La implementación de la IA en la vida diaria de las personas enfrenta grandes promesas y grandes peligros. Según la última investigación publicada por la organización Funcas, se estima que la aplicación de esta tecnología en el mercado laboral español actual llevará a la destrucción de entre 1,7 y 2,3 millones de puestos de trabajo antes de 2035. En la mayoría de los casos, empleos administrativos y técnicos de nivel medio y superior con niveles de estudios intermedios. Lo que puede implicar una mayor desigualdad salarial.
La investigación, basada en datos de la EPA, estimaciones internacionales de exposición ocupacional a la IA y evidencia experimental sobre sus efectos en la productividad, plantea un escenario optimista en el cual la destrucción se reduciría a 700.000 puestos y otro futuro más pesimista en el que las personas empujadas al desempleo por la implementación de la IA podrían superar los 3,5 millones. Pese a ello, en ningún contexto la creación de empleo relacionada con esta tecnología superaría los 1,61 millones de puestos nuevos. Este gran margen refleja la incertidumbre sobre el ritmo de adopción tecnológica y la velocidad a la que las empresas rediseñarán sus procesos.
En 2025, el 21,1% de las empresas con diez o más empleados ya utilizaba alguna herramienta basada en IA, frente al 12,4% registrado en 2023, un aumento de casi nueve puntos en apenas dos años. Dentro de las herramientas basadas en IA, el machine learning, rama que se alimenta de datos y experiencias (trabajo de las personas) y se orienta principalmente a la productividad y a la destrucción de empleos, es la tecnología con mayor impacto estimado. Mientras, el reconocimiento de voz e imagen no parece tener efectos estadísticamente significativos.
En el caso español, la estructura del mercado laboral, con un gran peso de sectores con oficios físicos o en los que se prima el contacto personal, cuenta con un riesgo significativamente inferior a la media de automatización del trabajo (5,9% frente al 12%). Según la investigación, la destrucción estimada no implica que todos esos puestos desaparezcan en un corto plazo, sino que esas tareas realizadas hoy por personas serán ejecutadas por sistemas de IA. La realidad por lo tanto será una combinación de reducción de plantillas en renovaciones de contratos, menor contratación de sustituciones o jubilaciones y reorganización de funciones y puestos.
España se encuentra en una posición de exposición media-alta en adopción en el trabajo de la IA respecto al resto de integrantes de la OCDE (27,4% frente al 26% de media). El análisis sectorial muestra que la implementación de la IA se concentra en sectores intensivos en información y conocimiento (SIC) y, en mayor proporción, gestores, administrativos y técnicos de nivel medio y superior. El sector de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) lidera la adopción con el 58,7%, seguido por los servicios (25,7%), la industria (17,5%) y la construcción (11,4%).
Además, el estudio pone de manifiesto que, aunque muchas empresas buscan aumentar su productividad con la IA, no logran conseguirlo. Las empresas que utilizan al menos una tecnología de IA presentan un rendimiento medio de un 27% superior a las que no la utilizan. Esto que en principio parece un dato positivo, se reduce a una relación de causalidad inversa: las empresas más productivas no lo son por ser las que adoptan más herramientas de IA sino porque de inicio ya son las más productivas. Por lo que la diferencia no puede atribuirse al efecto de esta tecnología.
La implementación de la IA en la vida diaria de las personas enfrenta grandes promesas y grandes peligros. Según la última investigación publicada por la organización
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