De Ginebra a Barcelona, siguen las conversaciones a tres bandas (y dos bandos que se intentará que acaben siendo solo uno): Euroliga en un lado de la mesa, NBA y FIBA en el otro. Es una gran noticia que, y era algo impensable hace solo unos meses, haya ganas de entenderse, buena voluntad explicitada públicamente y una cordialidad que, todas las partes lo resaltaron así, presidió el primer encuentro oficial, el de la semana pasada.
Por lo demás, no hubo avances. Un comunicado conjunto que destacaba ese buen talante y hablaba de más, futuras, conversaciones. En la charla, se volvieron a explicar los dos proyectos y cada uno desarrolló su idea pero no se dieron pasos, ni preliminares, hacia el boceto de proyecto común que será difícil confeccionar por mucho que haya intención. Desde luego, y eso ya es mucho, sin ella no habría ni siquiera esperanza.
La NBA sigue tendiendo la mano a los clubes de Euroliga, que han ido renovando sus contratos para diez años más. En el actual plan de la competición, un puente hacia la transformación en franquicias con plaza permanente. Es un modelo similar al que quiere introducir la nueva competición de NBA y FIBA para, en principio, doce de los dieciséis equipos con los que quiere arrancar, todavía sigue siendo el plan, en octubre de 2027. Todavía es posible, pero realmente la carrera empieza a ser contrarreloj a la vista de que el proyecto está todavía en la fase embrionaria, la de negociación con unos posibles inversores que están haciendo ofertas, pero todavía no vinculantes.
La NBA había fijado el 31 de marzo como fecha límite para recibir esas propuestas, pero tiene claro que los plazos son flexibles, todavía, y que los equipos de Euroliga tienen la opción de hacer su movimiento para ser franquicia en la nueva competición… o buscar su lugar en ella a través del sistema meritocrático que dará las últimas (en principio, cuatro) plazas. A través de la Basketball Champions League y de las competiciones domésticas que darían, o ese parece el diseño ahora, acceso a un torneo de clasificación que mantengan abierta esa vía que comunica con las Ligas, que la FIBA quiere preservar, siempre ha sido un punto clave en su discurso, como base lo más fuerte posible de la pirámide.
En principio, y según fuentes cerca al nuevo proyecto, ha habido más de 120 acercamientos de posibles inversores, una lista que incluye (al menos veinte casos según las mismas voces) equipos de baloncesto y también a algunos gigantes del fútbol, uno de los ejes en los que está la gran batalla para ver qué plan es más viable, cuál es predominante y si, en todo caso, se puede encontrar una vía común para que no haya una división que muchos (aficionados incluidos) ven como el peor escenario. Clubes implicados creen que ese plan tendría que pasar por una ampliación de equipos y una vertebración real en dos competiciones, una principal y una segunda: hay que encajar las plazas no fijas, a los nuevos equipos que entrarían a través de los inversores que cierren sus acuerdos con la NBA y, si hubiera acuerdo, a los que tienen licencia fija ahora mismo en la Euroliga, que no quieren que ninguno se quede sin sitio. De ellos, el Fenebahçe tiene apalabrada su continuidad y está por ver qué pasa con el ASVEL, que se ha movido entre las dos aguas y ahora no tiene un sitio claro, y qué con un Real Madrid que se da por hecho que renovará con la Euroliga y apretará desde ahí para que, eso es lo que ve más beneficioso, haya acuerdo común.
Pero en las últimas horas ha habido otro cambio importante, significativo. Un paso de la NBA para intentar acelerar el proceso, allanar la situación, facilitar unas negociaciones en las que transmite optimismo pero que también se está encontrando, según otras informaciones, resistencia por lo que tendría que ser una apuesta muy fuerte (lo ideal, entre 500 y 1.000 millones por franquicia), que va a ser en principio sin réditos en el corto plazo y con dudas por esa falta de acuerdo para buscar una única competición muy robusta y por cómo se enfocará, una base de ingresos fundamental, unos acuerdos televisivos que algunos querrían tener ya más claros, antes de ponerse manos a la obra, pero con los que la NBA pide calma, confianza en una capacidad de negociación que ha quedado claro en sus tratos en Estados Unidos. La competición le da la vuelta a esa tortilla: primero los equipos, la idea, una competición con forma. Después, esos contratos que sabrá hacer importantes.
Ese nuevo paso es la voluntad de la NBA, algo que en un primer momento no circulaba como parte de sus planes, de inyectar capital, unos 3.000 millones de dólares que serían reinvertidos de lo que se obtenga (en el push inicial por las franquicias) en el primer impulso de ese proyecto europeo. Sobre todo y ahora mismo, una forma de tranquilizar a los que temen que tarden en llegar los beneficios o que creen que el arranque pueda ser complicado en lo económico. Una manera de poner en marcha la siguiente fase, la que tiene que concretarse en ofertas en firme que se vayan cerrando: la que lleve equipos, definitivamente, a la competición.
La NBA, en su exposición a los interesados en sumarse a su proyecto, promete apuesta económica para un plan de marketing con el nivel suficiente para garantizar la máxima exposición desde los primeros pasos. Con esos 3.000 millones que se quieren usar como colchón de seguridad, se pretende asegurar que ningún inversor tendrá que hacer inyecciones extra de capital durante esos primeros pasos de las franquicias, en caso de que los ingresos tarden en ser en un volumen que, el propio Adam Silver lo explicó así, será alto… pero no rápido. Además, también lleva días recalcando que aunque el 52% de la nueva liga será de la NBA y la FIBA, otro de los asuntos sobre los que han hecho más preguntas los posibles inversores, estos últimos irán teniendo un bocado más grande de la tarta a medida que vaya creciendo y planificando expansiones.
Según esas fuentes consultadas por AS, la NBA también ha insistido en que las franquicias tendrán plaza permanente sin riesgo de descenso, una llamada a la sostenibilidad en el largo plazo. Y que, y este sí ha sido una fuente de discusiones y versiones cruzadas, la NBA y sus propietarios (30 que pronto podrían ser 32) no se llevarán la parte correspondiente de los ingresos durante esa fase inicial en la que la generación de recursos no estará asentada. Una respuesta a una información de la prensa estadounidense que habló de que la NBA quería generar, con esta nueva competición, 5.000 millones para, como primer gancho, los propietarios de sus franquicias en EE UU. Y que los nuevos equipos europeos tendrán diversas vías para participar en el reparto económico, algunas vinculadas al rendimiento deportivo y con la opción de que vayan creciendo temporada a temporada. Además, en las citadas posibles expansiones, los equipos en competición se llevarán su parte de lo que paguen para entrar los nuevos.
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La NBA quiere reforzar su posición, enviar un mensaje de estabilidad y confianza a los que ahora tienen que dar el paso con ofertas en firme. Y, mientras, sigue (junto a la FIBA), hablando con una Euroliga que a su vez da pasos en su propio camino para reafirmar su lugar, por si tiene que avanzar por su lado o de cara a unas negociaciones que todos quieren que fructifiquen… pero a las que les queda todavía mucho recorrido.
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