Ha tenido que pasar algo más de medio año hasta que finalmente han trascendido las imágenes que grabaron las cámaras del Louvre del robo de arte más famoso del siglo. Tomó 3 minutos y 19 segundos a dos ladrones sustraer ocho piezas de … valor incalculable. Fue un crimen casi perfecto, calculado y perpetrado ante la horrorizada presencia de varios trabajadores que no pudieron impedir el desenlace.
El programa de la televisión francesa ‘Complément d’enquête’ ha accedido y publicado en primicia un vídeo que recoge desde distintos ángulos la labor de dos ladrones desde su acceso por la ventana del Salón Apolo de la pinoteca, que alberga varias joyas de la corona francesa, hasta su salida por la misma.
Desde el momento en que se rompe la ventana, se observa cómo los trabajadores presentes se resguardan en una habitación contigua, mientras un primer saqueador, vestido con un chaleco amarillo reflectante, se dirige sin vacilaciones hacia una de las vitrinas centrales de la sala. Esta y la contigua guardaban el tesoro que aún hoy está casi en su totalidad en paradero desconocido: la corona de la emperatriz Eugenia de Montijo –más tarde recuperada por descuido de uno de los ladrones–, una diadema de la reina María Amelia, un collar de zafiros de la reina Hortensia, unos pendientes de zafiros de las reinas María Amelia y Hortensia, collares de esmeraldas de la reina María Luisa, una colección de diademas y un nudo enjoyado de corsé de la emperatriz Eugenia.
🔴Images exclusives ▶️ #Complementdenquete retrace les 3 minutes 19 du cambriolage du Louvre qui a eu lieu le matin du 19 octobre dernier. Une agent de surveillance, qui travaillait ce jour-là témoigne pour la première fois face caméra. pic.twitter.com/DyCbLmZHLQ
— Complément d’enquête (@Cdenquete) May 7, 2026
Detrás de él aparece un segundo ladrón, vestido completamente de negro, con una distancia de solo veinte segundos respecto del primero. Mientras ambos forcejean, cada uno en una vitrina, uno de los trabajadores vuelve al Salón Apolo, cargando con ambas manos un pivote con peana redonda de aspecto metálico, como si fuera una maza. Sin embargo, no parece plantearse usar la violencia física y se limita a utilizar un teléfono pegado a la puerta con el que alerta a los servicios de seguridad del museo.
Mientras los ladrones hacen su trabajo, otros vigilantes se suman a la escena. Otro varón, visiblemente nervioso, le quita el arma improvisada a su camarada y se acerca unos pasos en actitud amenazante hacia los criminales, recibiendo grandes dosis de impasividad por su parte. Han pasado dos minuto desde la irrupción exterior y el trabajador asido al pivote prueba a recortar distancias desde otro frente, en ningún caso en un radio menor de unos 10 ó 15 metros. Pasa otro minuto, que debió de vivirse como una eternidad, y el caco de amarillo logra romper el cristal y mete el brazo hasta el hombro hacia el interior de la caja, sacando todo lo que encuentra. Su compañero, en la contigua, también logra su objetivo.
Momento de la fuga. El ladrón con aspecto de operario toma la delantera y de la bolsa con los enseres de las grandes reinas de Francia se cae el premio gordo, la corona de Eugenia de Montijo, en una tendencia que más tarde, en la fuga por la ciudad, permitiría su recuperación, no exenta de daños. El ladrón se agacha, la recoge, y la vuelve a meter en la bolsa.
Ambos saqueadores se esfuman por la ventana por la que han accedido a la sala y firman uno de los grandes robos de la historia del Arte en tan solo 3 minutos y 19 segundos.