivaciones para vetar el uso de las redes sociales en menores de edad se explican desde una de las cifras más relevantes de la medición: el 57% de los jóvenes encuestados ha sufrido algún tipo de agresión digital en el último año.
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La edad es el factor que más condiciona la exposición. Entre los adolescentes de 15 a 19 años, el porcentaje de víctimas sube al 69%. Es también entre los adolescentes donde más se admite haber ejercido conductas violentas: el 32% reconoce haber agredido, frente al 20% entre los mayores de 24. El stalking (acoso en internet), el control por parte de la pareja, los insultos, la difamación y los discursos de odio son las formas más frecuentes. De los encuestados, el 71% asegura haber estado expuesto a la ciberviolencia, ya sea como víctima directa o como testigo en su entorno cercano.
Anna Sanmartín, la directora de Investigación de Fad Juventud, ha explicado que esta elevada cifra se entiende porque existen conductas violentas que se han normalizado en el ámbito digital, con repercusiones que van más allá de las redes sociales. El 58% de las víctimas declara haber sufrido algún impacto emocional o en su vida cotidiana. Uno de los datos que ha resaltado la investigadora ha sido que el 29% de quienes recibieron algún tipo de agresión digital no hizo nada, principalmente porque no lo consideró grave o lo asumió como algo normal en internet.
La directora de Talento para el Futuro, Elsa Arnaiz, ha resaltado que “en un clima de constante confrontación en el mundo, donde nadie quiere ver happy clips (vídeos felices) y flores, se ha permitido que la violencia sea el lenguaje para expresar ideas y pensamientos, de relacionarse con el otro». De ahí uno de los datos más relevantes de la investigación: El principal agresor, de quienes han experimentado ciberviolencia, es la pareja (43%), seguido de desconocidos (36%) y pares (28%). El 18% de las víctimas asegura que ha sufrido agresiones por las mismas personas tanto online como offline.
A pesar de esta exposición habitual a la violencia en redes, los insultos o el acoso son las conductas que más preocupan a los jóvenes en internet. Lo que más preocupa es ser víctima de la difusión no consensuada de imágenes íntimas (un 48%) y evitar los fraudes o las estafas online (45%). Desde Fad Juventud proponen la campaña de concienciación y sensibilización “Desconecta la ciberviolencia”. La directora de Comunicación, Beatriz Pestaña, ha señalado que la idea es que, a través de la visibilización de las distintas formas de violencia digital, quienes la ejercen reconozcan su actuar como una agresión y quienes la permiten como espectadores comiencen a mostrarse en desacuerdo, contribuyendo así a frenar la práctica.
Las soluciones para luchar contra la ciberviolencia son un debate abierto. A pesar de que el 61% de los jóvenes consultados aseguran que la mejor manera de evitar la exposición a estas agresiones es la restricción al acceso, el 84% considera que la situación mejoraría con canales fáciles de denuncia en las plataformas, o que las mismas compañías detecten y eliminen de manera inmediata los contenidos violentos de las redes.
El pasado febrero, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lanzó un ambicioso plan para frenar a las grandes plataformas tecnológicas y garantizar un entorno digital seguro. Una de las medidas con mayor impacto potencial fue justamente la prohibición del acceso a redes sociales a los menores de 16 años. Una restricción que Australia aprobó a finales de 2024, a la que Francia se sumó en enero de este año y, que en Reino Unido lleva meses en debate en el Parlamento.