Biznaga de Oro a la mejor película española en el Festival de Málaga, premio Feroz de la crítica y Biznaga de Plata para su actriz … protagonista, la debutante Júlia Mascort, y actor de reparto, el veterano Tomás del Estal, ‘Yo no moriré de amor’ llega este 8 de mayo a los cines convertida en la gran triunfadora del certamen andaluz y en la ópera prima del año. Su directora y guionista, la madrileña de 38 años Marta Matute, se abre en canal para contar su experiencia familiar.
Cuando tenía 18 años y soñaba con irse de casa, su madre empezó a desarrollar demencia frontotemporal, una enfermedad neurodegenerativa sin vuelta atrás. «De los dieciocho a los veintisiete años ocupé gran parte de mi vida al cuidado de mi madre. Mis hermanas, mi padre y yo. Todos nos echamos a la espalda esa tarea mientras seguíamos con nuestras vidas y se instalaba una tristeza en la nuca que no te dejaba estar en el día a día al cien por cien», recuerda. «Aunque en esos nueve años seguimos discutiendo entre nosotros y mandándonos a la mierda, compartíamos un dolor, un cansancio y una frustración comunes que me hizo empatizar con ellos como nunca antes».
‘Yo no moriré de amor’ (lo único malo del filme es su título) habla, pues, más del cuidador que del enfermo. Transcurre en un piso con paredes de gotelé en Valdemoro, en la periferia de Madrid, y cuenta cómo la enfermedad desbarata a una familia que apenas se comunicaba y que, con el tiempo y tras mucho sufrimiento, vuelve a unirse.
Júlia Mascort es un trasunto de la directora, una estudiante de Interpretación que procura estar en casa el menor tiempo posible. El padre, militar recién retirado y la madre, antes de sumergirse en el alzhéimer, no parecen aprobar el modo de vida de su hija, que tiene una novia y procura ir de fiesta todo lo que puede. Cuando la madre es incapaz de enumerar los meses del año y se pierde al salir de casa, ninguno sabrá muy bien qué hacer. La hermana mayor intentará organizarlo todo, el padre se evade y la protagonista se siente culpable porque su vida queda patas arriba. No le tocaba ser cuidadora, sino disfrutar de sus mejores años.

Laura Weissmahr, Tomás del Estal y Júlia Mascort en el filme.
Entre los productores de ‘Yo no moriré de amor’ descubrimos a María Zamora, responsable del carrerón de Carla Simón, lo que da pistas sobre el rigor de una cinta sobria y naturalista, que funciona como denuncia social y retrato de personajes devastados por la enfermedad. La familia protagonista, como la de la directora, es poco comunicativa y afectuosa. Así que cuando llegan después de años las miradas y los pequeños gestos de amor, la emoción se apodera del espectador.
«Veia la fragilidad de mi madre y la vulnerabilidad de mi padre y mis hermanas y sentía un amor y un dolor inédito, muy potente que a veces era demasiado», describe la cineasta. La protagonista no es ninguna heroína abnegada, sino una mujer empujada a ser cuidadora precoz, que sacrifica parte de su juventud por amor. «Te atraviesan sentimientos que te avergüenzan y hacen sentir culpable, como querer huir, culpar al familiar por lo que está pasando, la impaciencia, la rabia o desear que la muerte llegue ya».
‘Yo no moriré de amor’ transcurre a lo largo de seis años, desde que se manifiestan los primeros síntomas y hasta el ingreso en una residencia. La actriz Sonia Almarcha trató con pacientes para reflejar los estados de la enfermedad. Su impresionante trabajo debería haber figurado en el palmarés de Málaga. Los cuidadores reconocerán en pantalla la imposibilidad de llevar una vida ‘normal’ y la necesidad de encontrar consuelo al sufrimiento que provoca asistir al desmoronamiento de un ser querido. Nada vuelve a ser igual, muestra el filme, después de colocar pañales a la madre que nos amamantó.