León XIV cumple este viernes su primer año como Papa y lo pasará fuera de Roma, con una visita pastoral a Nápoles y al santuario de Pompeya. No habrá homenajes, aunque no faltan motivos para celebrar: de puertas adentro su prioridad ha sido rebajar tensiones, … y en solo doce meses ha llevado la Iglesia a una situación interna más pacificada. De puertas afuera, los insultos de Trump lo han transformado en la voz que apela a la responsabilidad en un mundo en guerra. En unos días, en su primera encíclica, invitará a los católicos a ampliar sus horizontes con un texto en el que reclamará proteger la dignidad humana frente a la dictadura de los algoritmos y de la inteligencia artificial. Además, está preparando dos cumbres mundiales para abordar sus otras dos grandes prioridades.

Para valorar la marcha del Pontificado, el punto de partida es qué buscaban los cardenales cuando entraron en la Capilla Sixtina el 7 de mayo de 2025. Su intención era buscar un Pontífice que contrarrestara la polarización tanto dentro de la Iglesia como en la sociedad. Bastaron cuatro votaciones para que eligieran por mayoría de dos tercios al cardenal Robert Francis Prevost. Había nacido en Chicago 69 años antes, vivido décadas como misionero en Perú y gobernado durante doce años una de las grandes órdenes religiosas, los agustinos, cuya espiritualidad consiste en cultivar «la voluntad de escuchar a los demás y abrirse a ellos».

El vaticanista italiano Gianni Cardinale considera que lo eligieron «porque garantizaba la continuidad con Francisco, pero dentro de un marco más institucional y respetuoso con las distintas sensibilidades eclesiales, como buen canonista y matemático». Dice que los cardenales apreciaron también que habla seis idiomas y tiene experiencia a muchos niveles: «Como misionero, como hombre de gobierno, como obispo en una diócesis y como cardenal de Curia». En su opinión, influyó también «cierto clima ‘anti-italiano’ que contribuyó a impedir el retorno a una tradición de siglos». Además, al haber vivido tantos años en Perú, «desde el punto de vista geopolítico, ofrecía amplias garantías a los cardenales procedentes de las periferias del mundo».

El escritor Massimo Franco, que acaba de publicar en italiano el libro «Papas, dólares y guerras» sobre las relaciones entre la Santa Sede y Washington, considera que León XIV «contradice el estereotipo americano», pero es profundamente americano, pues expresa grandes valores de la sociedad de EE.UU. como la solidaridad o la inclusión».

«Tenía las cualidades para ser un líder capaz de unir», dice Anna Kurian, directora de la agencia i.Media, especializada en información sobre el Vaticano. Está convencida de que los cardenales apreciaron su personalidad «equilibrada, serena, capaz de escuchar, abierta, sabia, discreta, pero también decidida». También considera que, como era un hombre de confianza del Papa Francisco, «hacía pensar que podría garantizar cierta continuidad».

«Le esperan varios asuntos complejos, como el proceso al cardenal Angelo Becciu o el diálogo con la Iglesia alemana», dice la vaticanista Anna Kurian

A un año de la elección, Gianni Cardinale considera que el reto de León XIV sigue siendo «superar las polarizaciones». «Ha avanzado hasta ahora como un buen «equilibrista», pero tarde o temprano tendrá que desatar nudos en ámbitos delicados como la liturgia, la sinodalidad —alemana y no alemana— o cuestiones relacionadas con el género y la homosexualidad». «Le esperan varios asuntos complejos y explosivos, como la amenaza de cisma por parte de los lefebvrianos, el proceso a Becciu, el diálogo con la Iglesia alemana, el seguimiento del Sínodo sobre la sinodalidad, o las peticiones de grupos vinculados al rito tridentino», detalla Anna Kurian.

Lo cierto es que no le van a faltar cuestiones espinosas encima de la mesa. En mayo firmará su primera encíclica, un texto de doctrina social sobre la custodia de lo verdaderamente humano ante la dictadura de los algoritmos y la Inteligencia Artificial. Lo hará probablemente el día 15, coincidiendo con el 135 aniversario de la «Rerum novarum» de León XIII. Muy pronto realizará el delicado viaje a España, primer gran país europeo que visita. Ante la crisis mundial, sus encuentros y discursos serán mirados con lupa en las cancillerías internacionales y en la Casa Blanca.

Dos cumbres mundiales

Ha convocado en Roma a finales de junio a todos los cardenales para retomar la propuesta del Papa Francisco en su carta «Evangelii Gaudium» de 2013 de que la Iglesia se muestre cercana a las personas. Y en octubre se reunirá con presidentes de todas las conferencias episcopales del mundo para abordar la crisis de las familias -desde el miedo de los jóvenes a casarse, hasta cómo afrontar los problemas de pareja o la educación de los hijos. Pronto deberá definir la estrategia de comunicación de la Santa Sede. Y a más largo plazo, deberá plantearse cuestiones abiertas como el papel de la mujer y de los laicos en el gobierno de la Iglesia; la transparencia en las decisiones de la Santa Sede, el estatus de los Papas eméritos o el proceso de selección de nuevos obispos.

Ante este panorama no parece arrugarse, lo que, según Kurian, es una manifestación de «humildad». «Tengo la impresión de que ha integrado en su trayectoria todas las dimensiones humanas, incluidas la prueba y el fracaso. Prevost sabe que no existen soluciones milagrosas y que todo requiere paciencia, tiempo, compromiso, una distancia adecuada y mucha confianza», dice la vaticanista.

«No soy un líder político, propongo el Evangelio», repite por su parte el Papa a quienes lo presentan como el contrapeso mundial a Donald Trump. De hecho, quizá el gran logro de su primer año es haber mostrado al mundo otro modelo de liderazgo: el de quien escucha mucho antes de decidir, y considera que los grandes problemas no se resuelven con soluciones apresuradas. Por eso el 8 de mayo de 2025 los cardenales lo pusieron al frente de la Iglesia.