Sergio Barragán Arévalo, el arquitecto artífice de la transformación de la Universidad Laboral y del Teatro Jovellanos, falleció el jueves a los 67 años. Aunque … hacía ya un tiempo que se había apartado de la profesión, a la que se había dedicado durante un cuarto de siglo y que le dio unas cuantas alegrías, su nombre quedará unido a otros proyectos relevantes como el del Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo, en Ribadesella. Eran años de bonanza en los que Barragán y Asociados, su estudio de arquitectura, llegó a tener diecisiete empleados.
En agosto de 2010 facturó 300.000 euros y un año antes, 800.000. Brasil, en plena vorágine constructiva como sede mundialista y olímpica, y Australia fueron opciones en las que a punto estuvo de embarcarse, aunque finalmente acabó desechando para quedarse en España. «Dirigí el proyecto de rehabilitación más importante de Asturias», comentaba a este periódico en 2011 cuando la crisis le obligó a abandonar la arquitectura y a dedicarse a la hostelería. «El conocimiento y la experiencia adquiridas nadie me las quita», se consolaba.
Nació en Zaragoza en 1958 aunque desarrolló gran parte de su trayectoria profesional en Asturias, adonde llegó en 1991, sus años de mayor esplendor profesional, tras haberse licenciado en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid.
Cruzando el charco estuvo en sus manos un proyecto ilusionante que finalmente no llegó a realizarse. Era el denominado ‘Al-Andalus Siglo XXI’, concebido por un grupo de profesionales gijoneses, y que fue presentado en 2008 a las principales firmas promotoras de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) en el marco de la feria Cityscape Dubai y de un importante congreso internacional de arquitectura.
Se trataba de la recreación ‘mozárabe’ de la Ciudad de la Cultura de Gijón, de un tamaño cinco veces más grande, como punto de encuentro para profesionales, intercambios culturales, eventos sociales y lugar para la oración. Una obra basada en los quince proyectos de reforma realizados en la Laboral de Gijón, prevista para iniciarse en 2010 y que concluiría una década después.
En esencia, ‘trasladar’ al desierto del Golfo Pérsico –concretamente al extrarradio de Dubai o de Abu Dhabi– todos los elementos del conjunto monumental de Luis Moya pieza a pieza, aunque sustituyendo los motivos cristianos por otros de contenido islámico.
Tiempo de reinventarse
Grandes proyectos que la crisis inmobiliaria frustró. Fue entonces cuando Barragán se reinventó y dio un giro absoluto a su vida profesional. Abandonó la arquitectura a la que había dedicado más de 25 años y abrió una vinatería, El Obenque, en el barrio de Moreda, en el que, por supuesto, se exhibía su sello personal en el diseño y la decoración del local. No en vano, se trataba de la adecuación de un antiguo kiosco de prensa de la calle del Desfiladeros de Los Beyos.
Ya tenía también experiencia en estos menesteres porque él fue quien diseñó el proyecto del restaurante La Galana, en la plaza Mayor. Unió entonces su pasión por la enología con la búsqueda de una nueva forma de vida. Él que repetía que estaba acostumbrado a las grandes magnitudes por los cuatro años a pie de obra que pasó al frente de los trabajos desarrollados en la Ciudad de la Cultura reconocía que, pese a haber disfrutado de la dirección del proyecto de rehabilitación de mayor relevancia de esta región, ahora le tocaba «servir vinos».