La ultraderecha de Reform UK, el partido de Nigel Farage, se prepara para ser la gran vencedora de los comicios municipales y autonómicos celebrados este jueves en el Reino Unido, según los recuentos iniciales. El Partido Laborista de Keir Starmer va camino de perder una cifra histórica de representantes, y el futuro del primer ministro está cada vez más en la cuerda floja.
El Reino Unido se toma con mucha flema el recuento de votos, sobre todo si son unas elecciones locales. En las primeras horas de la madrugada del viernes, apenas un 20% de los concejales en disputa en toda Inglaterra, que suman 5.000, habían sido asignados. En muchos centros electorales, los lugares donde se envían las papeletas desde las distintas mesas de voto para el cálculo definitivo de los resultados no han comenzado a trabajar hasta las nueve (diez, en horario peninsular español). Lo mismo sucedía en Escocia y Gales, donde se renovaban sus parlamentos y gobiernos autónomos.
Va a ser un viernes largo y doloroso para Starmer, que no tendrá una imagen clara de la aparente debacle al menos hasta media tarde. Pero los resultados que manejan ya los medios sugieren que se confirmará la derrota anticipada durante semanas por todos los sondeos.
El primer ministro, sin embargo, ha comparecido a primera hora de la mañana en el barrio londinense de Ealing, para asegurar que “asumía la responsabilidad por los resultados”, pero que “no iba a dimitir”, como ya reclaman algunos desde las filas laboristas.
“Yo llevé al partido a la victoria electoral [en julio de 2024], y obtuvimos un mandato de cinco años para cambiar el país”, ha dicho Starmer. “No voy a abandonar ahora que debemos hacer frente a tantos desafíos y permitir que el país se hunda en el caos”, ha añadido.
A las diez de la mañana, Reform UK había logrado ya 400 concejales (partía de solo dos en toda Inglaterra), mientras que el Partido Laborista perdía más de 250 de los que retenía hasta ahora. Los conservadores se preparan para una derrota algo menor, pero también significativa. A esa hora habían perdido ya 170 representantes.
El Partido Verde de Zack Polanski, que aspira a hacerse con condados y distritos populares de Londres, también sumaba ganancias (casi 50 concejales, el doble de los que ya tenía), pero los primeros resultados sugieren que sus expectativas previas se habrían desinflado un poco.
Y los liberales demócratas, que suelen ser habitualmente los más beneficiados en unos comicios utilizados siempre por los votantes para castigar al partido en el poder (los laboristas, en este caso), también crecían en el primer recuento. Acumulaban 259 concejales (37 más de los que ya disfrutaban).
La lentitud del proceso permite a todos los partidos, y especialmente al Gobierno, digerir poco a poco los resultados y diseñar estrategias de respuesta.
Nigel Farage, líder del partido de ultraderecha Reform UK, en un centro de votaciones en Walton on the Naze, este jueves.Richard Pelham (AP)
Los laboristas podrían salir algo más ilesos de lo que esperaban en las distintas batallas electorales de los distritos de Londres, y a eso se aferraría Starmer para indicar que el desastre no ha sido tan grave. El ex primer ministro Tony Blair, recuerdan algunos estos días, sufrió una derrota colosal en los comicios municipales celebrados en su primer mandato, para acabar luego revalidando su mayoría absoluta en unas elecciones generales.
Además, en muchos de los consejos municipales solo se renovaba un tercio de los representantes. A pesar de las pérdidas ya declaradas o de las que están por llegar, después del recuento, el laborismo aún mantendría una mayoría que le permitiría seguir al frente de estas instituciones.
Pero la popularidad de Starmer no tiene nada que ver con la de Blair en aquella época. Hay un consenso general entre los laboristas en la idea de que el actual primer ministro no puede ser el próximo candidato del partido.
La magnitud de la derrota dará a sus rivales una idea de la urgencia necesaria a la hora de desafiar el liderazgo de Starmer. “Si acaba siendo [el resultado electoral] la pesadilla que temíamos que iba a ser, no debería haber movimientos precipitados [contra el primer ministro]. El partido deberá plantearse primero por qué hemos llegado a esta situación, y la cuestión del liderazgo deberá estar inevitablemente en la agenda. Pero si debe haber un cambio, habrá de ser una transición ordenada, y no un golpe interno”, ha señalado el diputado laborista John McDonnell, durante muchos años portavoz de Economía del laborismo, número dos del anterior líder, Jeremy Corbyn, y enemigo acérrimo de Starmer.
El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, acompañado de su esposa, Victoria, a su llegada a un centro de votaciones en Londres este jueves. NEIL HALL (EFE)
Sea cual sea el resultado global en Londres, Reform UK ha logrado también la hazaña simbólica de hacerse, por primera vez en la historia, con el control del municipio de Havering, al este de la capital. Aunque nunca ha sido feudo de ninguno de los dos principales partidos, que se han alternado su control, el hecho de que la ultraderecha se haga con una zona de la ciudad representa todo un hito político.
“Creo que lo que ha ocurrido es un giro histórico en la política británica. Estábamos muy acostumbrados a pensar en términos de izquierda y derecha, pero Reform no ha ganado solo en circunscripciones donde ganaban tradicionalmente los conservadores, sino incluso en zonas controladas por el laborismo desde la Primera Guerra Mundial”, celebraba Farage los resultados en el centro de recuento de Havering.
Quedan todavía por contar los votos en Escocia y en Gales, donde el jueves se celebraron elecciones autonómicas. En el primer territorio, los sondeos han apuntado a una nueva victoria del Partido Nacional Escocés. Si logra rebasar la cifra de los 65 escaños, la promesa de un nuevo referéndum de independencia recobraría fuerza, y sería todo un quebradero de cabeza para el Gobierno nacional. Y si Reform UK se hace con la segunda posición, como han sugerido también las encuestas, la humillación del laborismo se agravaría.
Aunque mucho más grave puede ser lo que ocurra en Gales, donde el partido de Starmer ha controlado el Gobierno y el Parlamento autónomos desde su restauración en 1999. Si se confirman los pronósticos, los dos partidos más votados serían los nacionalistas de Plaid Cymru y la ultraderecha de Reform UK. El laborismo, que sufre el desencanto de sus votantes tradicionales, se vería relegado a una tercera posición, a mucha distancia de los dos primeros.
“Creo que este Gobierno ha acertado en algunas de las grandes decisiones, tanto a la hora de estabilizar la economía como al devolver a nuestro país al centro del escenario internacional”, ha defendido esta madrugada el secretario de Estado de Justicia, Jake Richards, uno de los miembros del Gobierno de Starmer diseminados por los medios de comunicación para intentar frenar cualquier intento de amotinamiento. “Pero está claro que la gente todavía no siente en sus bolsillos estas mejoras”, admitía.
Starmer juega con la ventaja de que ninguno de sus rivales está aún en condiciones de lanzar un desafío en toda regla a su liderazgo, y prepara para los próximos días mensajes y estrategias para intentar recuperar el impulso político. Por ejemplo, según anticipó el diario The Times, un discurso para el lunes donde insistiría en estrechar aún más los lazos con la UE, uno de los asuntos que todavía entusiasma a una gran parte del electorado británico de izquierdas.