China está potenciando sus relaciones internacionales mediante la cooperación tecnológica. El gigante asiático está ganando peso en el panorama internacional y lo hace con el objetivo de afianzarse como país referente. Un ejemplo de ello es Serbia, un país europeo que ha estrechado sus vínculos con Pekín en los últimos años.
China dispone de una gran tecnología, pero sobre todo, es líder en tecnología militar. Así que dentro de su plan estratégico para mejorar sus relaciones, está ayudar a otros países con menos capacidades a modernizar sus Fuerzas Armadas.
El presidente chino, Xi JinpingXie Huanchi / Ap-LaPresse
En este caso, China ha entregado a Serbia una flota de drones militares de última generación, capaces de permanecer hasta 12 horas en el aire y operar con un alcance de unos 250 kilómetros. Se trata de aeronaves no tripuladas diseñadas para tareas militares, como la vigilancia, el reconocimiento de zonas estratégicas y la obtención de información desde el aire y, en algunos casos, puede tener capacidad de ataque.
Pero la importancia de esta operación militar no es la entrega de nuevo material, sino la posición estratégica de Serbia. Dicho país se encuentra en los Balcanes, una región europea históricamente sensible y con tensiones políticas todavía presentes, especialmente por la situación de Kosovo.
Y aunque Serbia aspira a entrar en la Unión Europea, mantiene una política exterior muy equilibrada y bien asentada con algunos de los países clave: coopera con Europa, conserva lazos con Rusia y, ahora, ha reforzado mucho su relación con China.
El presidente de Serbia, Aleksandar Vucic EFE
Para Serbia, estos drones suponen una mejora importante de sus capacidades militares. Al poder volar durante muchas horas, permiten vigilar grandes zonas sin necesidad de poner en riesgo a pilotos. Además, su alcance de 250 kilómetros permite controlar áreas alejadas de la base de operaciones, algo útil para supervisar fronteras, infraestructuras clave o movimientos en zonas de tensión.
Y para China, la operación también tiene un valor estratégico. Pekín no solo vende tecnología, sino que aumenta su influencia en Europa a través de un socio que no pertenece a la OTAN y que mantiene una posición geopolítica propia.
En esta misma línea, la relación entre ambos países no se limita a esta operación, ya que no es la primera vez que Serbia adquiere material militar chino y ha mostrado interés en seguir haciéndolo. Por otro lado, el movimiento puede generar preocupación en algunos países europeos y en la OTAN, porque supone una mayor presencia china en una zona delicada del continente.