Los argumentos principales del Gobierno de Pedro Sánchez para traer el barco del hantavirus a España (Tenerife) pasan por una «cuestión moral» y otra «legal». Lo cierto es que, por la parte legal, ni la normativa de la UE ni el reglamento de la Organización Mundial de la Salud (OMS) recogen una obligatoriedad de acoger al barco si hay medios alternativos -y ya han sido evacuados pasajeros vía aérea-. Y por la parte «moral», es complicado defender ese argumento cuando va acompañado de un oscurantismo brutal con los Gobiernos de Canarias o Madrid, destinos del barco y del pasaje español. Y aún más complicado, si el Gobierno no deja de devaluar el posible impacto y riesgo del virus en la población pero mientras emite informes internos para la Policía para alertarles del peligro del hantavirus: «No hay vacuna ni tratamiento específico, la prevención es clave».
El informe policial al que ha tenido acceso Libertad Digital señala que «ante la aparición de informaciones relativas a los casos de infección por hantavirus detectados en un crucero procedente de Argentina, con posible destino España, con el fin de garantizar la seguridad y salud de los miembros de la Policía Nacional que pudieran verse expuestos, y en base a la información existente hasta este momento, se establece el siguiente protocolo de actuación«.
El documento añade que «el hantavirus es un virus transmitido principalmente por roedores (a través de su orina, heces o saliva) que puede causar enfermedades como el síndrome pulmonar por hantavirus (HPS) y la fiebre hemorrágica con síndrome renal (HFRS). La infección se produce fundamentalmente por:
- Inhalación de aerosoles contaminados procedentes de orina, heces o saliva de roedores.
- Contacto directo con superficies o materiales contaminados».
«La exposición suele producirse en espacios cerrados y poco ventilados, especialmente durante tareas de limpieza o manipulación de entornos con presencia de roedores. La probabilidad de contagio interpersonal del hantavirus es muy baja y únicamente se produce en casos de contacto muy estrecho y directo con un caso sintomático». Pero, alerta, «no existe vacuna ni tratamiento específico, así que la prevención es clave». El informe señala que «se consideran indicios de riesgo los siguientes:
- Viviendas abandonadas, poco ventiladas o muy sucias.
- Presencia de roedores o excrementos.
- Olores fuertes, acumulación de basura. El riesgo principal es ambiental, no tanto el contacto personal».
El documento, que incluye el sello del Ministerio del Interior y de la Dirección General de la Policía, exige el uso de «equipos de protección individual (EPI). En escenarios con sospecha, se deberán utilizar los siguientes equipos de protección
individual:
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–Mascarilla FFP2 o FFP3 (imprescindible).
-Guantes desechables (de nitrilo).
-Protección ocular (si hay polvo o suciedad en suspensión).
-Mono desechable (en intervenciones prolongadas o muy contaminadas)»
Y señala el protocolo de actuación: «Entrada y actuación en el lugar.
1. Ventilar siempre que sea posible: abrir puertas y ventanas mínimo 20‐30 minutos, si la situación lo permite.
2. Evitar:
– Barrer
– Sacudir objetos
– Levantar polvo
– Poner en marcha ventiladores o aparatos de aire acondicionado
3. Minimizar el tiempo de permanencia innecesaria.
Y determina la «actuación con personas (posible contacto directo). En la actuación con personas potencialmente expuestas o enfermas (y a pesar de que la transmisión entre personas es muy poco frecuente), se mantendrán las siguientes medidas:
- Uso de mascarilla FFP2 o FFP3
- Higiene de manos
- Uso de guantes si hay contacto físico».