La escala imprevista en Gran Canaria del avión que traslada a dos pacientes contagiados de hantavirus desde Cabo Verde a Países Bajos se ha convertido en una operación sanitaria mucho más delicada de lo previsto.
El Ministerio de Sanidad no ha autorizado que la aeronave salga con un nuevo «equipo burbuja», ofrecido por el Gobierno de Canarias, porque ese sistema no cuenta con autonomía suficiente para completar el trayecto hasta Países Bajos. Eso obligaría al avión a hacer otra parada, algo que el Ejecutivo quiere evitar.
La decisión implica que los pacientes deberán permanecer en el avión, estacionado en la pista del aeropuerto de Gran Canaria, hasta que llegue otra aeronave desde Europa.
Un aterrizaje que empezó como repostaje y acabó en emergencia técnica
El vuelo había salido de Cabo Verde con destino a Ámsterdam y tenía previsto hacer escala en Marruecos para repostar. Pero Rabat se negó a permitir esa parada, por lo que se pidió autorización a España para utilizar el aeropuerto de Gran Canaria.
En un primer momento, la escala fue presentada como una parada técnica para cargar combustible. Sin embargo, después se aclaró que durante la maniobra se había detectado un fallo eléctrico en el sistema de soporte médico de uno de los pacientes.
Ese fallo dejó al avión dependiendo del suministro eléctrico del propio aeropuerto para mantener estable al paciente dentro de la aeronave.
Nadie sube ni baja del avión
Sanidad insiste en que no existe riesgo para la salud pública. Los pacientes permanecen en el interior del avión y, según las autoridades, se ha cumplido la condición impuesta para autorizar el aterrizaje: que nadie subiera ni bajara de la aeronave.
Este punto es clave para entender el operativo. La prioridad no es solo trasladar a los enfermos, sino mantener intacta la cadena de aislamiento y evitar cualquier contacto con la población local o con personal no previsto en el protocolo.
Por qué España rechaza el nuevo «equipo burbuja»
Canarias había ofrecido un nuevo sistema de aislamiento para que el avión pudiera continuar el viaje sin esperar otra aeronave. Pero Sanidad ha descartado esa opción por un motivo técnico: no tendría autonomía suficiente para llegar hasta Países Bajos.
Aceptar esa solución habría supuesto autorizar un vuelo que probablemente necesitaría otra parada intermedia. Y cada escala añadida aumenta la complejidad sanitaria, logística y diplomática de la operación.
Por eso, el Gobierno ha optado por la alternativa más conservadora: esperar a un nuevo avión plenamente preparado.
Un caso que evidencia la dificultad real de estos traslados
El incidente muestra hasta qué punto una evacuación sanitaria internacional puede complicarse por una cadena de factores: un brote en un crucero, un país que no puede asumir la operación, otro que deniega una escala, un fallo técnico en pleno traslado y un protocolo de aislamiento que no permite improvisaciones.
El crucero MV Hondius, donde se detectó el brote, permanece en el centro de una operación coordinada por la OMS, el ECDC y varios gobiernos europeos. España, mientras tanto, se ha convertido en pieza clave por la capacidad sanitaria y la ubicación estratégica de Canarias.
El siguiente paso: otro avión
La previsión de Sanidad es que una nueva aeronave llegue en las próximas horas para completar el traslado de los pacientes hacia Países Bajos.
Hasta entonces, el avión permanecerá en la pista de Gran Canaria con los pacientes dentro, asistencia técnica desde el aeropuerto y bajo un protocolo diseñado para evitar cualquier contacto exterior.
Una escala que debía ser breve ha terminado convertida en una prueba de estrés para la coordinación sanitaria internacional.