El sur de India lo ha vuelto a hacer. Un héroe de película, Vijay, acaba de dar un salto mortal desde la gran pantalla hasta el ruedo político, barriendo a sus contrincantes. El Partido de la Victoria Tamil (TVK), que fundó hace un par de años, ha conquistado casi la mitad de los escaños en su estado de Tamil Nadu, según el escrutinio del lunes. Vijay -que significa “victoria”- gobernará.
El villano, en su caso, se llamaba convenientemente M.K. Stalin, jefe de gobierno tamil -su padre lo fue antes que él- desde hacía un lustro. El bueno de Stalin no contaba con que su famoso bigote pudiera ser derrotada por la simpática barba de un comediante. S. Joseph Vijay -nombre de pila del bailarín y actor – ha compensado su flagrante inexperiencia política con los logros de los personajes a los que da vida. Véase al justiciero que defiende a campesinos frente a especuladores o a las víctimas de la extorsión de hospitales sin escrúpulos.
Además, Vijay ha engrandecido su aura con promesas concretas para el indio de la calle. Desde una mensualidad de 24 euros para las amas de casa a seis bombonas gratis por familia. Aunque sus más fervientes seguidores son los jóvenes.
Su aspecto juvenil -a sus 52 años- y sus dotes de comunicación tienen que ver con ello. Un chorro de aire fresco en el debate político tamil, que lleva seis décadas dándole vueltas a los mismos temas. La corrupción enquistada -DMK y su escisión AIADMK se alternan desde los setenta- ha hecho el resto.
Solo Vijay podía prometer de una tacada un ministerio de IA, una universidad de IA y una ciudad de IA. Nadie sabe qué significa, pero no menos vaporosa es la ideología de su partido. Por mucho que exhiba iconos del racionalismo dravídico, como Periyar y clásicos de la lucha contra el sistema de castas, como Ambedkar.
Algo que no le ha evitado acusaciones de ser un submarino del BJP del primer ministro Narendra Modi (que allí solo ha rascado tres escaños). Sí es cierto que su plataforma es mucho más transversal que otras e incluye a algunos brahmanes, la casta dominante, denostada por sus rivales de DMK y AIADMK. Factor que en las últimas décadas ha llevado a cientos de miles de brahmanes tamiles a buscar nuevos pastos en Silicon Valley y sus alrededores.
A Vijay hay que reconocerle cintura en sus coreografías y también ante la adversidad. Hace seis meses, tuvo a sus simpatizantes siete horas esperándole en un mitin y cuando llegó la avalancha humana causó 41 muertos y 100 heridos. Aun así, ni él ni nadie de su partido se acercó al hospital. Desapareció durante 72 días, del mismo modo que evita las entrevistas que puedan aclarar su ideario.
Tampoco lo tenía fácil por su perfil biográfico: S. Joseph Vijay, como indica su nombre, es cristiano en un estado hindú en un 88%. Sin embargo, cuando sus adversarios intentaron utilizarlo, sus fans añadieron “Joseph” en sus propios perfiles en internet para demostrar que no les importaba.
Su padre es católico y su madre hindú, algo excepcional en India. Pero nada es imposible en el cine, donde el primero es director y la segunda graba canciones. Hasta ahí el rupturismo. La sociedad tamil es tradicional y entre las promesas de Vijay figura la entrega de 8 gramos de oro para la dote de novias sin recursos y “un sari bueno de seda”. “Vijay nos protegerá”, dice una.
Adiós al Stalin indio. M.K. Stalin, líder del Dravida Munnetra Kazhagam (DMK), (en la foto, durante la campaña) ha sido descabalgado del poder en Tamil Nadu (75 millones de habitantes). Su nombre no es ningún apodo. Se lo puso su padre -y predecesor- M. Karunanidhi. R. SATISH BABU / AFP
No es la primera vez que Tamil Nadu, capital Madrás, se decanta por un actor para la comedia política. El estado fue pionero en India y quizás en el mundo al elevar a la jefatura de gobierno, en los setenta, al actor MG Ramachandran, que además del bigote preceptivo lucía gafas de sol. MGR -como era conocido- gobernó durante varias legislaturas y tras su muerte, no fue su esposa quien le sucedió en el partido, sino su favorita, Jayalithaa. Otra actriz que, como él, moriría en pleno ejercicio del poder.
Ahora bien, el propio MGR, antes de fundar el AIADMK, se había curtido durante veinte años en el DMK. No es el caso de Vijay, que solo se ha fogueado en el cine con pistolas de plástico, por mucho que su apodo sea Thalapathy (comandante). Algo que no parece generar alarma en Tamil Nadu, aunque la mitad de sus jóvenes vayan a la universidad.
El símbolo del TVK es un silbato y al citado Stalin deberían haberle pitado los oídos mientras estaba a tiempo. Pero solo una encuesta previó un tsunami parecido, que deja al TVK a apenas 9 escaños de la mayoría absoluta, con varios compañeros de baile para elegir. El bigote de Stalin ya es historia. Kollywood -el Bollywood tamil-se lo afeitó. Ahora además de bailar habrá que gobernar.
