Un nuevo informe de la organización de derechos humanos Transnational Justice Working Group (TJWG) ha revelado un fuerte aumento de ejecuciones en Corea del Norte vinculadas a la cultura extranjera, la religión y la «superstición».
La oenegé con sede en Seúl analizó ejecuciones antes y después del cierre de fronteras decretado en enero de 2020 por el líder norcoreano Kim Jong-un, oficialmente, para proteger al país del COVID-19. Para su investigación, entrevistó a 880 desertores del régimen.
Según el informe, 153 personas fueron condenadas a muerte en Corea del Norte entre enero de 2020 y diciembre de 2024 por distintos cargos, lo que representa un aumento de casi el 250 por ciento con respecto al período equivalente anterior al cierre de fronteras.
El incremento es aún más marcado en los casos relacionados con cultura, religión -incluida la posesión de una Biblia- y «superstición». Tras enero de 2020, en menos de cinco años, 38 personas fueron condenadas a muerte por estos motivos, frente a siete en el mismo período previo.
«Antes del cierre de fronteras, el asesinato era el delito capital más frecuente», señalaron los activistas. En los últimos años, en cambio, «el foco se ha desplazado hacia delitos relacionados con la cultura y la información extranjera, como películas, series y música surcoreanos».
Consumo de cultura extranjera, pese a la represión
Expertos afirman que este giro refleja una creciente disposición del régimen de Kim Jong-un a utilizar la fuerza letal para garantizar la lealtad y sofocar cualquier signo de descontento. Aun así, grandes cantidades de contenido extranjero siguen circulando dentro del país.
«Ya es demasiado tarde para que el régimen norcoreano vuelva a meter a este genio en la botella», dijo Greg Scarlatoiu, director del Comité por los Derechos Humanos en Corea del Norte. «La represión se intensifica y el número de leales al régimen está disminuyendo. La violencia se está convirtiendo en su principal herramienta».
Según el experto, «los hijos e hijas de la élite norcoreana en zonas urbanas están ‘enganchados’ a la cultura pop surcoreana de contrabando y a películas de acción estadounidenses. Arriesgan la vida para acceder a esa información».
En 2018, el propio Kim Jong-un pareció mostrar cierta apertura al asistir a un concierto de artistas surcoreanos, pero ese período de «diplomacia del k-pop» parece haber quedado atrás.
Ejecuciones públicas como advertencia
En enero de 2022, una mujer de unos 20 años y su pareja fueron ejecutados públicamente en la provincia de Pyongan del Sur por ver y compartir películas y series surcoreanas, según el medio con sede en Seúl Daily NK.
La mujer era hija de un alto funcionario del Ministerio de Seguridad del Estado, pero eso no evitó su ejecución. El resto de su familia fue enviado a un campo de prisioneros políticos.
Alrededor de 300 residentes locales fueron obligados a presenciar la ejecución. Unas 20 personas acusadas de haber recibido o compartido el material audiovisual tuvieron que sentarse en primera fila y luego fueron arrestadas.
«Es espeluznante, pero no sorprende», dijo a DW Song Young-chae, académico y activista de la la Coalición Mundial para Detener el Genocidio en Corea del Norte.
«Son los métodos que utiliza el régimen para ejercer control. Y si perciben que lo están perdiendo a medida que más norcoreanos ven películas del exterior, la única herramienta que les queda es más violencia», señaló.
Durante años, activistas surcoreanos utilizaron globos para enviar a Corea del Norte series, películas, música y material propagandístico.Imagen: Ahn Young-joon/AP/picture alliance
«El régimen teme los videos musicales y los programas de televisión porque muestran a la población cómo es el mundo fuera de sus fronteras y desmontan la idea de que viven en un paraíso», agregó.
Críticas a la prohibición de propaganda con globos
Gran parte de este contenido extranjero llega al país gracias a activistas que lo almacenan en memorias USB y lo envían a través de la frontera con globos. Sin embargo, el año pasado Corea del Sur prohibió esta práctica, en un intento del presidente Lee Jae-myung de mejorar las relaciones con Pyongyang.
Para Song, la decisión es «un gran error».
«Esta era una de las principales demandas del gobierno en Pyongyang, por lo que queda claro que dar acceso a la información a la población alarma al régimen», afirmó. «Si realmente queremos ayudar a la gente en Corea del Norte, tenemos que facilitarle un mayor acceso a la información.»
Scarlatoiu también calificó la medida como un «error de proporciones épicas».
«Crecí en la Rumania comunista. Entiendo el poder de la información del exterior. Hasta el 80 por ciento de los rumanos no confiaba en la propaganda del régimen y se informaba a través de emisoras como Deutsche Welle, BBC, Voice of America y Radio Free Europe. Todas jugaron un papel crucial en la caída del régimen de Nicolae Ceaușescu en diciembre de 1989», recordó.
«Los norcoreanos deben conocer la historia de una Corea del Sur próspera, libre y democrática. Y eso solo puede lograrse mediante globos con folletos y otros canales limitados», concluyó.
(md/cp)