En uno de los últimos episodios de SER Historia nos trajo una parte de la vida de uno de las grandes figuras de la historia de nuestro país, Francisco de Goya, pero más allá de hacer un repaso de sus virtudes, que también, se centró en la relación que tuvo este con la Inquisición española. Esto se produjo en el contexto de una entrevista a Luis Zueco, quien ha publicado este año ‘El juicio: La Inquisición contra Goya’, libro en el que explica cómo vivió el pintor la persecución que sufrieron los ilustrados, y más concretamente él, cuando estuvo instalado en Madrid entre los siglos XVIII y XIX. El escritor ponía un poco de contexto diciendo que «la ilustración había llegado muy bien a España», habiéndose instaurado con Carlos III y teniendo tras esto «una serie de gobiernos bastante ilustrados», sin embargo, «lo que ocurre a finales del XVIII y principios del XIX es que el segundo gobierno de Godoy ya está en retroceso».
Zueco afirma que hay como una especie de purga de intelectuales donde «han caído los grandes ilustrados», poniendo como ejemplo que Gaspar Melchor de Jovellanos «está encarcelado en Palma de Mallorca, en el castillo de Bellver», porque aunque asegura que los ilustrados no se encontraban perseguidos como tal, sí estaban «mal vistos», y claro, entre ellos estaba el genio. Explicaba que la Inquisición, en esa época, no es aquella de antaño «de los grandes autos de fe que podemos imaginarnos», sino que está en plena decadencia. De hecho, afirma que hay mucha gente que le pregunta cómo existía aún a principios del siglo XIX, pero así es, «desgraciadamente todavía existe, pero totalmente anacrónica, en decadencia», aunque asegura que aún tiene algo a su favor: el miedo. Uno que llegaría incluso al protagonista de esta historia.
El temor de Goya
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Ese miedo que todavía genera esta institución es un gran arma para este contexto histórico, porque como nos contaba el escritor, «hay que tener en cuenta que el gran peligro de esta época, sobre todo para la monarquía, son las nuevas ideas que llegan del otro lado de los Pirineos, de la Revolución Francesa», por lo que la Inquisición debía de hacer algo para que no proliferaran, y el temor era un gran método. Utilizaban su «red de familiares, que es como se conocía a esos confidentes que firmaban un contrato privado con la institución, que le daba ciertas ventajas», pues esos confidentes les servían «para controlar las ideas, para controlar a estos ilustrados, como Goya, como Moratín», y aunque ya no hacían uso de los autos de fe y no iban a matarlos, «sí que te podían arruinar socialmente».
Ese era el gran temor que sentía Goya en esa ‘convivencia’ con la Inquisición, porque su miedo es que consiguieran que no volviera a pintar un cuadro en su vida. Y es que, como apuntaba Nacho Ares, aunque «el poder es relativamente menor, en muchas ocasiones el qué dirán y sentirse señalado quizá era el principal baluarte de esta institución en decadencia», que a pesar de ello, «todavía seguía teniendo mucho poder», pues era una sociedad «donde el reflejo social, no solamente para las clases más elevadas sino también para las inferiores, de sentirse señalado, de sentirse cuestionado, todo eso da quizá cierto respaldo a la Inquisición», pues como recordaba Zueco, todavía estaban en el Antiguo Régimen, algo que «hay que tenerlo en cuenta claramente», porque la Inquisición aún contaba con muchísima fuerza socialmente.

Goya y la Inquisición
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Dos obras para denunciar a la Inquisición
Esa fuerza era por todos sabida, pero «Goya, como ilustrado, lo que ve es que el país va mal, está en retroceso», puesto que observa cómo «en vez de venir las nuevas ideas, las estamos echando». Es la motivación principal de ‘Los Caprichos’, para intentar destapar y atacar todas las desigualdades, abusos e ignorancia que hay en esta época. El escritor contaba que «la Inquisición se aprovecha un poco de la ignorancia del pueblo», así que el genio se implica en denunciar aquello, sobre todo con dos obras. «Goya tiene dos estampas de ‘Los Caprichos’, concretamente dos, en las que ataca directamente a la Inquisición», porque él aún tiene en la retina el auto de fe que presenció cuando era muy joven, en Zaragoza, pues «hay que tener en cuenta que Goya nació en 1746. Él es de la primera mitad del siglo XVIII. O sea, ya mucho recorrido cuando llega el siglo XIX» y sabe perfectamente el poder que podía llegar a tener la Inquisición y su influencia directa en la sociedad.

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Eso es lo que no quiere que se vuelva a repetir en esa época en la que llegaban vientos de cambio por el norte, así que la manera que tiene es lanzar esa publicación con la que «va a atacar directamente a la Inquisición», eso sí, eso iba a provocar que fueran a por él, algo de lo que era totalmente consciente el pintor. «Él era consciente de que le iba a ocurrir. Porque, además, no va una sola vez a por Goya. Sabemos que la Inquisición por lo menos investiga en dos ocasiones y lo pone contra la espada y la pared», claramente cuando dio a conocer ‘Los Caprichos’, «pero sobre todo con la pintura de ‘La Maja Desnuda’.
Escucha SER Historia completo
Este es un fragmento de SER Historia, con Nacho Ares. Puedes escuchar el programa completo aquí:

Aristóteles, El maestro de Alejandro
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