Los cruceros viven un momento de fuerte demanda turística, en 2025 alcanzaron un máximo histórico de 37,2 millones de pasajeros en todo el mundo, según CLIA, y el sector mantiene una elevada intención de repetición entre los viajeros.
Esa recuperación convive con una realidad conocida por los expertos en salud pública: cuando una infección entra en un barco, puede propagarse con más facilidad que en otros entornos turísticos por la propia configuración del viaje.
La actualidad ha vuelto a poner el foco en esta cuestión con el brote de hantavirus vinculado al MV Hondius, un crucero de expedición que navegaba por el Atlántico Sur con 147 personas a bordo: 88 pasajeros y 59 tripulantes de 23 nacionalidades. Entre ellos se encontraban 14 españoles, 13 pasajeros y un miembro de la tripulación.
La OMS informó de varios casos confirmados o sospechosos, incluidos fallecimientos, y activó una respuesta coordinada con distintos países para investigar el origen del brote, aislar a los posibles afectados, organizar evacuaciones médicas y reforzar el seguimiento sanitario.
El buque había zarpado de Ushuaia, en Argentina, y seguía un itinerario por regiones remotas y de gran diversidad ecológica del Atlántico Sur, con escalas vinculadas a rutas de expedición.
El MV Hondius, operado por Oceanwide Expeditions, es un buque de expedición polar botado en 2019. Según la compañía, fue el primer barco registrado de Clase Polar 6 y está diseñado para viajes en zonas polares. La embarcación, de 107 metros de eslora, cuenta con 80 camarotes y está orientada a cruceros de exploración en áreas remotas.
El caso es significativo, pero no debe leerse como un riesgo generalizado para los cruceros: El hantavirus es una infección poco frecuente que se transmite principalmente por contacto con orina, heces o saliva de roedores infectados.
El contagio entre personas es inusual, aunque se ha documentado en algunos brotes vinculados al virus Andes. Por ello, la OMS considera bajo el riesgo para la población mundial y no recomienda restricciones de viaje o comercio por este episodio.
Aun así, lo ocurrido en el MV Hondius recuerda que, en espacios cerrados y de convivencia prolongada, cualquier brote requiere una respuesta rápida para evitar nuevas transmisiones.
Al menos tres personas vinculadas al crucero MV Hondius, afectadas por hantavirus, fueron evacuadas en avión hacia Europa el miércoles
Pero más allá del patógeno concreto, el episodio vuelve a poner el foco en una pregunta de fondo: ¿por qué los cruceros pueden ser entornos especialmente sensibles ante determinados brotes?
La respuesta está en que un barco de pasajeros funciona como una ciudad flotante temporal, es decir, durante varios días, miles de personas pueden compartir restaurantes, bufés, ascensores, teatros, piscinas, spas, pasillos, camarotes, sistemas de agua y zonas interiores de ocio. El diseño de los cruceros ayuda a entender por qué estos entornos pueden favorecer la propagación de enfermedades, como señala The Conversation.
Esa convivencia sostenida facilita distintas vías de transmisión, algunas infecciones se propagan por contacto directo entre personas; otras, a través de superficies, alimentos, utensilios compartidos o espacios mal ventilados.
El brote del Diamond Princess durante la pandemia de COVID-19 es uno de los casos más citados para entender esta vulnerabilidad. En 2020, más de 700 pasajeros y tripulantes dieron positivo a bordo. Los estudios posteriores concluyeron que las condiciones del barco favorecieron la propagación del virus. También señalaron que medidas como el aislamiento y la cuarentena evitaron un número mayor de contagios, aunque una respuesta más temprana habría contribuido a limitar todavía más el brote.
Por eso el norovirus, asociado a gastroenteritis, es uno de los patógenos más vinculados a los cruceros: el CDC señala que más del 90% de los brotes gastrointestinales con causa confirmada en cruceros se deben a este virus, favorecido por su baja dosis infecciosa, su facilidad de transmisión y su resistencia en el entorno.
Uno de los puntos críticos es el servicio de comida, donde los bufés, las pinzas compartidas, las barras de autoservicio y el contacto constante con superficies comunes pueden facilitar la transmisión de virus gastrointestinales si una persona infectada manipula alimentos o espacios antes de notar síntomas. No es un problema exclusivo de los cruceros, pero a bordo se combina con una alta rotación de personas en zonas comunes y con la dificultad de separar completamente a pasajeros y tripulación durante la travesía.
También influye el peso de los espacios interiores, y aunque los cruceros no son entornos cerrados en sentido estricto, gran parte de la vida a bordo se desarrolla en camarotes, comedores, salas de espectáculos, bares o zonas de ocio cubiertas. En ese contexto, los virus respiratorios como la gripe o la COVID-19 pueden encontrar condiciones favorables si coinciden concentración de personas, exposición prolongada y ventilación insuficiente.
Un estudio sobre calidad del aire en cruceros apuntan a que las enfermedades pueden transmitirse con más facilidad en espacios cerrados y concurridos, como camarotes, restaurantes o salas de entretenimiento, cuando la ventilación no es suficiente.
El CDC incluye las infecciones respiratorias, junto a las gastrointestinales, entre los brotes más notificados en viajes de crucero
Hay además riesgos que no dependen solo del contacto entre pasajeros, como es el ejeemplo de la legionelosis, que puede originarse en sistemas de agua contaminados, duchas o jacuzzis, ya que la infección se produce al inhalar pequeñas gotas con la bacteria. Este tipo de riesgo obliga a mantener controles estrictos sobre instalaciones, temperatura, desinfección y mantenimiento de los circuitos de agua.
Por otro lado, los trabajadores viven y trabajan en el mismo entorno durante periodos prolongados, a menudo en espacios compartidos. Esto no significa que sean el origen de los brotes, sino que forman parte de una red de contactos continua: atienden comedores, camarotes, bares, actividades y servicios, por lo que la detección temprana de síntomas y los protocolos de aislamiento son decisivos para cortar cadenas de transmisión.
El reto añadido es que muchas infecciones pueden transmitirse antes de que aparezcan síntomas claros y para cuando una persona acude al centro médico del barco, puede haber pasado por varios espacios comunes y haber tenido contacto con otros pasajeros. De ahí que los protocolos de comunicación, limpieza reforzada, aislamiento y vigilancia sanitaria sean tan importantes como el tratamiento médico.
En este punto conviene matizar otra idea, los brotes en cruceros se conocen más que otros porque están más vigilados. En los buques sometidos al programa de saneamiento del CDC, por ejemplo, los brotes gastrointestinales deben notificarse cuando al menos el 3% de pasajeros o tripulantes reporta síntomas compatibles. Esa vigilancia permite detectar antes los episodios y aplicar medidas de control, pero también hace que tengan más visibilidad pública que brotes similares en hoteles, colegios, residencias o eventos masivos.
Medidas de prevención
Lavarse las manos con agua y jabón antes de comer y después de ir al baño sigue siendo una de las recomendaciones más eficaces frente a infecciones gastrointestinales como el norovirus. El gel hidroalcohólico puede ayudar, pero no sustituye el lavado de manos.
También es importante informar al servicio médico ante síntomas, evitar bufés o zonas concurridas si se está enfermo y seguir las indicaciones de aislamiento cuando se activen.
Por su parte según el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias Español, recomendaban a las personas a bordo de permanecer en sus camarotes siempre que sea posible
Para las compañías, la prevención pasa por protocolos de limpieza, control de alimentos y agua, ventilación adecuada, formación de la tripulación, detección precoz y comunicación transparente. Los cruceros cuentan con instalaciones médicas a bordo, pero no equivalen a un hospital terrestre; están pensadas para atención inicial, estabilización y coordinación de evacuaciones cuando sea necesario.
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