Una flotilla compuesta por 55 embarcaciones se dirigía a Gaza con ayuda humanitaria cuando fue interceptada por Israel en la noche del 29 al 30 … de abril cuando se acercaba a las aguas territoriales de Creta. Los barcos habían partido, bien de Sicilia, bien de Barcelona veinte días antes. «A las diez y media de la noche la marina israelí empezó a atacar las embarcaciones. Subieron a bordo de 22 de los 55 barcos. Los inutilizaron dañando motores y medios de comunicación y secuestraron a todas las personas a bordo, que eran un total de 176 y fueron cargadas en un barco, en una especie de ferry, pero que era una nave militar, una prisión flotante», recuerda Ruggero Zeni, un italiano del Trentino que vive en Málaga desde hace años, y que forma parte de la flotilla que esta mañana, al alba, ha reemprendido su camino rumbo a Gaza desde las costas griegas.

Esas 176 personas estuvieron en ese barco israelí un par de días, hasta que fueron entregadas a la Guardia Costera Griega, que los condujo en cuatro autobuses hacia el aeropuerto, continúa el testimonio de Zeni, salvo a dos, a Saif Abu Keshek, de origen palestino y nacionalidad española, y Thiago Ávila, brasileño, que fueron conducidos a territorio israelí y ahí permanecen detenidos todavía y en huelga de hambre (Saif, también de sed). Esta misma semana, miembros del movimiento malagueño en solidaridad con Palestina organizaron una concentración para reclamar su liberación porque consideran que se trata de una detención ilegal y temen sobre todo por Saif, dado que si se le acusa de terrorismo, en virtud de la nueva ley israelí puede ser condenado a muerte.

Según testimonio de Ruggero Zeni, a esas 174 personas a las que hicieron subir en los autobuses, las autoridades griegas les comunicaron que si bien no estaban detenidas, no las dejaban bajar de los autobuses. Ello, hasta que una de las abogadas del colectivo logró subirse en uno de los vehículos y grabar un vídeo en el que, continúa Zeni, se veía que se las estaban llevando para deportarlos contra su voluntad. En este punto, les dejaron decidir si querían seguir en la isla para subirse a los barcos que habían conseguido entrar en aguas territoriales de Grecia y que se salvaron de la irrupción israelí y que ya están navegando de nuevo. En la mañana de este viernes a las 6.30, hora local, 5.30, hora española, han partido 34 barcos de Yerápetra, en la isla de Creta. Algunas de esas 174 personas que iban en los barcos detenidos por Israel decidieron dejar la expedición y volverse a casa porque, cuenta Zeni, estaban «en shock». Pero otras se quedaron y se han sumado a la tripulación de los barcos que se salvaron y que han iniciado su travesía rumbo a Marmaris, que es el primer puerto de la costa turca, donde prevén llegar en un par de días.

¿Aguas internacionales o por las territoriales de Turquía?

«Cuando lleguemos a Marmaris, decidiremos si vamos con rumbo directo a Gaza por aguas internacionales, con el peligro inmediato de ser asaltados otra vez, o si seguimos por la costa de Turquía, quedando al amparo de las aguas territoriales», explica Zeni a este periódico desde Creta y antes de partir.

El italiano vecino de Málaga denuncia, además de las condiciones de detención de sus compañeros y la retención de Thiago y Saif, también que la interceptación se haya ejecutado «en contra de una misión humanitaria, que por cierto no se ha interrumpido y que pretende llevar alimentos, medicinas y ayudas a la población de Gaza, sitiada por un ejército de ocupación que utiliza el hambre como arma de guerra».

Ruggero Zeni es italiano del Trentino. Durante un cuarto de siglo trabajó con un velero organizando viajes de aventura desde Canarias hacia África, así que sabe navegar. Y ahora utiliza sus conocimientos sobre el mar en solidaridad con Palestina y el pueblo de Gaza. Ya el año pasado formó parte de una flotilla que fue apresada por el ejército de Israel, avatares que explicó a Diario SUR en una entrevista en la que comentaba que si se unió a la expedición humanitaria fue porque llevaba dos años en los que cada dos por tres no podía dormir por la noche pensando en las noticias que le llegaban de Gaza: «Entré en los grupos de apoyo que hay en Málaga, que lo que hacen son manifestaciones que… sinceramente… yo he estado contando cuánta gente va y son siempre los mismos. Para mí es desesperante. Así que cuando vi que había la posibilidad de ofrecerse para llevar ayuda a Gaza, no me lo pensé». No satisfecho con haber participado en esa travesía que dio con sus huesos en una cárcel israelí después de que miembros de las fuerzas hebreas se hicieran con los mandos de su barco para llevarles a él y a sus compañeros al puerto de Asdod, al sur de Tel Aviv, se ha sumado a esta nueva expedición humanitaria.