Paleta infinita de verdes bajo el chaparrón asturiano y Anna van der Breggen mira hacia atrás. Lo hace una sola vez camino a lo alto de Les Praeres, durísimo puerto asfaltado por el ayuntamiento de Nava y el gobierno del Principado en 2018 para estrenar la llegada en la Vuelta masculina. Cruza la meta exhausta la neerlandesa, casi sin aire, pero vencedora de la penúltima parada de la ronda femenina. Por detrás, tensa y empapada sobre la Colnago, Paula Blasi detiene el contador a solo ocho segundos. Rebajado el pulso, es momento de pensar en el último baile: el temido Angliru.

“Me quedo con un sabor agridulce, porque me ha faltado cadencia en la subida y me da rabia, porque me encontraba bastante bien”, confía Blasi sobre el mullido colchón natural en el que recupera aire. “Esto me da más motivación para la etapa de mañana. Hoy no esperaba estos rampones y he podido estar ahí, peleando hasta el final”, añade, segunda en meta muy por delante de dos vencedoras del Tour de Francia, Pauline Ferrand-Prévot y Kasia Niewiadoma: “Cuando he visto a Kasia quedarse, he pensado, vale, me va a tocar luchar por el podio de esta Vuelta a España”.

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Asegura la catalana, segunda también ahora en la general (a 18 segundos de Van der Breggen), que este sábado, fin de fiesta en el Angliru, no espera el tortuoso desnivel de Les Praeres. Convendría que alguien le descubriera la realidad a tiempo. Los 12 kilómetros al 10,3% de pendiente media del gran coloso asturiano, agravados más aún si cabe en la Cueña Les Cabres (tramo intermedio de 500 metros al 20%), decidirán una Vuelta femenina que ha sobrevivido sin apenas montaña hasta su desenlace en el Principado.

No parece, eso sí, que en el último puerto, el definitivo, vaya a caer el diluvio que sí sacude al pelotón camino a Les Praeres. Reducido a 30 corredoras antes de la ascensión, el grupo extrema precauciones ante el creciente riesgo de caídas justo antes de virar a la izquierda y comenzar el puerto que descubrió Unipublic en 2017, justo un año antes de reasfaltarlo, ensancharlo e incluirlo en el recorrido de la prueba masculina. Al estreno le dio fuste el británico Simon Yates, que se enfundó el maillot rojo y terminó como triunfador días después en Madrid. Cuatro años más tarde la gloria fue para Louis Mentjes, si bien la fórmula se repitió: quien salió de rojo de Les Praeres —en 2022, Remco Evenepoel— se alzó como vencedor de la Vuelta en la capital.

Es el cierre que en el Angliru espera repetir Van der Breggen, que a sus 36 años atraviesa una segunda juventud en el SD Worx, el equipo del que se retiró en 2021 con dos Mundiales en ruta, cuatro Giros de Italia y un oro olímpico en su palmarés. El pasado curso decidió rehacer el camino en sentido inverso y, como Michael Jordan, pronto quedó claro que, pese a su edad, tenía nivel para estar con las mejores: podio en la Vuelta, sexta en el Giro y undécima en el Tour, además de una plata mundial contra el crono en Ruanda.

También se colgó metal allí quien parece asomar hoy como su única rival en la Vuelta, Paula Blasi, clavada a ocho segundos de la neerlandesa durante toda la ascensión a Les Praeres. Por detrás, amainado ya el temporal, corona con el alma evaporada un amplio abanico de aspirantes: la francesa Marion Bunel, un año más joven que Blasi (a 41s); la italiana Monica Trinca Colonel (a 54s), la también gala Evita Muzic (a 59s) y, ya por encima del minuto, la campeonísima Niewiadoma (a 1m25s), siempre a rueda de la zarauztarra Usoa Ostolaza, séptima en la general.