El Paris Saint-Germain volvió a demostrar que ya no es solo un equipo de estrellas, sino también un bloque trabajado al detalle. Los de Luis Enrique sellaron su pase a la final de la Champions League tras empatar a uno frente al Bayern de Múnich en el Allianz Arena. El resultado bastó para cerrar una eliminatoria en la que el conjunto parisino volvió a imponer su inteligencia táctica.

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El golpe inicial llegó demasiado pronto para el Bayern. Apenas habían transcurrido tres minutos cuando Ousmane Dembélé silenció Múnich con un tanto que dejaba la eliminatoria muy cuesta arriba para los alemanes. A partir de ahí, el PSG jugó con la ansiedad rival y manejó los tiempos del partido con madurez. El Allianz se encendió en los minutos finales gracias a un auténtico golazo de Harry Kane, que puso el balón en la escuadra y devolvió la esperanza a los bávaros. Pero el equipo de Luis Enrique resistió y terminó celebrando un billete para una nueva final europea, donde se enfrentará al Arsenal.

Uno de los grandes señalados tras la eliminación del Bayern fue Michael Olise. El extremo francés había sido uno de los futbolistas más desequilibrantes de la competición: castigó al Real Madrid en cuartos de final con un gol y una asistencia, y también marcó en la ida frente al PSG. Sin embargo, en la vuelta desapareció prácticamente del partido.

El PSG saturó la banda de Olise

Luis Enrique encontró la fórmula para apagarlo. El PSG saturó deliberadamente la banda derecha del Bayern, la zona natural de Olise, reduciendo al mínimo los espacios para que pudiera encarar o generar superioridades.

Incluso la salida de balón del PSG formó parte del plan. Safonov buscó constantemente envíos hacia la banda izquierda. Aunque eso provocó pérdidas de posesión y un porcentaje de pases muy bajo (apenas completó el 21 % de sus entregas), permitió que casi todos los jugadores parisinos se mantuvieran acumulados en el costado derecho, justo donde Olise intentaba recibir.

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El extremo del Bayern solo logró superar esa doble vigilancia en una ocasión. Fue suficiente para alcanzar línea de fondo y sacar un remate con la izquierda, pero demasiado poco para un futbolista que venía siendo diferencial. Sus cifras reflejan el apagón: apenas generó dos ocasiones, realizó dos disparos a puerta, dio cinco pases al tercio ofensivo y registró ocho toques en el área rival, números muy alejados de su nivel habitual.

Mientras Olise se diluía, el PSG golpeaba sin descanso. Kvaratskhelia, Dembélé y Désiré Doué castigaron continuamente a la defensa alemana. Jonathan Tah terminó completamente desbordado, mientras que Upamecano quedó señalado tras cometer el error que originó el primer gol parisino y sufrir durante todo el encuentro. El PSG ganó desde la pizarra. Luis Enrique se disfrazó de Napoleón para alcanzar su segunda final consecutiva de Champions.