Mientras hay vida hay esperanza. Del dicho al hecho hay un paso, con acento camerunés, en el Ciutat de Valencia. Etta Eyong, que no marcaba desde el pasado 26 de octubre, se convirtió en el héroe de la noche al firma el definitivo 3-2 que rubricaba una remontada ante Osasuna con aroma a Primera. La fe inquebrantable de los de Luis Castro levantó un partido imposible para calentar, todavía más, la lucha por la permanencia. 

El fútbol, entre otras muchas cosas, suele ser de dinámicas. Y la del Levante seguramente sea la mejor, ahora mismo, de todos los equipos implicados en la agónica lucha por la salvación. Los granotas suman 5 victorias y un empate en sus últimos seis partidos en casa. Una locura si hablamos de un equipo que, hace apenas unas semanas, parecía desahuciado junto al Oviedo. 

Ficha técnica del Levante – Osasuna

Hoy el Levante, cree, más que nunca, y con motivos. Porque hasta un delantero condenado al ostracismo como Etta Eyong es capaz de salir en los minutos finales y reencontrarse con el gol más de seis meses después. Es esa sensación de que todo vuelve a estar de cara. Cuestión de confianza, sí, pero también de trabajo y de fútbol. Porque el Levante, especialmente en casa, lo tiene. 

Con fe, empuje y todas esos cuentos viscerales no se levanta un 0-2 a los trece minutos de juego. Hace falta algo más. Porque despertarse del coma inducido en el que comenzó el partido el equipo de Luis Castro no es nada sencillo. Dos despistes, dos errores defensivo, y dos goles. Primero con una transición y un centro que iba camino de ser inofensivo de Moncayola que Toljan metió, inocente, en su portería. Después, con un centro raso en el que se durmió Manu Sánchez y apareció más vivo que nadie Budimir. Por algo al croata se le caen los goles. 

Sergio Herrera cambia el guión

Eso hubiera bastado, en otro momento de la temporada, para que el Levante bajase los brazos, recogiese los bártulos y se fuese a casa. Pero este equipo tiene constantes vitales. Se rearma, se recupera y es capaz de acabar sacando el partido. Esta vez con dos acciones aisladas obra y gracia de Víctor García, uno de los dos héroes inesperados de la noche. Remató un córner en el segundo palo a placer y, dos minutos más tarde, se inventó un centrochut que sorprendió a Sergio Herrera. 

Fue el meta de Osasuna quien dio el giro definitivo al encuentro. Salió sin control de su área, se comió un balón aparentemente sencillo y tuvo que sacar la mano a pasear. Roja y Osasuna con diez durante todo el segundo tiempo. 

Condenado el equipo de Lisci a un repliegue intensivo, Luis Castro tiró del revulsivo emocional. Gente de la casa, a escena. Primero Brugué y después Morales. El Comandante como jefe de operaciones. No me digan que no tiene romanticismo el asunto. 

Etta Eyong llega a tiempo

Y llegó el asedio granota. La resistencia, por cierto, la lideró un Aitor Fernández que no había jugado ni un solo minuto en esta Liga. Cosas del azar, lo hizo ante sus ex. Y ya se sabe de esa ley tan vieja como certera. El meta se lució hasta que no pudo más. Dela protagonizó la más clara con un latigazo al larguero y Morales mandó un mano a mano escorado a las nubes. 

Faltaba el elemento sorpresa final. Etta Eyong, al que en el Ciutat ya habían olvidado como goleador, remató en plancha a la red un centro desde la izquierda en el minuto 90. Y se desató la locura. A un punto del Sevilla, que marca la salvación. Como para no creer.