Seve Ballesteros, el pionero, el mago, el revolucionario, el genio. También a veces el olvidado, el gigante con mayúsculas del deporte español al que en su época de esplendor, incluso ahora cuando este jueves se cumplen 15 años de su muerte, cuesta entregarle en su país el reconocimiento que se merece. El golf europeo se puso en pie pare recordar a su gran referente, homenajeado y llorado en la primera jornada del Estrella Damm Catalunya Championship, en el campo de El Prat (Barcelona), el primer torneo del DP World Tour que se disputa este año en España, y también el punto de partida de la clasificación para la próxima Ryder, en Irlanda 2027, y el inicio del camino hacia el torneo de 2031 en Girona. Otro guiño histórico hacia el hombre que cambió para siempre esta competición al liderar la entrada de los jugadores continentales y que unieran sus fuerzas con los golfistas de las islas en el gran duelo ante Estados Unidos.

Seve tenía 54 años cuando un tumor cerebral se lo llevó un 7 de mayo de 2011. Fue mientras se disputaba un Open de España precisamente en El Prat, un día lluvioso en el que José María Olazábal y Miguel Ángel Jiménez mezclaron sus lágrimas con el agua caída del cielo, fundidos en un abrazo en memoria de su maestro. Seve había luchado contra la enfermedad con la misma energía y rabia con la que ganó cinco grandes (Open Británico en 1979, 1984 y 1988 y Masters de Augusta en 1980 y 1983) y amasó 50 victorias, más que nadie hasta hoy, en el circuito europeo. Esa vez perdió después de ganar tantas batallas y romper tantas barreras, pero su nombre quedó grabado en la eternidad.

Muchos de los 156 jugadores que participan en el torneo de Barcelona se vistieron para la ocasión. Literalmente. De azul marino y blanco, los colores que Seve convirtió en un icono, por ejemplo en aquella histórica celebración en Saint Andrews, puño en alto y el grito de “¡la metí!”, en el Open Británico de 1984, y en las gestas de la Ryder. También caddies, árbitros y aficionados se unieron al tributo.

“Campeón carismático y auténtico pionero”, le recordaba Miguel Vidaor, el director del torneo; “redefinió los límites de lo imposible, no solo con sus victorias, sino también con su imaginación, su valentía y su fe. Se convirtió en el alma de Europa en la Ryder Cup. Su historia nos acompaña. Seve era de Pedreña pero pertenecía al mundo. Su legado perdura en el espíritu de este circuito”. Emocionado, Javier Ballesteros, su hijo mayor, quien ha recorrido el mundo escuchando cómo parejas han llamado Seve a su hijo, miraba al cielo. Y en el campo, imágenes del mito en el tee del 1 y el logo nacido de aquella fotografía tomada por David Cannon en Saint Andrews estampado en las banderas del 9 y el 18.

“Seve era increíble. Es la palabra que mejor lo define. Terminar de jugar y ver su imagen te hace sentir, de alguna manera, parte de la historia. Así lo siento yo”, señaló Ángel Ayora. “Seve es el capitán de nuestro barco. Es nuestro deber recordarlo siempre”, apuntaba Pablo Larrazábal. Al otro lado del océano, Jon Rahm y Sergio García, que ganaron el Masters un 9 de abril, el día del nacimiento de Ballesteros, también le honraban en el LIV de Virginia. Seve era amado e idolatrado en Estados Unidos y en el Reino Unido, y lo sigue siendo. El deporte español le regaló en Barcelona un homenaje para empezar a cubrir una gran deuda.