Hubo un tiempo ya lejano en el que una tal Greta Garbo desapareció sin dejar rastro precedida de una frase que ya es historia de la cultura popular: “quiero estar sola”. La actriz sueca era la estrella más exitosa de los años treinta y cuarenta del siglo pasado gracias a un rostro siempre velado y a una capacidad sorprendente para transformarse y desaparecer en cualquier personaje. Pero justo entonces, un minuto antes de la caída, Greta desapareció sin más. Como si sus ojos enigmáticos y su peinado a los garçon hubieran sido fruto de un extraño sueño.
Si hablamos de estrellas en 2026, hablamos de Margot Robbie y Jacob Elordi. De ambos sabemos tanto –hasta lo que la australiana pidió para comer en un restaurante madrileño– que cuesta buscar un rinconcito de sombra que no haya quedado expuesto. Sí, también manejan las redes sociales (él de momento menos) y sí, conceden todas las entrevistas habidas y por haber. Otra cosa es que arrastren a la gente al cine, un milagro que, por mucho que los estudios se empeñen en conseguir a través de la híper visibilidad, no está sucediendo.
Las estrellas de 2026 no practican el misterio porque si lo hicieran directamente no formarían parte de la industria. Hay excepciones, por supuesto, en nombres como Daniel Day Lewis –que también se cansó y se mudó a Florencia para ser zapatero– o ese esquivo e inteligentísimo Leonardo DiCaprio que es capaz de desaparecer cuando le viene en gana. Tampoco ellos consiguen que la gente vuelva al cine en masa, pero por lo menos mantienen una fiel colonia de seguidores dispuesta a pagar su entrada. El resto, mientras tanto, se híper visibiliza por obligación.

Margot Robbie en una escena de la película ‘Barbie’ (2023). © Everett Collection.
©Warner Bros/Courtesy Everett Collection
La sombra de Jeff Bezos es alargada y el cine, como la moda, atraviesa una agudísima crisis que no solo tiene que ver con salas vacías, sino con el notable descenso de la capacidad de atención de unos espectadores que “ven” cine en sus dispositivos móviles en un vagón de metro o en la oscuridad de su habitación en un no menos diminuto iPad. La película o la serie en realidad es lo de menos. Se trata de consumir el siguiente contenido y el cine se ha convertido precisamente, y en contra de su voluntad, en el siguiente clip precedido por la caída de una señora y seguido de la última entrega del podcast no sé qué. Ya no es un acontecimiento en sí mismo y las estrellas, que de tan visibles abruman, están hasta en la sopa, cuando antaño eran populares precisamente por el misterio que las rodeaba.