El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a elevar la tensión con la Unión Europea. Ha lanzado un ultimátum para poner fin a las diferencias comerciales entre ambas potencias. O la Unión Europea suprime los aranceles sobre los productos estadounidenses antes del próximo 4 de julio o Washington “disparará” los gravámenes sobre los bienes importados de Europa.

Como acostumbra, sin avisar y a través de su red social, Truth, el inquilino del Despacho Oval ha escrito: “He estado esperando pacientemente a que la UE cumpla con su parte del histórico acuerdo comercial que pactamos en Turnberry, Escocia: ¡el mayor acuerdo comercial de la historia! Se hizo la promesa de que la UE cumpliría con su parte del acuerdo y, tal como se estipuló, ¡reduciría sus aranceles a CERO! Acordé concederle un plazo hasta la celebración del 250.º aniversario de nuestro país; de lo contrario, lamentablemente, sus aranceles se dispararían de inmediato a niveles mucho más elevados”.

La nueva amenaza se produce dos días después de que el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, tratara de cerrar en París los flecos del acuerdo con el comisario europeo de Comercio, Maros Sefcovic.

Trump amenazó esta semana con imponer aranceles del 25% a la industria del automóvil europeo, un sector muy sensible para la economía del Viejo Continente. Esta tasa sería muy superior al 15% alcanzado en el acuerdo comercial sellado el verano pasado en el club de golf de Turnberry, Escocia, entre Trump y Von der Leyen.

Washington se queja del retraso de la UE en poner en marcha el acuerdo, que está pendiente de recibir el visto bueno de las instituciones europeas. A pesar de las presiones del otro lado del Atlántico, los organismos europeos se toman las cosas con calma. Este pasado miércoles, los eurodiputados y los representantes de los Estados miembros volvieron a echar balones fuera para alargar la rúbrica del acuerdo porque alegan que aún deben debatir las enmiendas al texto.

Pero Trump no solo ha amenazado con nuevos aranceles. También ha tratado de limar asperezas, a su estilo, sobre la posición de la UE ante la guerra de Irán. “He mantenido una excelente conversación con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Abordamos numerosos temas, incluido el hecho de que estamos plenamente unidos en que Irán nunca podrá poseer un arma nuclear. Coincidimos en que un régimen que asesina a su propio pueblo no puede controlar una bomba capaz de matar a millones de personas”, ha escrito en su plataforma de redes sociales.