«Tomamos la decisión correcta». La alcaldesa Carmen Moriyón lideró la visita del gobierno local esta mañana a las recién iniciadas obras en la vieja fábrica de tabacos de Cimavilla. Las máquinas trabajan ya en el futuro Centro de Arte Tabacalera que dejará, dentro de unos tres años, el antiguo edificio histórico convertido en un gran espacio expositivo y el solar que hoy desluce su perímetro como base de dos edificios de nueva construcción, entre ellos el que acogerá el nuevo Museo Nicanor Piñole. Las labores visibles de esos primeros días serán movimiento de tierra en la parcela anexa al complejo y pronto habrá una reunión técnica con la UTE de la obra (Terra Ingenieros y Proforma) para consensuar el orden de actuaciones en el edificio histórico.
La Regidora visitó el recinto junto a los ediles Montserrat López Moro y Gilberto Villoria, que son responsables, respectivamente, de Cultura e Infraestructuras. Villoria desarrolló esa idea de decisión correcta. «Recién llegados (al gobierno) en 2023, desde la dirección general de Infraestructuras se modificó el plan de usos para poder transformar este edificio en un centro de arte. Después tuvimos que modificar el proyecto para adaptarlo a ese plan de usos, licitar la obra, adjudicarla, licitar la dirección de obra… Hoy se cumple un hito importante que nos va a hacer realidad ese sueño«, explicó.
El sueño que motivó ese cambio de plan de usos desarrollado en el mandato anterior, en esencia, buscó liberar las dos plantas en altura del edificio histórico de Tabacalera con el objetivo de captar muestras temporales de gran calado y rescatar el hasta entonces olvidado proyecto de trasladar el Museo Nicanor Piñole a Cimavilla. Este último inmueble de nueva construcción se estima que será el primer hito constructivo y que pueda terminarse, si todo va bien, el año que viene.
En la vieja fábrica de tabacos, además, hace ahora ya una década, se comenzó a trabajar también en las primeras obras de consolidación de un complejo que en aquellos años mostraba un deterioro evidente. Razonó Moriyón: «Se logró comenzar esa obra en 2016 y se terminó entre 2019 y 2020. Hoy retomamos ese proyecto. Quisimos empezar aquellas obras como fuera, y eso que eran los peores años de crisis, pero apostamos por este edificio porque no queríamos que se viniese abajo. Ahora podemos ofrecer a Gijón un sitio que va a suponer un antes y un después en la ciudad». «Este no es un proyecto faraónico; es un edificio que es patrimonio de todos los gijoneses y que no podía venirse abajo», añadió. Insistió en que antes de impulsar las obras de consolidación, la vieja fábrica «estuvo a punto» de sufrir derrumbes.
López Moro, por su lado, aseguró que el futuro centro de arte «será un revulsivo» para el barrio de Cimavilla, y también un espacio clave «para Asturias y el norte» de España. A nivel local, señaló que el complejo «vendrá a paliar los límites» que la ciudad sufre en cuanto a falta de espacios expositivos, y que ya motivó alianzas como la que sigue en marcha con la Fundación Cajastur para poder organizar muestras municipales en el Revillagigedo. «Tabacalera será un centro de arte del siglo XXI», defendió la edil de Cultura.
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