Un 75% de participación de las más de 60.000 educadoras de unas 11.000 escuelas de infantil, públicas y privadas, según los datos que maneja el sindicato convocante CGT. Estas son las cifras de una jornada histórica en las que estas trabajadoras han teñido de amarillo las principales ciudades de todo el Estado en la primera huelga general de este sector en la historia.

Así, y como ejemplo, mientras en Sevilla se concentraban a las 12:00 horas en la Alameda de Hércules, capital de una comunidad donde el servicio está prácticamente privatizado, en Madrid lo hacían a las 10:00 horas frente a la Asamblea de Madrid, exigiendo una reunión con la consejera de Educación, Mercedes Zarzalejo, en una comunidad en la que llevan ya un mes de paro.

En otro punto, a las 12:00 lo hacían frente a Les Corts en Valencia, para exigir una reducción de ratios, una subida de salarios, una reducción de la burocracia y una “dignificación” de su trabajo. “No somos guarderías, somos escuelas infantiles”, manifestaba la educadora infantil Sabrina Pérez en representación de la Plataforma d’Escoles Infantils 0-3 de la Comunitat, que se integra dentro de la Plataforma Estatal 0-3, que ha organizado este paro estatal junto con el sindicato CGT.

Ratios y precariedad

La exigencia de una legislación  estatal que establezca un marco común para este ciclo, en el que se han contabilizado hasta diez modelos de gestión diferentes, es una de las peticiones centrales de este paro. Ese marco estatal mejoraría la calidad en la enseñanza, con ratios de educadora-alumnado más acorde con los tiempos actuales.

Y es que, esta falta de legislación estatal implica que las ratios de bebés, niños y niñas difiera en cada comunidad. Muchas tienen decretos “obsoletos”, como en Catalunya que es de 2006, que establece un máximo de ocho bebes en grupos de niños menores de un año, 13 niños y niñas para uno- dos años y un máximo de 20 para dos-tres. Números similares refleja la norma de la Comunidad de Madrid, que también maneja un decreto de 2008, y que amplía a 14 para las criaturas de uno a dos años. 

“Las escuelas infantiles no somos solo un recurso asistencial. Somos educación. Somos la base del desarrollo motor, emocional, social y cognitivo de la infancia. Y, sin embargo, seguimos siendo una etapa precarizada, infravalorada y constantemente cuestionada”

“Las escuelas infantiles no somos solo un recurso asistencial. Somos educación. Somos la base del desarrollo motor, emocional, social y cognitivo de la infancia. Y, sin embargo, seguimos siendo una etapa precarizada, infravalorada y constantemente cuestionada”, aseguran en un comunicado.

Una precariedad que está unida a esa multitud de modelos de gestión: gran parte de las escuelas públicas descansan sobre modelos privatizados, donde las trabajadoras son subcontratadas por empresas que precarizan los salarios, muchos al borde del Salario Mínimo Interprofesional.