Desde hace tres años María Santoyo dirige PhotoEspaña, el festival de fotografía más importante del país y uno de los encuentros más relevantes del mundo de la fotografía. Arranca el 13 de mayo y todo está listo para ello, pero entre preparaciones Santoyo ha buscado un hueco para desplazarse a Mallorca, donde también tiene lugar otro festival de fotografía, el PhotoFest. Enmarcado dentro de este último presentó ayer en CaixaForum+ ¿Qué miras?, una serie documental que promueve el lenguaje visual y la alfabetización de la imagen para promover una sociedad más reflexiva y crítica. De ello y de la avalancha gráfica a la que estamos sometidos a diario habló con este diario Santoyo.

¿Cuáles son los objetivos que se buscan en la serie ¿Qué miras? hecha junto a CaixaForum?
—Es un documental que creamos con la vocación de ser accesible y gratuita. Nos dimos cuenta de que la capacidad de leer una imagen en los jóvenes era cada vez peor, y además tenían miedo de decir lo que pensaban, así que queríamos hacer algo que fuera reflexivo. Es algo revolucionario en cierto sentido porque además nos obliga a parar, a detenernos a mirar una foto. De hecho, al final de cada episodio aparece una foto fija con una voz en off que da detalles de la misma, y pensamos que sería algo atrevido, a los productores no les convencía mucho, pero resulta que es de lo que mejor funciona.

Esa idea de pararse a mirar, ante tanta avalancha de imágenes, a veces es difícil, e incluso parece que se busca que no nos detengamos, lo que impide que pensemos. ¿Es algo buscado, un problema estructural?
—Son cuestiones fundamentales. La serie invita a eso, a parar. Va en contra del flujo que nos arrastra porque el primer rasgo de activación de la mirada es detenerse. Es imposible ver una imagen en diagonal o en medio del scroll, donde solo nos llegan impulsos a veces negativos. Hay tanta abundancia de imágenes que el bosque nos impide ver la flor que tenemos al lado.

Esta circunstancia de ser incapaces de mirar una simple imagen, ¿cree que obedece a un interés por saturar a la población o es simplemente la consecuencia lógica de un modelo fallido basado en el algoritmo?
—El ser humano es mirón. Desde antes del nacimiento de la fotografía, con los primeros objetos ópticos, ya nacen unas pulsiones escópicas que es la pulsión por mirar el mundo a través de algo. La sociedad neocapitalista hace de estos impulsos un sistema de ultracapitalismo del yo, en el que nosotros mismos somos los peones que entregan la atención al otro. Además, estos sistemas empeoran cada vez más su contenido, lo que genera una pobreza del vocabulario visual, que a su vez solo sirve para darnos, a través del algoritmo, algo que ya nos gusta de antemano, lo que va en contra de la curiosidad, fundamental para la creatividad. El algoritmo no despierta la curiosidad, sino que solo confirma nuestras bajas pasiones.

En este contexto, ¿la fotografía tiene capacidad real de generar un pensamiento crítico?
—El pensamiento crítico no es intrínseco a la fotografía, sino que reside en quien la hace o en quien la mira. Se generan así unos códigos de interpretación muy amplios y libres en el que la fotografía sirve de trampolín para la crítica.

¿Cuáles son, dentro de toda esta situación, los mayores retos de una entidad como PhotoEspaña?
—Estamos ante un paradigma complejo en el que se abren oportunidades a la hora de montar proyectos, pero también se busca la independencia de la política y la tecnocracia. Para mí, el mayor reto es que sigamos siendo un reflejo de la sociedad y no desconectarnos de ella, porque cuando llevas tanto tiempo como PhotoEspaña parece que somos prescriptores y que somos los que decimos si algo es fotografía o no, pero no es ese nuestro cometido. Y también generar un sentimiento de pertenencia, que el festival se vea que es para todos. Hay que entender que la fotografía es nicho en el ámbito cultural, pero no en el social porque todo el mundo se hace fotos.

Precisamente esa presencia de la fotografía en todos lados también ha creado el dominio de las redes sociales y de herramientas como la IA a la hora de crear narrativas. ¿Cómo las ve?
—Representamos la profesionalización en el ámbito fotográfico y por ello tenemos la capacidad de mediar en ese lenguaje tan poderoso para que no se utilice con malos fines. Trump y Putin, por ejemplo, son hijos de las redes sociales. Si el Doctor Frankenstein fuera una red social hibridada de todas las que hay, hubiera hecho nacer a Trump. La IA, por otro lado, creo que debe estar totalmente descartada del fotoperiodismo, porque contraviene todas las bases éticas de mostrar lo que está pasando tal cual pasa, y por ello es un cáncer para el fotoperiodismo. Sin embargo, en el ámbito creativo, es una herramienta más.

«La IA es el cáncer del fotoperiodismo y debería estar totalmente descartada en ese ámbito»

¿Qué puentes se pueden generar con Mallorca ahora que arranca el PhotoFest?
—Creo que muchos. Hay instituciones en la Isla, como Casa Planas, que nos interesan mucho. A su vez, hay una relación con el medio ambiente, el entorno, el turismo, que es muy rica.