El asma, siendo una de las enfermedades más antiguas y conocidas por la sociedad, es una de las grandes infravaloradas. Unas tres millones de personas en España sufren esta enfermedad que es altamente discapacitante y provoca entre 1.000 y 1.200 muertes al año. “No estamos hablando solo de episodios puntuales de disnea o de tos, sino de síntomas persistentes que afectan al descanso nocturno, a la actividad diaria y, en muchos casos, al estado emocional”, explica a ConSalud.es la Dra. Patricia García Sidro, neumóloga del Hospital General Universitario de Castellón.

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Aunque con la medicación inhalada muchos pacientes se mantienen controlados y con una buena calidad de vida, entre un 3 y un 5 % de todos los pacientes asmáticos sufren asma grave. Su abordaje es complejo y en muchos casos no existe un control correcto de la enfermedad. De hecho, según datos aportados por la Dra. Cleofé Fernández Aracil, neumóloga responsable de la Unidad de Asma Bronquial Grave del Hospital Doctor Balmis, el asma grave o asma grave no controlada supone el 10 % de la población asmática, pero que toma el 70 % de los recursos. “Estos pacientes generan una gran parte de la carga asistencial y del coste sanitario, precisamente por la dificultad para conseguir un buen control de la enfermedad, la mayor frecuencia de exacerbaciones y el uso intensivo de recursos sanitarios”, afirma la Dra. García Sidro.

Los pacientes con asma grave presentan distintas patologías asociadas, unas comorbilidades que van desde enfermedades de origen inflamatorio a problemas de salud mental. Según un estudio publicado en 2019 en ‘The Journal of Allergy and Clinical Immunology’, el 24 % de los pacientes con asma presentan ansiedad, un problema de salud mental que, según los autores, ha mostrado una influencia casi cuatro veces mayor sobre el control del asma en comparación con la depresión. Y en los casos de asma grave, la ansiedad aumenta. “No es raro encontrar patología psicológica o psiquiátrica asociada, muchas veces infradiagnosticada y, por tanto, infratratada”, indica la neumóloga de Castellón.

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“Es muy frecuente que se asocie a rinosinusitis crónica con pólipos nasales, obesidad, reflujo gastroesofágico, vasculitis, bronquiectasias o apnea obstructiva del sueño»

Una investigación en el Hospital Doctor Balmis, descubrió que de los pacientes con asma grave que tratan el 70 % presentan ansiedad sin diagnosticar. “En muchos casos se plantea un auténtico dilema de “huevo o gallina”: no siempre es fácil saber qué aparece primero, si la carga que conlleva la propia enfermedad respiratoria y su impacto emocional, o si un estado emocional más vulnerable o un entorno desfavorable contribuyen al descontrol del asma”, explica por su parte la Dra. García Sidro.

Los pacientes viven con miedo, lo que genera un círculo vicioso. “Reducen su actividad por la disnea, aparece desacondicionamiento físico, lo que a su vez empeora la sensación de falta de aire, limita aún más la movilidad y termina afectando también a su vida social, generando aislamiento e incluso sensación de incomprensión”. Favoreciendo así la falta de control.

EL ABORDAJE INTEGRAL

Aunque el asma grave es un grupo pequeño dentro de todos los pacientes asmáticos, se trata de una patología con unos mecanismos que le hace “resistente al tratamiento convencional y que, además, se asocia con mucha frecuencia a otras patologías que comparten síntomas”, explica la Dra. Cleofé Fernández Aracil. “Es muy frecuente que se asocie a rinosinusitis crónica con pólipos nasales, obesidad, reflujo gastroesofágico, vasculitis, bronquiectasias o apnea obstructiva del sueño. A ello se suman, como ya hemos comentado, patologías psico-psiquiátricas como la ansiedad o la depresión”, subraya la Dra. García Sidró.

Estas patologías complican el abordaje al compartir mecanismos inflamatorios o ser enfermedades o condiciones de salud que se retroalimentan entre sí. “La principal dificultad es que requieren un abordaje integral. No basta con tratar el asma de forma aislada, porque si no se controlan adecuadamente estas condiciones asociadas, el paciente seguirá mal. Además, algunas de ellas presentan tratamientos complejos o respuestas variables, lo que obliga a individualizar mucho cada caso”, continúa la experta.

“Queda mucho por hacer en el abordaje de las comorbilidades, que son determinantes en el mal control del asma”

En este sentido, las Unidades de Asma Grave son claves al permitir el abordaje integral y facilitar una valoración más completa, un diagnóstico más preciso de los distintos fenotipos de asma y una mejor selección de tratamientos, especialmente de las terapias biológicas, además, mejora la adherencia y el seguimiento. Desde el año 2015 la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) ha acreditado más de 40 unidades de asma grave, de las cuales 25 son unidades de excelencia. Por su parte, desde la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) ha acreditado hasta el momento alrededor de 70 unidades de asma (20 unidades especializadas de alta complejidad, 27 unidades especializadas y 20 unidades básicas). No obstante, no es suficiente.

“No todos los hospitales disponen de estas unidades, ni siquiera todas las ciudades cuentan con ellas, y entre las que existen hay una gran variabilidad en cuanto a recursos, organización y protocolos. En muchos casos, funcionan gracias al esfuerzo de los propios profesionales, adaptándose a las limitaciones estructurales y a la falta de apoyo administrativo”, incide la neumóloga del Hospital General de Castellón

Junto a esta realidad, persisten muchas lagunas en el abordaje de esta enfermedad, pese a los avances en terapias biológicas y la mejora en el control y la reducción de las exacerbaciones. “Queda mucho por hacer en el abordaje de las comorbilidades, que son determinantes en el mal control del asma”, indica la Dra. Patricia García Sidró. “Aspectos como la obesidad o el sedentarismo siguen siendo clave y, en ocasiones, infratratados”, concluye.

*Los contenidos de ConSalud están elaborados por periodistas
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