Hay algo bastante extraño en cómo hemos abrazado los relojes inteligentes. Llegaron con una doble misión. La primera, la de ayudarnos a entender mejor nuestro cuerpo y controlar nuestra actividad física. La segunda, como una forma para echar menos la mano al móvil. El problema es que para muchos se ha convertido en un ruido constante y les ha hecho sentirse todavía más conectados que antes. Hay gente que simplemente quiere medir sus entrenamientos y sus constantes vitales en el día a día. Nada más.
Si eres runner, probablemente te venga bien lo del formato reloj para controlar en tiempo real el ritmo y otros detalles como la cadencia. Pero a muchos quizá les sobra hasta la pantalla. Que ya llegarán a casa y consultarán cuando puedas lo que quieran saber en el móvil.
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En este contexto, hace tiempo que algunos actores especializados como Garmin o Woop habían apostado por una vía alternativa. La idea es sencilla, casi contracultural dentro de esa industria del móvil que quiere poner pantallas por todas partes. Nada de paneles, nada de interacción en tiempo real y recogida silenciosa de los datos. Solo una banda de actividad que no busca drenar tu atención, sino desaparecer del foco para que el usuario deje de mirarlo todo el tiempo. Es algo que ya han intentado los anillos inteligentes, un accesorio que ha quedado meridianamente claro que no es para todo el mundo ni mucho menos. También es algo que ya se intentó hace años, pero la miniaturización y las posibilidades de la tecnología no son las mismas.
Pues bien, Google ha decidido subirse a este carro. Y lo ha hecho con el nuevo Google Fitbit Air. Después de explotar la relación con la empresa que compró hace años para crear los Pixel Watch ahora da un giro de 180 grados. Lo hace con una pulsera de tela discreta, ligera y pensada para llevar todo el día. Con un aspecto de esos que encaja cuando estás entrenando, en la oficina o de cañas con los amigos. Cuenta con una pastilla que registra actividad, sueño y constantes vitales. Todo en segundo plano. Deja la interpretación para después, si es que el usuario decide mirarlo esa noche o al final de la semana.
Un elemento sin pantallas.
El Fitbit Air mide prácticamente todo lo que ya controlan los wearables deportivos actuales, aunque intentando hacerlo de forma menos invasiva. Analiza la carga cardiovascular semanal y el nivel de recuperación para recomendar cuándo conviene entrenar fuerte y cuándo toca bajar el ritmo, además de registrar métricas más básicas como pasos, distancia o actividad diaria. También pone mucho peso en el sueño.
El dispositivo monitoriza las distintas fases nocturnas, la frecuencia respiratoria y otros patrones de descanso para generar una puntuación personalizada sobre cómo se ha recuperado el cuerpo. Google asegura que los nuevos modelos de aprendizaje automático son un 15 % más precisos que los anteriores detectando interrupciones o cambios en el sueño. Incluso incorpora un modo de despertador inteligente que intenta sonar en el momento menos agresivo del ciclo de descanso para evitar esa sensación de haber sido atropellado nada más abrir los ojos.
Google también intenta resolver otro de los problemas clásicos de este tipo de dispositivos, que es la sensación de tener que cargar otro aparato más cada noche. El Fitbit Air promete hasta una semana de autonomía y una carga rápida que ofrece un día completo de uso con apenas cinco minutos enchufado. La carga total ronda la hora y media y el sistema magnético evita incluso tener que acertar con la posición del cargador, un detalle pequeño pero bastante revelador de hacia dónde va todo el producto. La idea es que el dispositivo moleste lo menos posible, también cuando toca cargarlo.
El precio con el que llega a España es de 99,99 euros. Estará disponible en cuatro colores.
Gemini ahora entrena
La otra parte del movimiento está en el software. La aplicación Fitbit, que llevaba funcionando de forma independiente, desaparece y pasa a integrarse en Google Health, un cambio que no es solo de nombre sino de estructura. El objetivo es reunir salud, actividad física y datos médicos en un solo espacio. Y es una decisión súper lógica. Porque para los usuarios, por ejemplo, de un Pixel Watch, se hacía cuesta arriba tener que utilizar dos apps para gobernar un dispositivo.
Dentro de esa aplicación aparece Google Health Coach, un sistema de entrenamiento apoyado en Gemini que intenta construir rutinas adaptadas al contexto del usuario. Ajusta planes en función del sueño, la carga física o la agenda, y permite incluso conversar con el sistema para modificar entrenamientos o entender métricas sin tener que navegar menús ni gráficas.
Hay algo bastante extraño en cómo hemos abrazado los relojes inteligentes. Llegaron con una doble misión. La primera, la de ayudarnos a entender mejor nuestro cuerpo y controlar nuestra actividad física. La segunda, como una forma para echar menos la mano al móvil. El problema es que para muchos se ha convertido en un ruido constante y les ha hecho sentirse todavía más conectados que antes. Hay gente que simplemente quiere medir sus entrenamientos y sus constantes vitales en el día a día. Nada más.