Os cambio a los casi 2.000 ultras por los abonados de siempre. Así podría ser el titular del radical cambio de ambiente que se … ha vivido en el calentamiento de los dos equipos en la previa del cuarto partido de la serie entre el Panathinaikos y el Valencia Basket. El despliegue policial con el que el equipo taronja ha llegado al OAKA ha sido calcado al del pasado miércoles… pero el resto no. A la salida de los jugadores a calentar se han escuchado pitos pero los normales en cualquier partido en el recito olímpico de Atenas. Nada que ver con la encerrona del tercer partido, donde los sectores justo detrás del banquillo estaban ocupados por ultras no abonados de esa zona (a saber dónde mandaron a los reales) que fueron los que calentaron el ambiente antes y durante el partido.

La queja formal a la Euroliga, no por el informe de los árbitros y del delegado del partido que no reflejó nada, y las denuncias públicas de los propios aficionados afectados, en especial en este periódico, no cayó en saco roto en las oficinas de la competición y ese ‘toque’ oficial en privado terminó con un último episodio clave que fue el acuerdo entre los miembros de seguridad de ambos clubes para poner cada uno todo de su parte y rebajar el clima de tensión al límite que se vivió en el tercer partido. Fueron los propios aficionados los que denunciaron el lanzamiento contra ellos de cerveza, escupitajos, cigarros encendidos o la intimidación por parte de la seguridad del Panathiniakos de no grabar vídeos o hacer fotos con el móvil, En la previa del cuarto partido, como es norma, los aficionados del Valencia Basket presentes a pie de pista pudieron hacerse todas las fotos de recuerdo que quisieron. Vamos, lo que ocurre en cualquier partido y en cualquier pabellón.