Tubos Reunidos ha presentado el concurso voluntario de acreedores en el juzgado competente de Álava, ante la situación de insolvencia inminente por las tensiones de tesorería que viene arrastrando y que se han agudizado en los últimos meses por los aranceles comerciales impuestos por Estados Unidos, su principal mercado de exportación, a las empresas europeas; y por la huelga indefinida de los trabajadores de su planta de Amurrio desde el 15 de marzo, que ha paralizado la producción y ha complicado cumplir con los pedidos ya comprometidos. Tubos Reunidos, fabricante de tubos de acero sin soldadura con sede en Amurrio (Álava), es un referente en el sector siderúrgico para aplicaciones industriales de alta exigencia (petróleo y gas, petroquímica y refino, generación de energía y nuclear —power gen—, y energías renovables de nuevageneración).

Todo ello, además, en el contexto de fuertes subidas de los costes energéticos de producción en un sector electrointensivo, agravado por la guerra en Irán y el cierre del estrecho de Ormuz. Como consecuencia de la decisión empresarial, el regulador y supervisor del mercado bursátil, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha suspendido la cotización de sus acciones.

El consejo de administración de la compañía, con 134 años de historia, explica que no se ha podido garantizar el plan de viabilidad en el que trabajaba desde hace meses. Durante meses se ha buscado un socio industrial que permitiera poner en marcha la refinanciación de la empresa, así como una quita de parte de su deuda que por el momento tampoco se ha logrado. La empresa presentó en el último ejercicio unas pérdidas de 118,1 millones de euros.

Ahora la incertidumbre sobre el futuro de la empresa es total, y se dirimirá en el juzgado con la figura de un administrador concursal nombrado por el juez como supervisor del consejo de administración de la compañía; y en las posibles negociaciones con los acreedores, con el objetivo de evitar la liquidación y alcanzar un convenio de acreedores que evite el cierre final de la histórica siderúrgica alavesa.

La firma vasca arrastra una deuda neta de 263,2 millones de euros. Y su principal acreedor es el Estado: le debe 150 millones de euros a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), que ahora deberá sentarse a negociar con la empresa. El origen de esta deuda es un préstamo de 112,8 millones de euros concedido por el gobierno español en 2021 a través del Fondo de Apoyo a la Solvencia de Empresas Estratégicas. La deuda no ha sido devuelta y los intereses acumulados han elevado la carga de este préstamo, estimándose que la deuda con la SEPI ronda los 150 millones de euros. La posible negociación de una quita con el Estado se vería además condicionada por la causa que instruye la Audiencia Nacional, que investiga presuntas irregularidades en la concesión del rescate original de 2021.

El Gobierno vasco ha expresado públicamente, tras conocerse la declaración de concurso voluntario de la empresa, que ha sido imposible evitarlo y ha llamado a trabajar de manera cooperativa para asegurar la continuidad de la histórica compañía. Y lo más importante, la consejería de Industria, Transición Energética y Sostenibilidad, liderada por Mikel Jauregi, añade que se abre una nueva etapa para Tubos Reunidos, que debe priorizar la continuidad de la actividad industrial y el empleo de la empresa mientras se aborda «paralelamente la reestructuración de la deuda, el diseño de un proyecto sólido que permita construir una empresa viable en el medio y largo plazo, y se buscan nuevos inversores dispuestos a apostar por ello».

Proceso de laminado en caliente en la planta de Tubos Reunidos en Amurrio (Álava), unidad que la compañía mantiene operativa. Firma: Tubos Reunidos

De momento ese posible socio industrial fuera o dentro de sus accionistas no ha llegado. Las principales participaciones en la siderúrgica vasca las tiene el BBVA con un 9% de los títulos, aunque ha reducido su peso respecto a tiempos pasados. La familia Zorrilla Lequerica Puig posee el 10,2% de los títulos. El resto se reparte en bolsa y entre otros socios históricos de Neguri, como algunos miembros de la familia Ybarra con más del 6%; y Joaquín Gómez de Olea Mendaro, miembro de otra saga empresarial de gran peso (fundadores de Elecnor, donde tiene la propiedad mayoritaria) con el 6%. El actual presidente no ejecutivo de Tubos Reunidos es Joaquín Fernández de Piérola desde el pasado mes de enero, y la gestión está a cargo del CEO Carlos López de las Heras.

Hasta hace unos días, la empresa contaba con el respaldo técnico en el consejo (de la mano de la familia Zorrilla Lequerica) de Cristóbal Valdés, actual CEO del grupo aceitero español Deoleo, quien presentó su renuncia voluntaria el pasado 27 de abril alegando motivos profesionales, en un movimiento que el mercado interpretó como el preludio del actual concurso.

En el entorno industrial vasco siempre suena como posible socio de Tubos Reunidos el nombre de Sidenor, cuyo propietario mayoritario es José Antonio Jainaga (también socio y presidente de Talgo), como posible consolidador del sector en Euskadi. Una fusión o absorción de activos podría ser la vía para mantener el empleo y el saber hacer técnico.

La compleja situación a la que ha llegado Tubos Reunidos, con la puntilla de los aranceles (entre el 25% y el 50%) en su principal mercado, el estadounidense; el alza de los costes energéticos y la conflictividad laboral y enfrentamiento con los sindicatos que no ayudan a encontrar posibles inversores, se suma un telón de fondo que es común a todo el sector del acero. La Unión Europa intenta proteger el sector gravando las importaciones que no pagan por CO2, pero la industria local, como Tubos Reunidos, sufre porque sus costes de energía y derechos de emisión son mucho más altos que los de sus competidores productores en otras latitudes.

La producción de acero en el Viejo Continente ha caído casi un tercio desde la crisis financiera de 2008. En 2025, la producción cayó a un nuevo mínimo histórico de 125,8 millones de toneladas, mientras potencias como China no paran de aumentar su capacidad productiva. En el tercer trimestre de 2025, las importaciones alcanzaron una cuota récord del 29% del mercado europeo.

Haces de tubos de acero sin soldadura de Tubos Reunidos listos para su expedición. Firma: Tubos Reunidos

De forma paralela, según datos de la Comisión Europea publicados a finales del pasado año, en 2024 el sector siderúrgico del Viejo Continente registró su peor margen operativo desde la crisis de 2008 debido a la combinación de altos costes energéticos y el desplome de la demanda de la automoción. Tubos Reunidos no es un caso aislado: gigantes como Thyssenkrupp o ArcelorMittal también han llevado a cabo recortes drásticos y paradas de plantas en Europa por falta de rentabilidad operativa.

Y las previsiones de la patronal europea Eurofer no son halagüeñas: se estima un crecimiento del consumo del 1,3% para este año 2026, pero la propia organización lo define como un crecimiento técnico engañoso. No es que haya más pedidos reales, es que los niveles de 2024 y 2025 han sido históricamente bajos y explican esa pequeña mejora porcentual en la actividad. Esta entidad no deja de denunciar también el dumping de China (vender por debajo de coste) que afecta a las industrias europeas del sector.

Con su entrada en concurso de acreedores no sólo está en riesgo la actividad de Tubos Reunidos, sino la de toda la gran red de proveedores locales de suministros y talleres de mecanizado auxiliares en el Valle de Ayala para su mayor planta, la de Amurrio; y en el Gran Bilbao para su estratégico centro de producción de productos tubulares en Trapagaran (Vizcaya).

Entre los grandes afectados por la situación de Tubos Reunidos se encuentran también los trabajadores de su plantilla. Antes de comenzar el proceso de reestructuración de personal, la empresa contaba con 1.217 empleados. La dirección planteó en febrero de este año un expediente de regulación de empleo (ERE) para 301 empleados, aunque finalmente se quedó en 285 trabajadores (casi una cuarta parte de la plantilla, el 23,4%). De ese total, 222 de la planta de Amurrio y 63 de la de Trapagaran. De ellos, 205 se han formalizado a través de bajas voluntarias y 80 se han reducido a través de contratos eventuales no renovados.

La decisión de la empresa supone el cierre de la acería del centro de Amurrio, la unidad de la fábrica donde se funde el acero para crear el material base. La dirección argumenta que ya no es rentable fabricar su propio acero debido a los altos costes de la energía y las emisiones de CO2, pero el plan contempla, a la espera de los acontecimientos a partir de la entrada en concurso de la siderúrgica, que el resto de la fábrica, es decir, el laminado y el acabado de tubos sigan en funcionamiento. Se busca un cambio en el modelo de negocio, de fabricante integral a transformador de acero comprado a terceros para ahorrar costes energéticos. La compañía ya decidió cerrar el pasado año su fábrica en Estados Unidos.

Ahora, con la acería de Amurrio ya apagada y el negocio exterior replegado, Tubos Reunidos inicia una travesía por el desierto judicial con una estructura algo más liviana, pero con el peso de la deuda y la incógnita de si algún socio creerá en el proyecto del equipo directivo para inyectar la inversión necesaria para el saneamiento económico de la compañía y la metamorfosis del negocio.